miércoles, 22 de febrero de 2012

Escenarios para Siria

El Observatorio de Política Exterior Española (OPEX) de la Fundación Alternativas acaba de publicar mi memorando "La encrucijada siria: militarización o internacionalización".

a) El primer escenario, el más factible a día de hoy, es el de enquistamiento de la situación con la intensificación de la represión y la creciente militarización de la revuelta. Aunque la oposición ha establecido plataformas de acción común que agrupan a la mayor parte de las sensibilidades políticas, todavía está dividida y resulta inoperante en el interior del país. Esta circunstancia podría ser aprovechada por el ELS para asumir un mayor protagonismo y militarizar la revuelta. Los países occidentales son reacios a armarle por temor a un estallido de la violencia que desestabilice la región. Debe tenerse en cuenta que el Ejército rebelde no dispone de los medios necesarios para hacer frente al Ejército regular, ni tampoco de una estructura de mando clara. Existe el riesgo de que grupos radicales impongan su propia agenda, que no tiene por qué coincidir con la del CNS ni con la de los CCL, quienes se oponen a la militarización de la revuelta.

El frente antisirio de la Liga Árabe, dirigido por Arabia Saudí y Catar, es el principal partidario de armar a los rebeldes. De hecho, la Liga adoptó recientemente una resolución que "autoriza todo tipo de apoyo político y material para proteger a los civiles", subterfugio que podría aportar ayuda al ELS. La porosidad de las fronteras sirio-turcas (más de 800 kilómetros escasamente vigilados) o sirio-iraquíes (otros 600 kilómetros en zona desértica) facilitarían esta opción. Una evolución de estas características no sería deseable, ya que podría crear un escenario a la libia y provocar el estallido de una guerra civil. En este contexto no debería descartarse por completo la llegada de elementos yihadistas desde otras partes del mundo árabe, tal y como ocurrió en Irak tras la invasión norteamericana.

b) Un segundo escenario, más posible en el medio que en el corto plazo, sería una intervención internacional similar a la que se registró en Libia. Si bien es cierto que, por el momento, el Consejo de Seguridad no ha alcanzado un consenso al respecto ni tampoco la oposición agrupada en el CNS se muestra excesivamente entusiasta ante dicha opción, también es verdad que la intensificación de la represión por parte de las autoridades sirias podría modificar esta posición.

En los próximos meses, el Consejo de Seguridad podría debatir una resolución que autorizase el empleo de la fuerza para garantizar la protección de la población civil, lo que sería coherente con el capítulo VII de su Carta y con la Doctrina de la Responsabilidad de Proteger. La posición de Rusia y China podría modificarse en el caso de que reciban garantías de que sus intereses geoestratégicos en la región serán salvaguardados. La fórmula más adecuada sería el establecimiento de zonas de exclusión aérea que permitieran crear áreas seguras. Sería deseable que fueran las potencias regionales, y no la OTAN, las que asumiesen el mando de dicha operación. De hecho, la oposición siria, y en particular los Hermanos Musulmanes, ven con buenos ojos una eventual implicación turca.

c) Un tercer escenario, menos plausible que el anterior pero no del todo descartable, es el de la transición pacífica. Aunque a estas alturas deba descartarse una reforma desde dentro, sí que podría darse una intentona golpista por parte de elementos suníes del Ejército. En este sentido debe recordarse que el régimen sigue alimentando la ficción de que todavía es posible una apertura política y, de hecho, ha convocado un referéndum en el que la población deberá pronunciarse en torno a la enmienda del texto constitucional, que contempla el establecimiento de un sistema pluripartidista y el fin del monopolio político del Baaz. No obstante, las fuerzas de la oposición han rechazado los llamamientos al diálogo al entender que se trata de una estrategia de las autoridades para ganar tiempo y desactivar la movilización popular. De lo que no cabe duda es que al-Asad está descartado para pilotar el proceso de transición hacia la democracia.

En el curso de los últimos meses se han intensificado los rumores en torno a las divisiones internas dentro del régimen. Si bien es cierto que la familia al-Asad sigue manteniendo el mando, también lo es que algunos actores secundarios dentro de las Fuerzas Armadas podrían abandonar el barco antes de que se hunda de manera definitiva. Al hacerlo ganarían posiciones en el escenario post-Asad en el caso de que se emprenda una desbaazificación. Resulta sintomático que Bashar al-Asad haya delegado el peso de la represión en personas de su círculo familiar como su hermano Maher al-Asad (al frente de la Guardia Republicana y la IVª División Blindada) o sus primos Hafez Majluf (jefe de la Inteligencia Militar en Damasco) y Rami Majluf (principal fortuna del país, que financia a las fuerzas paramilitares encargadas de reprimir las manifestaciones).

d) Un cuarto escenario, sin duda el más catastrofista, sería el estallido de una guerra civil. En realidad, las posibilidades serían dos. En primer lugar, un enfrentamiento de baja intensidad y de corta duración entre el Ejército regular y el ELS en zonas concretas del país, al estilo de lo ocurrido en Libia. La implicación de las potencias regionales e internacionales sería vital para permitir que el ELS pudiera hacer frente a las fuerzas leales al régimen, abastecidas por Rusia. En segundo lugar, una guerra sectaria de todos contra todos en la que las diferentes comunidades confesionales (suníes, cristianos, alawíes, drusos, ismailíes, etc.) y étnicas (árabes, kurdos, circasianos, armenios, etc.) del país luchen las unas contra las otras, tal y como ocurrió durante las guerras civiles libanesa e iraquí. Este escenario es, hoy por hoy, el menos factible de los cuatro contemplados".

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