martes, 19 de marzo de 2013

Diez lecciones de Iraq

Hoy se cumplen diez años desde la invasión norteamerica de Irak. Es cierto que se ha puesto fin a la dictadura de Saddam Husein, pero os sufrimientos del país árabe no han remitido sino que se han multiplicado. Como resultado de la ocupación y posterior guerra sectaria, millones de iraquíes se han convertido en refugiados o desplazados y cientos de miles de personas fueron asesinadas. El país ha quedado diezmado y tardará décadas en recuperarse. Richard Falk, profesor de Derecho Internacional en la Universidad de Princeton, reflexiona sobre esta cuestión en Al-Jazeera: "Lecciones a aprender de la guerra de Iraq". La traducción ha sido realizada por Germán Leyens para Rebelión.

"Después de una década de combates, bajas, desplazamientos masivos, violencia persistente, aumento de la tensión sectaria y de la violencia entre chiíes y suníes, atentados suicidas periódicos y gobierno autocrático, parece inevitable hacer una evaluación negativa de la Guerra de Iraq como una acción estratégica de EE.UU., el Reino Unido y unos pocos de sus aliados secundarios, incluido Japón. No solo el resultado de desestabilización regional –incluyendo un aumento maligno de la influencia diplomática de Irán– sino el coste para su reputación en Medio Oriente asociado a una intervención imprudente, destructiva y fracasada hacen que la Guerra de Iraq sea el peor desastre de la política exterior de EE.UU. desde su derrota en Vietnam en los años setenta.
 
Una contabilidad geopolítica semejante ni siquiera considera el daño ocasionado a las Naciones Unidas y al derecho internacional debido al uso de fuerza agresivo en flagrante violación de la Carta de la ONU, iniciado sin ninguna autorización legitimadora del Consejo de Seguridad. La ONU dañó su imagen cuando no reforzó su negativa a autorizar a EE.UU. y su coalición, a pesar de gran presión de EE.UU. para lanzar el ataque. Esta falla posterior al ataque se complicó debido a que la ONU dio su apoyo a la ocupación ilegal dirigida por EE.UU. que tuvo lugar posteriormente. En otras palabras, la Guerra de Iraq no fue solo un desastre desde la perspectiva de la política exterior estadounidense y británica y la paz y estabilidad en la región de Medio Oriente, sino también un serio revés al derecho internacional, la ONU y el orden mundial [...]. 
Cada vez hay más razones para creer que el actual dirigente iraquí, Maliki, se parece más al estilo autoritario de Sadam Hussein que al supuesto régimen liberal constitucional que EE.UU. pretendía establecer antes de partir y que el país se orienta hacia una lucha continua, incluso a una desastrosa guerra civil.
 
La guerra de Iraq fue una guerra de agresión desde el comienzo ya que, sin mediar provocación, se utilizó la fuerza armada contra una Estado soberano en una situación que no era defensica. Los Tribunales de Crímenes de Guerra de Núremberg y Tokio declararón después de la Segunda Guerra Mundial que una guerra de agresión semejante constituye un “crimen contra la paz” y procesó y castigó como criminales de guerra a los dirigentes políticos y militares supervivientes de Alemania y Japón.
 
Podemos preguntar por qué George W Bush y Tony Blair no han sido investigados, acusados y procesados por su participación en la planificación y realización de la Guerra de Iraq. Como nos enseñó hace tiempo el cantante de folk Bob Dylan, la respuesta está “En el viento”, o en lenguaje más directo, los motivos de una impunidad semejante concedida a los dirigentes estadounidenses y británicos es un obsceno despliegue de geopolítica, sus países no fueron derrotados y ocupados, sus gobiernos nunca se rindieron, y semejantes fallas (o éxitos) estratégicos están exentos del escrutinio legal. Estos son los dobles raseros que hacen que la justicia penal internacional tenga más que ver con la política del poder que con la justicia global [...].
 
¿Hay lecciones que aprender de la Guerra de Iraq? Creo que existen. La lección abrumadora es que en este período histórico de intervenciones de Occidente fuera de su ámbito, especialmente cuando no las autoriza el Consejo de Seguridad de la ONU, pocas veces logran sus objetivos declarados. De un modo más amplio, la guerra de contrainsurgencia que involucre un enfrentamiento fundamental entre fuerzas invasoras y ocupantes occidentales y un movimiento nacional de resistencia no se decidirá sobre la base de pura superioridad militar. Sino más bien por la dinámica de la autodeterminación asociada con la parte que tenga las credenciales nacionalistas más verosímiles, que incluyen la voluntad de persistir en la lucha por mucho que dure,y la capacidad de capturar la razón moral más elevada en la continua lucha por el apoyo público interior e internacional [...]".

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