jueves, 30 de mayo de 2013

Más sobre Hezbollah

Más sobre "El papel de Hizbolá" publicado por Víctor de Currea-Lugo en El Espectador.

"Hace algunos años publiqué un artículo titulado: “¿Tan mal estamos que Hizbolá es la esperanza?”, acerca de lo que ha representado esta organización libanesa para un grupo importante de palestinos, especialmente en la guerra de 2006.

En ese momento, la segunda Intifada de los palestinos llegaba a su final con más pena que gloria, la idea de la 'guerra contra el terror' estaba en su mejor momento y el pragmatismo político inundaba los análisis de las guerras de la región, desde el Sáhara Occidental hasta Somalia, pasando por Irak.

Lo único que unía (y une) al mundo árabe era precisamente la causa palestina y el gran rechazo a Israel. Por eso, tener el apoyo de lo palestino y rechazar a Israel es casi una muestra de corrección política en los círculos árabe-musulmanes. Los ataques de Israel en los años setenta contra Líbano, así como las masacres de Sabra y Chatila cometidas por falangistas con apoyo israelí, contribuyeron a crear y a fortalecer un frente libanés políticamente antiisraelí y religiosamente chiita: Hizbolá (el Partido de Dios).

En el verano de 2006 estalló una guerra de 33 días entre Hizbolá e Israel. Al final Israel aceptó la mediación de la ONU, en parte por sus muchos errores en el frente de guerra. Según el informe Winograd, de Israel, este país tiene más una policía para atacar palestinos que un ejército que merezca ser llamado así. Hizbolá “ganó” una guerra contra Israel, cosa que no había logrado ningún país árabe.
Ahora Hizbolá cierra filas en defensa del gobierno sirio. Pero no porque este grupo haya sido una esperanza para los palestinos en 2006, significa que hoy la sea para los sirios. Hizbolá está del lado equivocado para el pueblo sirio, pero del lado correcto para sus propios intereses: Irán y Siria.

Las acciones de Hizbolá tienen un problema de base, además de crear un Estado dentro del frágil Estado libanés, tensiona el mayor acuerdo político de allí: el Pacto Nacional de 1943, reformulado en 1989. Este acuerdo, con todos los errores que tenga, evita volver al escenario de los años setenta: una terrible guerra civil donde no hubo ganadores: 250.000 muertos, un millón de heridos y 1,2 millones de refugiados. Hizbolá fue la única milicia que no se desarmó luego de la guerra civil.

El grupo palestino Hamás (Movimiento de Resistencia Islámica) fue más asertivo: apenas iniciaron las protestas contra el gobierno sirio, movió su oficina de Damasco a Qatar. Así, bajo el discurso de respetar la dinámica interna de los sirios, lo que realmente estaba haciendo era alejarse del régimen de Al Asad, para salvaguardar su legitimidad en el mundo árabe-musulmán.

Esa legitimidad regional —fortalecida en 2006, pero disminuida en las revueltas árabes— es la que se juega hoy en día Hizbolá; pero el precio de no apoyar a Al Asad sería perder a sus aliados y retroceder ante la presencia occidental en la zona. El problema es que esta regionalización de la guerra es casi un llamado a las armas a muchos grupos, con el riesgo de hacer de Siria y Líbano un escenario para resolver tanto nuevas como viejas disputas, por ejemplo entre suníes y chiitas. En otras palabras, para Hizbolá sobrevivir bien vale otra guerra, incluso dentro de Líbano".

1 comentario:

  1. Creo que Hezbulah sabe muy bién que sera el siguiente objetivo de las supuestas revoluciones arabes y que esta vez esta obligado defender su retaguardia. Todos los indicios apuntan a que el plan contra Iran y siria y Hezbulah esta avanzando aún acota de una guerra sectaria entre chiis y suniis. Ni en los mejores sueños pudian los sionistas ver esta oportunidad que les ofrece la conyuntura abrabe. Todo gracias la " anarquia creadora". Los que me extraña que la gente, tan experta en el Mundo Arabe no ve la jugada. No defiendo nungun regiemen arabe, pero no pierdo el objetivo que es palestina.

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