viernes, 18 de noviembre de 2011

Siria: el tiempo se acaba

Jesús A. Núñez Villaverde, director del IECAH, firma este breve artículo titulado "El tiempo se acaba en Siria" sobre la situación en el país árabe realizado para Radio Netherland.

"Si nos dejamos guiar por las señales más visibles que emite Siria a día de hoy, cabría concluir que el tiempo político del régimen liderado por la familia El Asad desde 1970 está a punto de concluir. Así podría derivarse de la acumulación de noticias sobre el auge de las movilizaciones ciudadanas- a pesar de una represión que ya ha costado la vida al menos a 3.500 personas- y las sanciones internacionales- con la Unión Europea y otros actores estableciendo una prohibición total a la compra de petróleo sirio y limitaciones a los movimientos de significados representantes del régimen.

A esto se añade una crisis económica muy severa- con el turismo y la inversión totalmente paralizados- y la decisión de la Liga Árabe de suspender su pertenencia a la organización que representa a los 22 países árabes. Por si todo esto fuera poco, todavía hay que sumar el abandono de socios hasta hace poco sólidos, como Turquía- que apunta a la creación de un santuario en su territorio para acoger a los sirios que huyan de su país y para apoyar a los rebeldes que luchen contra el dictador- y Jordania- cuyo monarca pide ya abiertamente la retirada de Bachar el Asad.
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Tenacidad
Sin embargo, conviene frenar el impulso inicial, alimentado por los ejemplos de Túnez, Egipto o Libia en el contexto de la oleada de revueltas que están viviendo buena parte de los países árabes desde el pasado diciembre, para recordar que este mismo régimen ya ha superado desgraciadamente pruebas similares.

Basta recordar lo que ocurrió en febrero de 1982, cuando el entonces jefe del Estado, Hafez el Asad, hizo frente a lo que interpretó como una rebelión a su poder, impulsada por los Hermanos Musulmanes, con epicentro en la ciudad de Hama. La represión- que se materializó en bombardeos artilleros y aéreos indiscriminados- costó la vida a entre 10.000 y 30.000 sirios (sigue sin haber acuerdo sobre la cifra real de muertos). Y el régimen salió ileso de aquella masacre, sin que la comunidad internacional se atreviera a ir más allá de la condena formal por lo ocurrido.

Ventajas
Cuenta, por un lado, con que la fragmentación de la oposición- el Consejo Nacional Sirio no es más que uno de los actores a considerar, junto a otros como el Consejo General Revolucionario Sirio- debilita su esfuerzo por derribar a un poder que la mayoría de la población percibe desde hace tiempo como corrupto e ineficiente. Sabe también que todavía mantiene el apoyo (aunque no provenga del convencimiento sino del más puro interés) de la comunidad alaui (a la que pertenece el propio clan de los Asad), así como de la clase comercial y de cristianos, drusos y otras comunidades que temen la emergencia de un poder suní.

Precaria oposición armada
Cuenta, asimismo, con que la oposición armada es muy precaria- aunque el líder del Ejército Libre de Siria, Riad al Asaad, sostiene que dispone de unos 10.000 efectivos, no parece que realmente tenga más que unos centenares. Si bien eso le permite realizar alguna operación puntual de baja entidad, ni está en condiciones de emular a los rebeldes libios ni mucho menos de oponerse frontalmente a las fuerzas del régimen- especialmente a la Guardia Republicana o las de la IV División Acorazada, sin olvidar a las temidas shabiha. En ese mismo empeño recibe la asistencia de Teherán- sobradamente experimentado en la represión de su propia oposición-, de Líbano- que está empleando algunas unidades de su ejército en labores logísticas y de control de la frontera común- y de Hezbolá- que ha destacado medios propios en territorio sirio.

Parálisis internacional
Mientras tanto, la comunidad internacional sigue atrapada en su propia parálisis, limitándose a decretar algunas sanciones más o menos efectivas a largo plazo, pero inoperantes frente a lo que ahora mismo ocurre en las calles sirias. Aunque Rusia y China no estuvieran en contra de aprobar una resolución en el Consejo de Seguridad de la ONU que permitiera el lanzamiento de una operación internacional de paz, puede darse por seguro que ningún otro país está hoy en condiciones de lanzarse a la aventura. En definitiva, los sirios dependen de sí mismos- con el limitado apoyo de Turquía y, tal vez, de Jordania- para lograr que su país se incorpore a la lista de los que en el mundo árabe han decidido arrumbar a quienes han sido sus nefatos gobernantes desde hace décadas. Mucha suerte".

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