lunes, 11 de enero de 2016

La triple dimensión del conflicto sirio


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El nuevo número de la revista Economía Exterior incluye mi artículo "La triple dimensión del conflicto sirio", que se puede leer en abierto en su página web. Aquí os incluyo alguno de sus párrafos para ir abriendo apetito:

"Cinco años después de su inicio, la guerra en Siria está fuera de control. La multiplicidad de actores implicados en su desarrollo y la diversidad de intereses que defienden han agravado la situación sobre el terreno hasta límites inimaginables. La aproximación a este conflicto, de carácter poliédrico y con múltiples aristas, es compleja, ya que requiere abordar sus tres dimensiones: la doméstica, la regional y la internacional, que interactúan entre sí distorsionándolo y contaminándolo.

Lo que empezó siendo una revuelta antiautoritaria en el marco de la denominada primavera árabe se transformó pronto en una confrontación civil entre un régimen que apostó todas sus cartas a la denominada solución militar y los diversos grupos rebeldes, incapaces de formar un frente común para luchar contra un rival más poderoso en una guerra asimétrica. La indiferencia occidental ante el descenso a los infiernos de Siria abrió el camino a las potencias regionales –Irán, Arabia Saudí, Turquía y Catar– que entraron en escena apoyando los diversos bandos de la contienda. Tras la irrupción del autodenominado Estado Islámico (Daesh, en sus siglas en árabe) se pasó de la fase de regionalización a la de internacionalización con la intervención de Estados Unidos y Rusia. El primero al frente de una coalición internacional que, a partir del verano de 2014, intentó frenar el avance de los yihadistas en Irak y Siria. El segundo que, en otoño de 2015, acudió en defensa de un régimen sirio al borde del colapso (...).


El canal negociador de Viena

Si algo ha dejado claro el primer lustro de guerra es que ninguna de las partes dispone de la capacidad suficiente para imponerse a sus rivales. Los bombardeos aéreos contra el Daesh le han debilitado, pero todavía sigue controlando amplias zonas y disponiendo de importantes recursos. La progresiva balcanización de Siria, dividida entre el régimen, los rebeldes, los yihadistas y los kurdos, exige una activa implicación de la comunidad internacional para forzar a las partes a la negociación y salvaguardar su integridad territorial.

Desde 2011, las iniciativas de la comunidad internacional para poner fin al conflicto han brillado por su ausencia. Acuciados por el avance del Daesh y la crisis de los refugiados, un grupo de países (EE UU, Rusia, Arabia Saudí, Irán y Turquía, así como los representantes de las Naciones Unidas, Staffan de Mistura, y de la Unión Europea, Federica Mogherini) decidieron abrir un canal de negociación en Viena a finales de octubre de 2015. La hoja de ruta que plantean consiste en la aplicación del plan de transición aprobado en Ginebra en 2012 y basado en la formación de un gobierno de unidad nacional con figuras de la oposición y del régimen en el que el primer ministro disponga de plenos poderes ejecutivos. Dicho plan también contempla la redacción de una nueva Constitución y la convocatoria de elecciones legislativas y presidenciales en un plazo de 18 meses.

Esta hoja de ruta llega con tres años de retraso y es de difícil aplicación dada la fragmentación del territorio y la hostilidad irano-saudí. Además, el Daesh y el Frente al-Nusra, excluidos del proceso, controlan cerca de la mitad del territorio y tratarán de boicotearla. Otro escollo insalvable es el futuro de El Asad. Tanto en Ginebra como en Viena los negociadores optaron por la “ambigüedad constructiva”, ya que no especificaron si su salida era una condición para su puesta en práctica. Rusia e Irán consideran que es el pueblo sirio quien debe pronunciarse al respecto, mientras que EE UU y Francia se oponen a su continuidad. En lo que coinciden unos y otros es en su temor a que con El Asad caiga también el régimen y que el vacío de poder acelere la desintegración estatal, tal como ocurrió en Irak tras la caída de Sadam Husein".


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