viernes, 17 de mayo de 2013

Argelia tras la Primavera Árabe

Adarve, el Observatorio de la Sociedad Civil EuroMediterránea, publicaba recientemente esta entrevista con Louisa Aït Hamadouche, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Argel. En ella se desbroza la situación socio-política de Argelia tras la Primavera Árabe.

¿Cuáles son los elementos que frenan la emergencia de un movimiento de contestación contra el régimen en Argelia?
Podríamos clasificarlos en objetivos y subjetivos. Entre los elementos objetivos cabe destacar la naturaleza híbrida del sistema político. En Argelia no estamos ni en un sistema autoritario absoluto ni mucho menos en una democracia. Este carácter híbrido permite un margen de maniobra bastante amplio tanto al régimen como a los actores de la oposición. Un margen de maniobra que, por otro lado, impide la radicalización de una oposición con derecho de hablar, a participar en las elecciones, a crear partidos políticos…
Otro elemento objetivo de gran importancia es que la renta está mal distribuida, es cierto, pero aun así es ampliamente repartida. Los últimos escándalos muestran que la corrupción alcanza unas cotas catastróficas pero aún así no se trata de un régimen político predador que no redistribuya, al el contrario, a través de los presupuestos del Estado podemos observar que la importancia de las prestaciones sociales es cada vez mayor (subvenciones, ayudas directas a los jóvenes a través de programas de inserción económica y laboral, la cancelación regular de deudas a las empresas…). En este contexto, el hecho de que la población sepa que existen ayudas económicas directas que se reparten de forma regular impide que la oposición pueda tener una base social para radicalizarse y rebelarse. Es un elemento disuasorio muy eficaz.
Otro elemento objetivo, paradójicamente producto del impacto de las primaveras árabes, es que la situación en los países que han vivido la primavera árabe no es ahora mismo mejor, incluso, a veces, ha empeorado. En ese sentido no podría hacérsele mejor servicio al gobierno argelino al mostrar lo que está ocurriendo en Libia, Egipto, Mali. Tanto la forma en que los occidentales han gestionado las primaveras árabes como la propia evolución interna de los países que han conocido un cambio de régimen constituyen argumentos para el estado argelino para mantenerse y para la población para pensar “más vale lo que tenemos aquí que lo que pasa allí”. Eso se percibe incluso a nivel de los jóvenes. La intervención de la OTAN en Libia, el apoyo a la monarquía de Bahrein, la evolución de la situación en Siria… son excelentes motivos para mantener el status quo en Argelia. Incluso aquellos que tenían veleidades de cambio ven en dichos elementos razones para no forzar el proceso.
En cuanto a los elementos subjetivos, el hecho de que el terrorismo no esté aún demasiado lejos, e incluso que no haya desaparecido todavía, constituye asimismo la mejor coartada para el régimen argelino para justificar su permanencia. El miedo a que un nuevo cambio desemboque en un conflicto interno persiste con fuerza. Cuanto más se deteriora la situación en Siria mayores son las razones para mantenerse, cuanto más se degrada el contexto egipcio con los Hermanos Musulmanes mayor es el miedo al islamismo, lo mismo en Túnez... Finalmente el mejor ejemplo para Argelia es el modelo de Marruecos: suaves reformas aplicadas de forma progresiva de modo que cuanto más se reforma menos se reforma…
¿Cuáles son los puntos débiles del régimen argelino?La naturaleza del mismo régimen constituye tanto su fuerza como el reverso de la moneda. Su carácter colegial le ha permitido resistir a todas las turbulencias. El régimen está constituido de distintos elementos y el debilitamiento o la caída de uno ellos no implica la debilitación de todo el sistema. Esta fuerza es sin embargo también su debilidad porque el régimen carece de coherencia, no tiene visibilidad y está sujeto a tensiones y disensiones internas que constituyen una flaqueza en la medida en que al régimen le cuesta prever el futuro, incluido el próximo.
Otro punto débil, para mí el mayor de todos, es que la supervivencia del régimen depende del precio del barril de petróleo. En lo que respecta a otras amenazas, el régimen argelino ha dado muestras de su capacidad de adaptación, como lo ejemplifica el hecho de haber sobrevivido al terrorismo, sin embargo, como régimen autoritario sus proyecciones no son a largo plazo. No hay una voluntad real de asegurar un mínimo desarrollo a las generaciones venideras, está en la propia naturaleza del régimen. Pese a ello, existe en el seno de este sistema colegial una voluntad de perpetuar el régimen más allá de los hombres que se enfrenta a una segunda tendencia, la de aquellos que tienen una visión mucho más cortoplacista.

¿Podemos hablar de sociedad civil en Argelia?
Sí y no. Si por sociedad civil entendemos una independencia total del poder político, entonces no podemos hablar de sociedad civil en el caso argelino. Pero creo que entonces hay muy pocos países en los que ésta exista realmente. En Argelia, si bien su sociedad civil no reúne las características del término según se define en los libros, la realidad es que la población se organiza más allá del Estado con medios más o menos artesanales.
Cuando una organización es demasiado visible o molesta, el Estado no la reprime, crea una asociación paralela que hace el mismo trabajo pero sin molestar. Es una clonación. Lo mismo ocurre con los partidos políticos. La fuerza del régimen está más en la cooptación que en la represión. El régimen político argelino habría seguido la suerte del de Mubarak y el de Ben Ali si no hubiera ha comprendido rápidamente que reprimir no es suficiente, hay que amenazar, sí, pero también dejar cierto margen de maniobra que permita a la sociedad respirar. En Argelia hay más de 100.00 asociaciones, es imposible que el Estado las controle a todas. Es suficiente controlar una o dos en un sector determinado para que hagan sombra a las demás y muestren a la población que hay otros discursos. Es más eficaz y más inteligente. Lo mismo ocurre con los sindicatos: cuando un sindicato se vuelve molesto se crea otro que obtendrá rápidamente lo que el otro reivindicaba desde hacía siglos a cambio de que se trate de demandas socioeconómicas despolitizadas".

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