martes, 16 de abril de 2013

¿Disolver la ANP?

Hace unos días presentó su dimisión el primer ministro palestino Salam Fayyad. Con este gesto se da un primer paso para que el proceso de reconciliación entre Fatah y Hamas se lleve a la práctica y puedan convocarse nuevas elecciones. La cuestión palestina sigue instalada en el segundo plano y parece que no es una prioridad para la comunidad internacional. Ante esta coyuntura vuelven a resurgir con fuerza los rumores en torno al futuro de la ANP.  Anxela Iglesias y Antonio Pita abordan esta cuestión en su artículo "La autodisolución de la ANP" publicado por esglobal.

"Abbas agitó públicamente por primera vez la amenaza del harakiri de la ANP en el encuentro de la Liga Árabe en Sirte en noviembre de 2010. Lo hizo como su última opción y, desde entonces, no ha habido entrevista en la que su equipo no haya mencionado la incoherencia de mantener una “Autoridad sin autoridad” o un “cascarón vacío”. La presión occidental e israelí (que a corto plazo obtiene grandes réditos del statu quo) y el miedo al abismo de parte de la población palestina obligaron a retorcer el lenguaje y desde finales de 2011 se pasó a hablar más bien de “repensar” la ANP en vez de disolverla. El pasado diciembre, en cambio, el propio Abbas dejó claro en una entrevista con el diario israelí Haaretz que si el diálogo de paz sigue estancado entregará a Netanyahu las “llaves” de la ANP, en lo que parece más un desesperado grito de auxilio.   

La cúpula palestina tiene en su haber méritos estratégicos recientes, como el reconocimiento del Estado palestino en la ONU, que enorgulleció a los suyos y puso la causa palestina en primera fila. Pero en general parece desorientada, impotente ante la desigualdad de fuerzas con Israel y superada por su desaparición de la agenda internacional en un Oriente Medio convulso. Su papel es además contradictorio: por un lado, administra las vidas del grueso de los tres millones de habitantes de Cisjordania y, por otro, ejerce de subcontrata de la ocupación israelí y socio responsable de las potencias occidentales, que le piden año tras año paciencia sin ofrecer nada a cambio. Las recientes llamadas del presidente de EE UU, Barack Obama, durante su visita a la zona, para volver a las negociaciones sin condiciones, lo han confirmado. Todo ello en medio de una profunda crisis económica interna que le lleva a incumplir el pago de salarios y del impulso de los movimientos populares de resistencia no violenta, que no sólo señalan al enemigo en el vecino Israel, sino también en Ramala [...].
      Salam Fayyad, left, has stepped down as prime minister following a dispute with Palestinian President Mahmoud Abbas, right.
La ANP es grande en su aparato. Sostiene a 140.000 funcionarios, de los que 60.000 son fuerzas de seguridad. Juega un papel indiscutible en la economía, canalizando buena parte de la ayuda financiera internacional, nada menos que el 30% del Producto Interior Bruto palestino. Pero es endeble en su capacidad de decisión y acción. Los soldados israelíes incursionan, regularmente, en las zonas bajo control de la ANP para hacer registros o detenciones, las autoridades israelíes retienen una y otra vez las recaudaciones de impuestos que corresponde gestionar al Gobierno palestino. Se encarcelan diputados, se obstaculiza el movimiento y un largo etcétera de vulneraciones de acuerdos. La ANP patalea y, últimamente, amenaza con su disolución.

El desmantelamiento de la estructura no es sólo una amenaza de los líderes políticos, también es una petición de una parte de la propia población. El objetivo sería dejar al descubierto un sistema disfuncional y altamente dependiente en el que la fuerza ocupante no asume las responsabilidades que le impone la legislación internacional.

La lógica de disolver la ANP es tan clara que uno se pregunta por qué Abbas todavía no ha dado ese paso. Al fin y al cabo, la ANP es ahora tan sólo un instrumento para emplear a cientos de miles de palestinos que reciben sus salarios de esa institución y de los donantes internacionales de los que ésta depende. La idea de que los israelíes pudieran ser responsables, de nuevo, de la población palestina debería ser suficientemente aterrorizadora como para llevarles a la mesa de negociación”, dice Steven A. Cook, experto en Oriente Medio del Council on Foreign Relations. Es una propuesta radical, la de resetear, reiniciar por la fuerza, como si se tratase de un ordenador atascado y forzar a que se tomen cartas en el asunto palestino [...]".

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