jueves, 7 de marzo de 2013

Medios de comunicación árabes

En la entrada de hoy retomamos otra de las contribuciones del libro Sociedad civil y contestación en Oriente Medio y el Norte de África, recientemente editado por la Fundación CIDOB. Después de incluir varios sobre juventud, sindicalismo y mujer, hoy le llega el turno al capítulo dedicado a los medios de comunicación en el mundo árabe y escrito por Javier García Marín de la Universidad de Granada.

"En Oriente Medio se ha configurado un sistema de medios de comunicación dual: por un lado, el tradicional, compuesto por las televisiones nacionales, los periódicos y las estaciones de radio. Las legislaciones nacionales tratan de controlar la información que aparece en ese sistema, llamemos nacional, de medios de comunicación. Pero, quizá debido a ese control, se ha creado un segundo sistema de medios de comunicación paralelo al nacional y que podemos llamar panárabe, compuesto fundamentalmente de los periódicos panárabes y la televisión por satélite.

Como se ha visto anteriormente, los medios de comunicación en la región de Oriente Medio se encuentran ante una serie de desafíos que impiden que podamos hablar de empresas totalmente libres y al servicio del ciudadano. Naturalmente, esto no significa que los ciudadanos no sean capaces de obtener información política mediante otros cauces que los aceptados por los gobiernos. Ya se ha visto cómo la televisión por satélite supone una primera fractura, aunque los eventos en años recientes sugieren que no es del todo ajena a los intentos de regularización y control. Sin embargo, existen otras herramientas al servicio del ciudadano y que deben ser tratadas como fuentes de información y, por lo tanto, como medios de comunicación en sentido estricto, irá en ese sentido de ampliar el concepto de medio de comunicación. A ese segundo sistema de medios de comunicación se le ha sumado otra dimensión: Internet y todas sus innumerables facetas. Y, es que, efectivamente, las redes sociales y el entramado de la red puede considerarse hoy día como una de las principales herramientas de obtención de información por parte de los ciudadanos, empezando, como es natural, por las cohortes más jóvenes, que integran los cambios y novedades de forma más rápida y natural. En la región eso significa llegar a amplias capas de la población, ya que la edad media raramente pasa de los treinta años. La pregunta que surge, sin embargo, es: ¿hasta qué punto tienen importancia estas nuevas herramientas? La respuesta no es sencilla en tanto que el análisis de la información emitida y recibida se torna extremadamente complejo. Realmente es deseable que los nuevos medios puedan ser de alguna manera un antídoto al autoritarismo. Los discursos que se encuentran en esos medios son fascinantes, pero su importancia política, incluso después de la primavera árabe tiene que ser constatada. No está claro cómo el pluralismo cívico se traduce en poder político, si es que lo hace.

Sin embargo, no hablamos de unos pocos canales (aunque sean cientos) que llegan a los ciudadanos de forma unidireccional, sino de millones de páginas y decenas de diferentes herramientas que compiten por la atención de los usuarios, pudiéndose considerar un servicio a la carta que cambia constantemente de protagonistas. Eso ha hecho que la especulación en torno a los efectos de internet sobre los movimientos sociales, y muy especialmente las grandes convulsiones de 2010-2011, se haya convertido en la norma. Desde el campo del periodismo y los medios de comunicación se ha tendido a exagerar, quizá, los efectos de las redes sociales. Eso ha podido provocar, a su vez, el rechazo de la academia a constatar ningún tipo de efecto. Los datos mostrados procedentes del Arab Social Media Report parecen indicar que, finalmente, deberíamos situarnos en un punto medio: ni las redes sociales han tenido un protagonismo absoluto en esas revueltas –que, después de todo, fueron protagonizadas por personas, no herramientas-, ni se puede descartar que hayan tenido un cierto papel.
En un entorno donde los medios de comunicación se encuentran fuertemente censurados y sin acceso a las zonas de conflicto, las redes sociales funcionaron como diseminadoras de información, facilitando que las protestas, en un principio, fueran conocidas fuera de los ámbitos locales y nacionales. De ahí el contagio entre los diferentes procesos y muy especialmente entre Túnez y Egipto. Los datos muestran esa popularidad de ciertos términos en Twitter todo el mundo árabe. Esta última idea nos remite nuevamente al concepto de censura. La censura es omnipresente en la región, ya sea de forma oficial ya a través de otros cauces que busquen la autocensura de los propios periodistas. Pero, a la luz de los nuevos medios y las redes sociales ¿es sostenible ese modelo de censura? ¿Es eficaz? Evidentemente no, y su eficacia estará, desde nuestro punto de vista, más devaluada a medida que el acceso a Internet sea más extendido en la sociedad.


Por lo tanto, o los actuales regímenes –los que queden- se acostumbran a vivir sin imponer el control de la información o ésta circulará sin importar los filtros que puedan emplearse. El mundo digital ha demostrado suficientemente que cualquier forma de control (derechos digitales, protecciones anticopia, etc.) puede ser superada con un poco de ingenio y habilidades informáticas. De momento, muchos de estos regímenes han utilizado la represión como forma de control, especialmente de blogueros, pero se antoja imposible seguir en unas sociedades que se mueven rápidamente hacia una universalización del acceso a la información".

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