sábado, 8 de diciembre de 2012

Convulsión en Egipto

Seguimos con la crisis egipcia. Hoy recuperamos el artículo del director del IECAH, Jesús Núñez, en su blog Extramundi: "Convulsión polarizada en Egipto".

"El proceso de cambio político iniciado con la caída del dictador Hosni Mubarak está todavía lejos de alumbrar un sistema democrático. Con el partido Justicia y Libertad, promovido por los Hermanos Musulmanes (HH MM), convertido en la principal fuerza política- con el añadido incómodo de los salafistas de Al Nur-, todavía quedan por superar pruebas muy delicadas, que determinarán si finalmente Egipto se convierte en la primera democracia de la historia en el mundo árabe o si opta por el lampedusiano modelo de retocar apenas la fachada del actual sistema para seguir siendo un régimen autoritario.

El país vive un acelerado proceso de polarización política a tres bandas, en el que el islamismo político, con el presidente Mohamed Morsi a la cabeza, ha cobrado cierta ventaja, tratando de aprovechar su tirón popular para dibujar un nuevo régimen acorde con sus planteamientos ideológicos. Por su parte, los elementos más afines al régimen anterior no han desaparecido de la escena, reteniendo una moderada cuota de poder en las dos cámaras parlamentarias y ostentando un notable poder en la judicatura (alrededor del poderoso Club de Jueces). En este mismo campo hay que añadir a buena parte de los mandos militares, que siguen siendo actores importantes no solo en la escena política sino también en la económica, preocupados fundamentalmente por mantener tanto sus privilegios históricos como el statu quo que ha hecho de Egipto un vecino contemplativo de Israel y un gestor inofensivo del estratégico Canal de Suez. Por último, la diversidad de grupos y líderes revolucionarios que se distinguieron por su activismo contra Mubarak y a favor de la democracia son, con diferencia, los que menor fuerza tienen actualmente como resultado directo de su menor experiencia en el juego político y de su escasa capacidad para traducir en votos el favor popular que propició la caída del anterior rais.

En el alumbramiento de un posible nuevo Egipto cada uno de estos tres actores mueve sus fichas pensando en el mejor modo de lograr sus objetivos. Los llamados revolucionarios apenas tienen el recurso a la movilización popular, con Tahrir como símbolo central de su capacidad para influir en el rumbo político del país. Aunque han logrado que decenas de miles de egipcios vuelvan a la emblemática plaza, no parece que los actuales detentadores del poder vayan a cambiar su rumbo bajo esta soportable presión.

Otra cosa bien distinta es el reto que los jueces pueden plantear tras los cuatro decretos emitidos por Morsi el pasado día 22. En primer lugar, todavía recuerdan que ya fueron capaces de doblegar al presidente cuando éste intentó activar el parlamento, desatendiendo la decisión del Tribunal Constitucional de declarar parcialmente disuelta la cámara. También recuerdan como fueron capaces de impedir el cese del fiscal general del Estado, Abdel Maguib Mahmud, nombrado en su día por Mubarak, cuando Morsi quiso dar un golpe de mano para subordinar a la judicatura a su poder. Ahora, con su pretensión de ponerse por encima de todo control judicial y su nuevo intento de cesar a Mahmud, Morsi pretende aprovechar el momentáneo prestigio logrado por su mediación en la crisis de Gaza para despejar el horizonte político para los HH MM y para sus planes de reconversión de Egipto en un país regido por la ley islámica.

En el calendario político inmediato queda por ver si finalmente se celebra el referéndum inicialmente convocado para el próximo día 15, que debe ratificar la nueva Constitución sancionada por Morsi el pasado día 1- que definirá los poderes reales del presidente y el lugar que la sharia ocupará en el entramado legal del nuevo régimen. Posteriormente será necesario celebrar nuevas elecciones legislativas y presidenciales, todo ello durante el próximo año. Para que este proceso pueda desarrollarse sin añadir más obstáculos de los que ya existen hoy, Morsi ha tratado de evitar que el Tribunal Constitucional se atreva, como ya se daba prácticamente por seguro, a invalidar la totalidad de los resultados de las dos cámaras parlamentarias, lo que obligaría a volver a la casilla de salida de un juego en el que los HH MM carecen de suficientes apoyos para imponer su agenda".

1 comentario:

  1. Otro artículo interesante que merece reflexión:
    Egipto: pecado y penitencia
    GEES
    Pocas veces se puede observar más nítidamente un proceso revolucionario de destrucción de cualquier posible democracia que en el Egipto de las últimas semanas.
    Los islamistas egipcios, que engordaron durante semanas las protestas en la Plaza de Tahrir tras la oración del viernes, ocupan ahora la poltrona de Mubarak y atacan a los opositores en la calle con igual o más furia que aquél. Al poco de hacerse con las riendas, el llamado "islamismo moderado" ha iniciado un proceso de acumulación de poder que sólo con mucha ingenuidad puede verse como algo compatible con un régimen democrático.
    El viejo dicho "Un hombre, un voto, una sola vez" parece materializarse en la conducta de Morsi y sus Hermanos Musulmanes en las últimas semanas. Su llegada democrática al poder ha dado paso, en tiempo récord, a unas maniobras de concentración del poder que en los últimos tiempos la comunidad internacional no había permitido, ni a Mubarak ni al Ejército. Ahora sí lo hace. Y eso que las consecuencias serán de una trascendencia mucho mayor.
    Si Egipto se convirtiera en un régimen islamista sería un cataclismo estratégico para la región, para el mundo musulmán y para el mundo entero. Pues está pasando, a la vista de todos. Y sin embargo los desvelos de los Gobiernos europeos respecto al mundo árabe tienen que ver con los asentamientos en Jerusalén Este. Se dirá que son cosas que no tienen mucho que ver, pero lo cierto es que mientras las críticas a Israel son fáciles y obligan a poco, afrontar el problema egipcio exige claridad de ideas y un curso de acción decidido. Justo aquello que falta en la actitud occidental ante la primavera árabe.
    Al mismo tiempo, tras dar a Morsi el papel central en la gestión de la crisis de Gaza, ni Obama ni Hillary Clinton se han interesado en unas maniobras que sí recibieron su atención cuando no eran los islamistas los que las ejecutaban. Celebrar el papel de Morsi en la "solución" a la crisis de Gaza y obviar el peligro futuro de sus maniobras es algo que pasará factura a los Estados Unidos.
    Aquí ya advertimos que la primavera egipcia no era ni el fin del despotismo en la región ni el comienzo de la democracia. Ni el final de proceso alguno: era el comienzo de una nueva lucha por el poder en el país de los faraones, en la que podían vencer grupos más dañinos y peligrosos que los que habían ostentado el poder durante décadas.
    El partido lleva jugándose desde entonces. Pero Europa y Estados Unidos han renunciado a jugarlo. Primero renunciaron a identificar a los suyos en el turbulento proceso, dejando a los pocos moderados del país sin reconocimiento ni ayuda externa. Después renunciaron a frenar los instintos liberticidas de los Hermanos Musulmanes y se engañaron a sí mismos afirmando que serían moderados, sólo porque su sutileza es mayor que la de los yihadistas o los talibanes. Ahora, Morsi y los suyos, con pocas ataduras y con el Ejército inerte, pasan a la ofensiva contra los primeros.
    Así las cosas, Egipto está en trance de dejar de ser un régimen despótico pero aliado para convertirse en un régimen aun más despótico y quizás enemigo. Lo hace abiertamente, y con el beneplácito de europeos y americanos. En este pecado llevará la penitencia.

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