miércoles, 12 de diciembre de 2012

Seis claves sobre Egipto

La presión popular parece no hacer mella en el presidente Mohamed Morsi, que sigue empeñado en celebrar el referéndum constitucional contra viento y marea el próximo sábado. El blog Obamaworld, de Jordi Pérez Colomé, "Seis claves para entender qué ocurre en Egipto" analiza, con su habitual brillantez y concisión, el porqué del fracaso de los Hermanos Musulmanes en este primer año de gestión.

"Hoy se cumplen 22 meses justos de la dimisión del presidente Hosni Mubarak. El sábado se votará el borrador de la Constitución en un referéndum. Tras un nuevo presidente y muchos cambios, Egipto sigue sin ver la salida a su transición. Estos es lo que hay que saber.

1. El consenso es el gran problema. Un proceso constituyente debe tener en cuenta a los grupos principales del país. Esa era la intención principal, pero en Egipto nadie ha tenido la suficiente visión como para llevarlo a cabo. Egipto tiene poca tradición así. Morsi y los Hermanos Musulmanes son el último ejemplo.

El presidente Morsi ganó las elecciones por los pelos, con un 51 por ciento, y gracias a votos de quienes no simpatizaban con los Hermanos y le votaron para que no saliera el representante del antiguo régimen, Ahmed Shafiq. Una elección tan ajustada no refleja un gran mandato, pero sí que da responsabilidad.

La Asamblea Constituyente no lograba ponerse de acuerdo en artículos clave, y cristianos y liberales abandonaron. La Constitución se acabó rápido y sin su participación.

Para asegurar su aprobación y que el Constitucional no tumbara la Asamblea, Morsi se quedó con todos los poderes el 22 de noviembre. Fue un movimiento poco consultado: 7 de los 17 miembros de su consejo de asesores presidenciales dimitieron; los que quedan son islamistas.

2. La Constitución es de rebajas. La falta de consenso ha hecho que la Constitución sea un texto importante, pero no definitivo. La mayoría de elementos clave -la importancia de la sharia, las libertades básicas, el sistema de gobierno- no están cerrados y cada gobierno con sus leyes y cada juez con sus decisiones lo interpretará como le convenga. Es una receta para la inestabilidad.

Es por tanto un documento insuficiente y no merece ser aprobado, pero es lógico que los Hermanos Musulmanes quieran detener ya los debates para ponerse a gobernar y poder ofrecer resultados antes de las próximas elecciones.

El problema es que la transición se cierra en falso, sin consenso, y Egipto volverá a vivir turbulencias. El principal grupo de la oposición, coordinado por Mohamed ElBaradei, debe decidir aún si boicotear la Constitución o votar que no.

3. La política se ha impuesto. La ventaja de los Hermanos Musulmanes es que desde fuera ahora el mundo no clama con una sola voz. La presión de la administración Obama contra Morsi es endeble; no se parece en nada al final de la dictadura de Mubarak. Incluso en editoriales de periódicos dan la razón a los Hermanos Musulmanes. El más famoso ha sido este del Guardian.

El argumento es que la oposición quiere ganar en la calle lo que ha perdido o perderá en las urnas. El texto levantó polémica en Egipto.

Este editorial del Financial Times refleja mejor las quejas de la oposición egipcia: “Al forzar la aprobación de la nueva Constitución, el presidente ha roto su promesa de ser el presidente de todos los egipcios”.

Pero el problema no es un editorial, sino que sus matices muestran una realidad más compleja. Pocos entienden bien qué pasa ahora -sobre todo fuera, pero también en Egipto- y el debate sobre quién tiene la culpa de los desacuerdos es legítimo. Contra Mubarak todo era más fácil.

El líder de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Badie, puede permitirse decir que la lucha es en las urnas. Se olvida de decir que es así porque está convencido de que ellos ganarán. Pero quizá no sea siempre así.
4. La violencia (aún) es relativa. Contra Mubarak había un problema más grave: la policía disparaba a matar. De momento eso no ha ocurrido. En estos días de violencia y provocación -sobre todo la noche del miércoles- los heridos y los muertos los han causado “vándalos” de ambos bandos.

Es imposible demostrar si los miembros de los Hermanos fueron a la batalla con órdenes de arriba. Son todos civiles, así que es difícil definir quiénes son. Hoy el New York Times lo intenta con poca suerte.

Hubo, parece, unos 50 opositores detenidos y torturados en la calle por miembros de los Hermanos. Los Hermanos dicen que en su bando hubo ocho muertos. Acusan a partidarios de Mubarak, para confundir a opositores con el antiguo régimen. La policía detuvo a 130 personas, todas libres sin cargos.

A pesar de todo esto, la violencia institucional aún no ha vuelto a Egipto. Eso no significa que no vuelva o que los miembros más violentos de los Hermanos puedan cruzar la raya de la violencia sin que nadie les frene o detenga. Su excusa será “defender la soberanía”. Hoy martes hay programadas varias manifestaciones.

5. El ejército mira. El presidente Morsi ha ordenado al ejército que controle la seguridad del referéndum el sábado. El decreto es parecido a una ley marcial de Mubarak. La diferencia, según un portavoz, es que los civiles detenidos el sábado pasarán serán llevados a juzgados civiles, no militares. Pero el decreto no lo deja claro.

El ejército está cómodo en esta situación. No debe encargarse de los complejos asuntos civiles, pero tiene todo lo que desea con la nueva Constitución: un presupuesto al margen del civil y control del Ministerio de Defensa. Las sospechas de pacto con los Hermanos son razonables.

6. El dinero se olvida. El ejército quiere olvidarse de los asuntos civiles porque son complicados. La prueba es que el gobierno aprobó una subida de impuestos y de madrugada el presidente la derogó.

El gobierno está pendiente de que el día 19 el FMI apruebe un crédito para Egipto, mientras que el presidente no quiere que nada se interponga hasta el referéndum. Pero ese es el problema real de Egipto: si los Hermanos no son capaces de mejorar la economía en breve, los votantes van a pedirles responsabilidades.

Entonces no valdrá ninguna excusa. “No sé lo que está pasando, pero parece que los precios subirán muy pronto”, dice la dueña de una tienda de verduras. Hay cosas que no esperan ni una transición".

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