lunes, 2 de diciembre de 2013

La derrota de Israel

M´Sur publica la lectura que hace Uri Avnery sobre el pacto entre el G5+1 e Irán en torno a su programa nuclear. El artículo, que lleva por título "La derrota", analiza el deterioro de las relaciones entre EEUU e Israel y el progresivo aislamiento de Netanyahu en la región.
 
"Irán es el gran vencedor. Se le ha dado una cálida bienvenida, al regresar a la familia de las naciones civilizadas. Su moneda, el rial, se está disparando. Su prestigio y su influencia en la región se han vuelto enormes. Sus enemigos en el mundo musulmán, Arabia Saudí y sus satélites del Golfo, han quedado humillados. Es inimaginable ya que nadie, tampoco Israel, dé un golpe militar contra Irán.
 
Ha desaparecido la imagen de Irán como una nación de ayatolás locos, que tanto fomentaron Netanyahu y Ahmadineyad. Irán parece ahora un país respetable, dirigido por líderes sobrios y astutos.
 
El gran perdedor es Israel. Se ha ido colocando en una posición de aislamiento total. Sus exigencias se han ignorado, sus amigos tradicionales se han distanciado. Pero sobre todo, su relación con Estados Unidos ha sufrido serios daños.
 
Lo que hacen Netanyahu y Cía es casi increíble. Están sentados en una rama muy alta y están muy entregados a la tarea de aserrar la rama (...).
Los políticos israelíes, como la mayoría de sus colegas en otras partes del mundo, no tienen mucha idea de la historia mundial. Son ratones de partido que pasan su vida tejiendo intrigas políticas. Si hubieran estudiado Historia no habrían construido la trampa para ellos mismos en la que han caído ahora.
 
Me siento tentado a presumir con que hace ya dos años escribí que un ataque militar, cualquier ataque, sea por Israel o por Estados Unidos, es imposible. Pero no era una profecía inspirada por alguna deidad desconocida. Ni siquiera hacía falta ser especialmente inteligente. Era simplemente el resultado de echar una ojeada al mapa. El Estrecho de Ormuz.
 
Cualquier acción militar contra Irán iba a llevar, sí o sí, a una guerra mayor, algo en la categoría de Vietnam, junto al colapso del abastecimiento de petróleo en el mundo. Incluso si el público estadounidense no hubiera estado tan cansado de las guerras, para empezar una aventura de este calibre no sólo hacía falta ser idiota, sino prácticamente loco.
 
No es que la opción militar se haya quitado ahora “de la mesa”: nunca estuvo “encima de la mesa”. Era una pistola sin cargar, y los iraníes lo sabían muy bien.
 
El único arma cargada eran las sanciones comerciales. Éstas hacían sufrir al pueblo. Y eso convenció al guía supremo, Ali Husseini Jamenéi, de cambiar el régimen arriba abajo e instalar un nuevo presidente, muy distinto al anterior.
 
Los norteamericanos se dieron cuenta y actuaron en consecuencia. Netanyahu, obsesionado con su bomba, no se dio cuenta. Lo que es peor, aún no se ha dado cuenta (...)".

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