jueves, 5 de diciembre de 2013

¿Iraquización de Líbano?

Tras el atentado contra la embajada iraní en Beirut y el asesinato de uno de los máximos dirigentes militares de Hezbollah, Amaia Goenaga publica en el Observatorio Político y Electoral del Mundo Árabe y Musulmán (OPEMAM) el análisis "¿Hacia la iraquización de Líbano?". De lo que no hay duda es que la injerencia en Siria le está pasando factura a Hezbollah, que sigue empeñado en acusar a Israel, a pesar de que todo parece indicar lo contrario.

"El pasado 19 de noviembre de 2013 la embajada iraní en Beirut, situada en los suburbios del sur de la capital (territorio de Hezbolá) sufría dos atentados suicidas que acababan con la vida de 23 personas. Este es el tercer atentado de gran envergadura que sufre el Líbano en los últimos meses. A principios de agosto de 2013 los suburbios chiíes de la capital sufrían otro atentado con coche bomba que causó más de veinte muertos, y varias semanas después dos coches bomba explotaban frente a sendas mezquitas salafistas en Trípoli causando 43 muertos.

El atentado ha sido reivindicado, vía Twitter, por las brigadas de Abdullah Azzam, un grupo yihadistas de la órbita de Al Qaeda, creado en Iraq en 2009 por Saleh al-Qarawi. La implantación de este grupo en Líbano se remonta a 2009 . Desde el estallido de la crisis siria la organización yihadistas ha ganado cierta de visibilidad en espacio público, al igual que todo el salafismo libanés, debido a su activismo en defensa de la revolución y contra Hezbolá e Irán (...).

Tanto Hezbolá como las autoridades iraníes han acusado a Israel de estar detrás de todo lo ocurrido, recurriendo a teorías conspiratorias que presentan el ascenso del salafismo radical como un plan israelí. Sin embargo, parece obvio que el atentado es una respuesta a la actual ofensiva del régimen sobre Qalamun, en Siria. Qalamun, que está, por ahora, en manos rebeldes, se encuentra a pocos kilómetros de la frontera libanesa, y es un enclave estratégico situado en la ruta que une Damasco con el Líbano y con Homs. La pérdida de esta zona supondría un golpe casi irreversible para la estrategia de la oposición en el centro del país.
Policías inspeccionan el lugar (Foto: EFE)
La prensa lleva semanas anunciando una batalla decisiva en Qalamun, comparable a la batalla de Qusair. Sin embargo, los medios más afines al régimen, citando fuentes de Hezbolá y del mismo régimen, aseguran que no hay una ofensiva declarada en la zona, sólo enfrentamientos aislados entre fuerzas del régimen y la oposición. Pero indicios como la llegada masiva de refugiados a la región libanesa de Arsal en las últimas semanas, hacen pensar que efectivamente algo se mueve en la zona. No obstante, esta nueva ofensiva se habría planteado de forma muy distinta a la de Qusair, parece que tendrá una intensidad menor, siguiendo una estrategia adaptada a la compleja orografía de la zona y por tanto será menos visible. Además hay un deseo evidente de esconder o disimular la implicación de Hezbolá en esta batalla.

Esta zona es especialmente sensible en lo respecta al Líbano, por la estrecha relación que mantiene con la región de Arsal, un enclave suní en el valle de la Bekaa totalmente implicado con la causa de la insurgencia siria desde los primeros estadios de la revolución. Por eso son muchas las voces que consideran que una escalada bélica en Qalamun extenderá el conflicto a la zona de Arsal y de ahí al resto del país. De hecho, varios grupos salafistas y yihadistas, tanto en Líbano como en Siria, llevan semanas advirtiendo a Hezbolá de que su implicación en esta batalla tendrá respuesta y que ésta será fatal para el Líbano.

La implicación de Hezbolá en la guerra siria genera odio y frustración entre los islamistas suníes, y también entre parte importante de la comunidad suní. Ven el conflicto como un complot del régimen y del eje chií para matar suníes. Tras el reconocimiento oficial de la implicación de la organización en la guerra, durante la batalla de Qusair, Hezbolá recibió amenazas similares. Estas se concretaron en el atentado de Dajieh y otros hechos que no podemos enumerar aquí, pero en líneas generales las consecuencias para el país no fueron demasiado graves y Hezbolá salió muy fortalecida de aquella victoria. Sin embargo, los avances del régimen y el triunfalismo de Hezbolá durante estos meses no han hecho más que incrementar la frustración de estos sectores, lo que los convierte en actores realmente peligrosos (...)".

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