miércoles, 14 de marzo de 2012

Avnery: el alma judía

Mediterráneo Sur publica el artículo del activista israelí Uri Avnery titulado "El alma judía". Muy recomendable, como todos sus artículos:

"Aparentemente, fue un incidente sin importancia. En presencia de todo el establishment político y legal, la presidenta liberal del Tribunal Supremo, Dorit Beinisch, que ya ha alcanzado la edad límite de 70 años, fue reemplazada por el conservador magistrado Asher Dan Grunis. Al término de la ceremonia, cantaron el himno nacional. La cámara hizo un barrido por todos los rostros. Por un momento, enfocó la cara del magistrado Salim Jubran. Estaba de pie, respetuoso, como todos los demás, pero sus labios no se movían. La cámara enfocó la cara del magistrado Salim Jubran. Estaba de pie, respetuoso, pero sus labios no se movían

Estalló una revuelta en todo el país. El magistrado Jubran es el primer ciudadano árabe que ejerce de juez permanente en el Tribunal Supremo. Los partidos derechistas estaban encolerizados. ¡Cómo se atreve! ¡Es un insulto a los símbolos del Estado! ¡Debe ser destituido inmediatamente! O incluso mejor, ¡deportado a un país cuyo himno se digne a cantar! Otros trataban al juez con respeto. ¡Él no ha actuado contra sus principios! ¡Si hubiera cantado el himno, habría sido pura hipocresía, si no mendacidad! ¡Así que hizo lo correcto!

El nombre del himno, Hatikvah, significa ‘esperanza’ en hebreo. Fue escrito en 1878, casi una década antes de la fundación del movimiento sionista, por un poeta mediocre, como himno de una de las nuevas ‘colonias’ judías en Palestina. Más tarde se adoptó como himno oficial del movimiento sionista, después lo hizo suyo la nueva comunidad judía en Palestina y finalmente el Estado de Israel. La melodía es una adaptación de una canción popular rumana, que a su vez habría sido adaptada de una canción italiana más antigua.

Las palabras reflejan el espíritu de la época: "Mientras palpite el corazón de un alma judía, y rumbo al Oriente dirija la mirada / no estará perdida aún nuestra esperanza, esa esperanza de dos mil años,
de ser un pueblo libre en nuestra tierra,
la Tierra de Sión y Jerusalén".

Para un israelí judío, las palabras están terriblemente caducadas. Para nosotros, Israel no es el ‘Oriente’, nuestra esperanza de ser un pueblo libre en ‘nuestra’ tierra ya se ha cumplido. Pero para un israelí árabe, estas palabras son una ofensa. No es un alma judía; sus ojos nunca esperaban ver “el oriente” y su tierra madre no es Sión (un monte de Jerusalén). Las únicas palabras que podrían atraerle son “la esperanza de ser un pueblo libre” en su tierra. ¿Cómo podría un ciudadano árabe, sin importar lo leal que sea al Estado, cantar estas palabras sin sentir vergüenza de sí mismo? El juez Jubran podría ser un ser humano perfecto, pero no tiene “alma judía”.

Este incidente ha despertado un viejo recuerdo de mi vida. Esto hizo que simpatizara profundamente con el valiente juez. Yo tenía nueve años cuando los nazis tomaron el poder en Alemania. Estaba estudiando en mi primer año de instituto; yo era el único judío de todo el colegio. Uno de los rasgos más distintivos del nuevo régimen era la frecuencia con la que los acontecimientos nacionales (tales como las victorias del ejército alemán durante siglos) se conmemoraban con ceremonias en las que reunían a todos los alumnos para escuchar discursos patrióticos.

Al final de uno de estos eventos, creo que era para conmemorar la conquista de Belgrado por el príncipe Eugenio en 1717, todo el cuerpo de estudiantes se puso en pie y empezó a cantar los dos himnos oficiales, el de Alemania y el del partido nazi. Todos los alumnos alzaron la mano derecha haciendo el saludo nazi. Tuve que tomar una decisión inmediatamente. Probablemente era el niño más pequeño en la sala, ya que empecé el colegio siendo un año más joven que mis compañeros. Estaba en posición de firme pero no levantaba la mano y no cantaba el himno nazi. Creo que estaba temblando de emoción. Cuando terminó, algunos chicos me amenazaron con que si no levantaba la mano la próxima vez, me darían un paliza. Afortunadamente nos fuimos de Alemania días después.

No sé si el juez estaba temblando mientras cantaban, pero sé exactamente cómo se sentía. Más de una semana después, el incidente todavía está creando problemas en los medios, a pesar de los interminables cotorreos sobre el ‘peligro existencial’ de Irán, por su profunda significación. Si el juez árabe más importante no puede cantar el himno nacional, ¿qué pasa con la actitud del resto del millón y medio de ciudadanos árabes en Israel hacia los “símbolos del Estado”, de hecho, hacia el mismo “Estado judío”? ¿Significa que constituyen un caballo de Troya?

Esta es una vieja pregunta, tan vieja como el propio Estado. La contradicción ha sido disimulada por la fórmula oficial del Estado “judío y democrático”. (Los árabes lo satirizan como “Un estado democrático para los judíos y un Estado judío para los árabes”). El incidente del juez Jubran pone de relieve el problema como nunca antes. Aquí tenemos un ciudadano leal, que administra la ley al más alto nivel, y que no puede cantar el himno nacional. ¿Qué hacemos? Aquí tenemos un ciudadano leal, que administra la ley y que no puede cantar el himno nacional [...]".

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