martes, 13 de marzo de 2012

La cuestión kurda en Siria

Traducciones de la Revolución Siria publica el artículo de Subhi Hadidi, inicialmente aparecido en Al-Quds al-Arabi, "La cuestión kurda y el comportamiento del avestruz".

"Entre el 15 de marzo, fecha del primer levantamiento sirio en Damasco capital y el 18 de marzo, fecha del gran levantamiento y su determinante salto cualitativo en Daraa y el resto del Hawran, está el día 12, cuando se celebra el octavo aniversario del anterior levantamiento en la ciudad de Qamishle, antes de extenderse a las ciudades, pueblos y municipios de la provincia de Hassake en el noreste del país y otras zonas de Siria, que se distinguen por la mayoría de población kurda que las habita. Antes de que cayera la primera estatua de Hafez al-Asad, aquí y allá durante algunas semanas del levantamiento el año pasado, se dio una imagen que marcó un antes y un después en su momento, aquel día de 2004, siendo tal vez la primera imagen pública en 34 años de rechazo al régimen del “Movimiento Correctivo”: Un joven kurdo manchaba la imagen de Al-Asad padre, impresa en un estandarte de piedra.

Tal vez pueda decirse que el destino en sí quiso que la ciudad de Qamishle presenciara violentos enfrentamientos civiles a raíz de un partido de fútbol entre el club local, cuyo público, fundamentalmente kurdo, estaba contento por la caída del dictador en Iraq en aquel entonces, y el club visitante, que venía de Deir Ezzor y la mayoría de cuyos hinchas estaban descontentos con la caída de Bagdad a manos de la ocupación estadounidense y tal vez por la caída del propio Saddam Hussein algunos de ellos. Pero la sorpresa no estaba en absoluto detrás de la decisión del régimen de recurrir automáticamente al uso de las varas y las balas, comportándose de manera fascista y salvaje, como si estuviera destruyendo la ciudad de Hama de nuevo, representada esta vez por las ciudades de Qamishle, Hassake, Amuda, Deir Yek, Darbasiya, Ayn al-Arab y Afrin, o como si buscara volver a inculcar las lecciones masacre de la masacre de Hama a los ciudadanos kurdos.

No era fácil que, derramada la sangre de los inocentes, no afloraran los sentimientos y tuvieran lugar reacciones similares a la acción o actos violentos, pues fueran cuales fueren las versiones sobre los diferentes escenarios que llevaron al estallido del conflicto y su feroz recrudecimiento, la realidad estadística indica que la inmensa mayoría de los muertos fueron ciudadanos kurdos. Posteriormente, se supo que la provincia en general, y en especial la ciudad de Qamishle, presenciaron un temprano entrenamiento de lo que acabaría siendo la especialidad de la Cuarta División ocho años después en Daraa, Duma, Muaddamiya, Harasta, Hama, Homs, Deir Ezzor y Baniyas. También presenciaron el apostamiento de Maher al-Asad, el líder de facto de la Cuarta División, en el mismo lugar en el que se recuerda el apostamiento de gente como Rifaat al-Asad, Ali Haydar o Shafiq Fayyad en Palmira, Hama y Alepo a comienzos de los ochenta. 

Es obvio que la decisión de hacer uso de la violencia en muchos puntos nació del hecho de que el régimen había comenzado a mostrar una excesiva dosis extra de su desprecio por los kurdos de Siria tras la ocupación de Iraq, como si los prohombres del régimen se hubieran convencido firmemente de que esa región, y los kurdos especialmente, podrían volverse un caballo de Troya al que recurriera la administración del presidente estadounidense George Bush hijo si quisiera dar un paso adelante para desestabilizar al régimen de Damasco. Unas pocas semanas antes del levantamiento de Qamishle, Bashar al-Asad había informado a los periodistas del New York Times de que los “41 sospechosos” que habían sido enviados a juicio por asistir, o mejor dicho, pretender asistir a un foro sobre la ley de emergencia que tuvo lugar en Alepo, son “kurdos que amenazan la unidad nacional”.

Por otra parte, la provincia de Hassake pertenecía a lo que se conoce en Siria con el nombre de “las provincias orientales” que han sido siempre víctimas de la desatención, la falta de interés y la total desconsideración por parte de las autoridades locales por una razón principal (que, claro está, no se hace pública) y es que sus habitantes provocaban dudas, bien por pertenecer a las minorías (kurdos, siriacos, asirios, armenios), bien por sus lazos con el vecino iraquí, lazos de tipo histórico, cultural, social y familiar, que los hicieron menos afines a los gobiernos del Baaz desde 1963 en general y durante las décadas del Movimiento Correctivo concretamente. La paradoja es que dichas provincias se consideran como “el almacén de Siria” pues en ella se concentran las riquezas del país y sus materias primas principales: en Hassake hay petróleo y agricultura de cosechas estratégicas como grano y algodón, en Deir Ezzor hay petróleo y por allí discurre el río Éufrates, en Raqqa hay electricidad y en ella se ubica la presa del Éufrates.
Si la diferencia era visible entre los ciudadanos de estas provincias y los de otras del interior y la capital, la discriminación que sufrían y sufren los kurdos se ha mantenido aún más fuerte y ha tenido mayor influencia, llegando al nivel de la retirada de  la nacionalidad, viéndose, por tanto, privados de los derechos de escolarización, de registro de los nuevos nacimientos y de viajar. A ello se une la falta casi total de sus derechos culturales y políticos principales. Por ejemplo, en la ciudad de Qamishle hay escuelas privadas que enseñan en siriaco y otras en armenio, pero el ciudadano kurdo no solo está privado de ese derecho natural, sino que la celebración de su fiesta más destacada (Noruz) precisa de un permiso específico de las autoridades competentes en materia de seguridad. Lo normal es que no se les conceda tal permiso, celebrándose la fiesta en praderas y montes de forma prácticamente secreta [...]".

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