jueves, 19 de mayo de 2011

Punto de inflexión en Siria

El Observatorio Electoral del TEIM publica hoy un análisis de Daniel Marx titulado "Siria: ¿un punto de inflexión en la primavera árabe?". Aunque discrepo en algunas de sus argumentaciones (demasiado rotundas y poco matizadas), hace un buen repaso de lo ocurrido en estos dos últimos meses en Siria.

"Los sucesos en Siria están en un punto de inflexión. Tras oscilar durante semanas entre reformas y represión, en la última quincena el presidente Bachar el Asad ha tomado medidas de extrema ferocidad contra las protestas antigubernamentales. El 25 de abril, cuando entraron los primeros tanques y el ejército tomó el control de Deraa, donde las protestas comenzaron seis semanas antes, quedó patente que Bachar había tomado una decisión definitiva. En lugar de seguir a Hosni Mubarak, quien trató demasiado poco y demasiado tarde de aplacar a los protestantes egipcios, el presidente sirio ha tomado ejemplo de Muamar el Gadafi, desatando toda la fuerza de su aparato de seguridad contra su población. Mientras el número de muertos se dispara y la condena internacional se intensifica, la imagen de Bachar como un reformista precavido ha estallado definitivamente¿Ganará el régimen sirio su lucha por la supervivencia? ¿Cuáles son las implicaciones de los disturbios sirios para la región? [...] ¿Podría haberse detenido la Primavera Árabe en Siria?

Los disturbios en Siria comenzaron a mediados de marzo en la ciudad de Deraa, cerca de la frontera jordana, cuando las autoridades locales detuvieron y trasladaron a Damasco a quince adolescentes quienes, inspirados por los acontecimientos de Túnez y Egipto, pintaron grafitis contra el régimen en un muro. Surgieron protestas en la ciudad, pero en cualquier otro momento las cosas no se habrían precipitado por sí solas. En realidad, la propia Deraa fue un lugar inverosímil para una revolución. Lejos de ser una de las regiones más marginadas de Siria, es más desarrollada que la zona de la frontera oriental y mucho más acomodada que el noreste, atacado por una sequía. Pero bajo el efecto de la ola de revoluciones árabes, esta diminuta chispa acabó encendiendo un polvorín.

Como la mayoría del mundo árabe, la mitad de la población siria tiene menos de treinta años, la corrupción y el clientelismo son endémicos, la repentina liberalización de la economía ha permitido a unos pocos enriquecerse muy rápidamente, y las libertades políticas son casi nulas. Con estos motivos de descontento, no fue una sorpresa que las protestas se extendieran geográficamente, primero a Latakia y a Banias, antes de alcanzar a finales de marzo Homs y luego extenderse por todo el país, especialmente a las ciudades rurales y los barrios periféricos de las grandes ciudades.

Desde que el levantamiento tunecino culminó en enero, el régimen se había preparado. El día siguiente a la caída de Ben Alí, Bachar el Asad reunió a los jefes de sus múltiples fuerzas de seguridad (al igual que muchos oficiales de su difunto padre), junto con los líderes de todas las organizaciones afiliadas con el partido Baaz para elaborar un plan de emergencia. De esta forma, cuando al final comenzaron los disturbios, el régimen respondió con fuerza: el mujabarat disparó contra los protestantes en Deraa. Pero al hacerlo, el régimen sólo agravó su problema, poniendo en marcha un círculo vicioso en el cual la violenta represión de protestas pequeñas sólo engendraba protestas más multitudinarias y más radicales [...].

Pero la respuesta del régimen sirio, como suele ser el caso, no ha sido todo amenazas y nada de incentivos. Como otros muchos regímenes autoritarios, Damasco tiene una larga tradición de disparar con una mano, mientras tiende la otra [...]. El anuncio de Shaaban fue el comienzo de un inepto y confuso revoltijo de respuestas oficiales a menudo contradictorias. Sin duda este fue en parte el reflejo de la confusión del propio Bachar, quien veía cómo su inclinación por las reformas chocaba con las necesidades de la realpolitik. El 30 de abril, el Asad dio ante el parlamento un discurso muy esperado que causó una enorme desazón.

En lugar de reconocer errores o los verdaderos problemas socioeconómicos y políticos del país, y trazar una hoja de ruta para corregirlos, el discurso fue triunfalista, defraudando las esperanzas de los protestantes. Aunque exigió la dimisión de su gobierno y nombró uno nuevo, y más tarde, el 16 de abril, dio otro discurso más audaz, anunciando reformas adicionales y la supresión de la Ley de Emergencia, por entonces ya fue demasiado poco, demasiado tarde. El régimen había quedado detrás de las reivindicaciones de los protestantes, quienes ya se habían aglutinado en torno a la idea de que Bachar debía marcharse [...].

La reacción internacional a los sucesos en Siria ha sido muy distinta a la de los levantamientos en Túnez, Egipto o Libia. La explicación de la moderación y prudencia de la comunidad internacional se asienta en motivos de dos categorías: internos y diplomáticos. En el plano interno, aunque el régimen sirio no es del agrado de muchos gobiernos tanto a nivel regional como internacional, los alternativos podrían ser considerablemente peores si el floreciente equilibrio religioso del país fuera perturbado. En efecto, las minorías chiíta, cristiana, kurda y drusa probablemente prefieren vivir bajo la actual dictadura alauita, que enfrentarse a la incógnita de un gobierno controlado por la mayoría sunita".

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