lunes, 1 de julio de 2013

Luces y sombras de Morsi

La periodista Nuria Tesón firma en esglobal este detallado artículo "Luces y sombras de un año de Morsi" en el que repasa el primer año de gestión de Mohamed Morsi en la presidencia de Egipto. Como el 25 de enero de 2011, millones de egipcios se han lanzado a las calles para reclamar la caída del régimen y reclamar un nuevo proceso constituyente. Los Hermanos Musulmanes recogen ahora la cosecha de una transición sin consensos y sin díalogo con la oposición. Mañana publicaré mi propia reflexión que saldrá en la prensa.
 
"Aunque pudiera parecer lo contrario en este último año, Egipto ha retrocedido más de lo que ha avanzado. De hecho, el país del Nilo parece más inmerso en un eterno retorno temporal obligado a repetir sus errores, que en una transición que avance en alguna dirección (sea la que fuere). Para muestra un vistazo a los acontecimientos de los últimos meses: Mubarak y sus hijos entran y salen de los juzgados mientras se suceden los aplazamientos y el público pierde el interés; tan bajas son las expectativas de que se haga justicia. El único órgano democrático elegido en las urnas aún en pie, el Consejo de la Shura, ha sido declarado inconstitucional. La Cámara alta egipcia podría ser disuelta tras las legislativas que, tras un año sin Parlamento no tienen fecha de celebración.
 
Lo mismo ocurre con la Carta Magna después de que la Asamblea Constituyente que la redactó fuera también declarada inconstitucional por el alto Tribunal. Ahora la calle pide nuevas elecciones presidenciales, pero sin un Parlamento desde junio de 2012, con una Cámara alta que deberá ser disuelta tan pronto como haya Cámara baja, con una Constitución en entredicho y la economía por los suelos se hace difícil imaginar que el país esté preparado para reiniciar el proceso, aunque quizá fuera lo deseable por una amplia mayoría en las calles (Morsi llegó a la presidencia con el 51% de los sufragios y ha perdido apoyos en los últimos meses).
 
La constitución: oír, ver y callar
La vigente Carta Magna ha costado, literalmente, sangre sudor y lágrimas.  Hecha por y para los islamistas, el resto de tendencias de toda índole abandonaron la Asamblea Constituyente donde aseguraban que no se les escuchaba ni se tenían en cuenta sus opiniones (la mayoría de miembros de los Hermanos Musulmanes así como de los salafistas era abrumadora). El texto llegó sembrado de polémica tras un decreto de Morsi, en el que se blindaba él y a sus decisiones a la justicia hasta que hubiera una Constitución,  y con el que forzaba a los ciudadanos a aceptar sí o sí la propuesta que saliera del consejo.
 
El punto de fricción más relevante es el que se refiere a la sharia. Para los no islamistas  la Ley deja abierta la puerta a interpretaciones extremistas. En el texto legal todo lo referente a la ley islámica es tan genérico como multiuso: la Constitución repite en su artículo 2 lo enunciado en la Carta de 1971 por el que se eleva la ley coránica a “fuente principal de toda legislación”, estribillo al que casi ningún egipcio, fervoroso o no, se opondría. Y para definir los principios de la misma entrega a la histórica universidad de Al Azhar autoridad absoluta para interpretarla.  El peligro radica en una institución dominada por Hermanos Musulmanes, algo que los propios religiosos han denunciado y por lo que se han manifestado.
 
Tanto o más significativos son, sin embargo, los artículos con los que se compra a los generales. El 197 pone fuera de todo escrutinio parlamentario el presupuesto militar, competencia exclusiva de un Consejo Nacional de Defensa inflado de altos mandos; y el 198 permite el juicio de civiles por el fuero militar, cuando “dañaran al Ejército”.  Perpetuando así los juicios militares a civiles, cuyo fin ha sido una demanda desde la revolución.  El artículo 48 establece que “la libertad de prensa está garantizada”, pero siempre “de acuerdo con los principios básicos del Estado y la sociedad”, una coletilla preocupante para muchos reporteros, sobre todo si su interpretación correspondiera a una judicatura dominada por los islamistas.
 
El Ejército: ¡armas al hombro!
Aunque Morsi se encargó de silenciar a los que se oponían a la hegemonía de la hermandad,  tan pronto como llego al poder hace un año. Los militares siguen siendo la pieza clave del complicado puzle egipcio. Siempre en la sombra, los generales se han asegurado en la Constitución las prebendas sobre su presupuesto y el poder de juzgar a los que amenacen su estatus. Además, tampoco han perdido la oportunidad de enseñar la patita cuando ha sido menester para presentarse como pacificadores y guardianes del país. Aunque lo cierto es que su imagen se ha visto muy deteriorada tras su año de regencia.  En los últimos días  el comandante jefe de las Fuerzas Armadas y ministro de Defensa, Abdel Fatah el Sisi (piadoso general favorable a la Hermandad), manifestó que el Ejército ha evitado “intervenir en la batalla política en la última etapa”, pero que no se quedarán callados “si el país se desliza hacia un conflicto difícil de controlar”.  Aunque El Sisi  argumentó que las Fuerzas Armadas han trabajado con “neutralidad total” y se ha alejado de la política desde que Morsi asumiera el poder, lo cierto es que no han dejado de blandir sus sables para recordar a los islamistas quién les allanó el camino al palacio de Heliópolis. Aunque los rostros, los nombres y las alianzas han cambiado, el Ejército sigue siendo el tercer pilar en el que se apoya el Estado egipcio junto con la presidencia y la religión, tan próximas estas últimas ahora.
 
La libertad de expresión. ¿Quién dijo miedo?
Seis meses bajo la presidencia de Mohamed Morsi fueron suficientes para darse cuenta de que su relación con el cuarto poder no iba a ser un idilio. Los tribunales egipcios abrieron en ese medio año más causas judiciales por “insultar” al rais que durante los 30 años de gobierno de Hosni Mubarak. Un informe publicado por la Red Árabe de Información sobre Derechos Humanos (ANHRI, por sus siglas en inglés), aún va más allá: en la era Morsi, estos procesos superan los iniciados en los últimos 120 años.
 
Encarcelación de informadores y opositores, acoso a medios de comunicación y un largo etcétera de torturas y detenciones a cualquier voz contraria han desatado duras críticas entre periodistas y organizaciones de la sociedad civil egipcia ante una caza de brujas contra aquellos medios hostiles a los Hermanos Musulmanes.
 
Morsi creyó que podía engañar a alguien derogando una ley que permite encarcelación preventiva de periodistas por insultos al presidente. Sin embargo, ejemplos recientes de esa práctica de acoso continuada demuestran que esos derechos siguen siendo vulnerados [...]".

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