lunes, 5 de marzo de 2012

Líbano ante la crisis siria

Amaia Goenaga publica un breve análisis en el Observatorio Político y Electoral del Mundo Árabe y Musulmán (OPEMAN) titulado "Líbano: el efecto de la crisis siria". Como siempre, muy oportuno para comprender las implicaciones de la revuelta popular en Siria en el vecino país del cedro.

"En las últimas semanas la prensa internacional ha encendido la alarma sobre un inminente efecto contagio de la crisis siria en Líbano. La alerta se disparaba el pasado 11 de febrero después de que 3 personas resultaran muertas tras enfrentamientos entre habitantes de los barrios vecinos de Bad al Tabbaneh, de mayoría suní, y de Jabal Mohsen, de mayoría alauí, en la ciudad norteña de Trípoli. En realidad, este tipo de altercados no suponen ninguna novedad. Las tensiones entre suníes y alauíes en la ciudad se remontan a los años 80’, y desde la salida de las tropas sirias del Líbano en 2005, todos los picos de tensión entre los grandes bloques políticos del país, 14M y 8M, han tenido replicas aquí. El último episodio de gravedad se produjo en junio de 2011, cuando enfrentamientos similares se saldaron con 7 muertos.

Trípoli en general, y Bad al Tabbaneh en especial, son zonas eminentemente suníes en las existe una gran rechazo hacia el régimen de Bashar al Asad. Aquí, el grueso de la población simpatiza con la familia Hariri y su partido Mustaqbal. En los últimos años incluso la mayoría de grupos islamistas suníes y salafistas, con gran influencia en la zona, se encuentran en el área de influencia de la familia. Es bien sabido que la enemistad de los Hariri con el régimen de Asad y con su principal aliado en Líbano, Hezbollah, es el eje de su discurso y de su actividad política.

Pero además, la población de la zona, especialmente los islamistas y salafistas, sufrieron con especial virulencia la ocupación siria, y la animadversión al régimen es generalizada entre sus filas. Jabal Mohsen, es una excepción. En este barrio que linda con Bad al Tabbaneh, vive concentrado el grueso de la población alauita de Trípoli, unas 60 o 70 mil personas. El resto de miembros de la comunidad, otras 60 o 70 mil personas (no hay cifras oficiales), viven en el norte cerca de la frontera con Siria. La comunidad alauí, con muy poca influencia social y política en Líbano, a pesar de contar con 2 diputados en el parlamento, siempre ha estado protegida por el régimen sirio y apoya incondicionalmente a Bashar al Asad.
Todo lo que sucede en Siria es política interna en Líbano. Las tropas sirias entraron en Líbano en 1976 durante la primera fase de la guerra civil. Con el final del conflicto (1990) el régimen consolidó su dominio sobre el país, hasta que en 2005, tras 15 años de arbitraje y control absoluto de la vida política nacional, tuvo que retirar sus tropas forzado por la virulenta contestación social y política que estalló tras el asesinato del ex primer ministro Rafik Hariri; y por la presión internacional.

Sin embargo la salida de sus tropas no supuso el final de la influencia siria sobre el Líbano. Todo un sector de la clase política libanesa encabezado por Hezbollah, y que cuenta con un amplísimo respaldo social, ha seguido en la órbita del régimen; y éste ha seguido marcando los tiempos de la vida política libanesa de una manera u otra. En realidad, la base del problema es que el factor sirio es un elemento determinante en la lucha por el control del poder político que mantienen desde 2005 los dos grandes bloques políticos del país, el 8 de Marzo (8M), liderado por Hezbollah, y el 14 de Marzo (14M) liderado por la familia Hariri. Es esta lucha la que ha polarizado peligrosamente a la vida social y política en Líbano en los últimos años y la que mantiene al país en un estado de tensión constante.

En este contexto, el actual gobierno libanés, liderado por Najib Mikati, y dominado por el 8M, ha optado por mantener una política de neutralidad. En octubre de 2011, siendo miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, Líbano se abstuvo de votar la primera resolución de condena que se propuso contra el régimen de Asad. También se abstuvo de votar sobre la suspensión de Siria en la Liga Árabe y sobre el envío de la misión de observación al país. Esta misma semana Líbano no ha enviado ningún representante a la conferencia internacional de amigos de Siria celebrada en Túnez.

No obstante, los principales actores políticos sí se han posicionado. Hezbollah defiende al régimen abiertamente y sostiene sus tesis sobre un complot internacional para hacerlo caer (la organización chií había apoyado abiertamente las revueltas en el resto del mundo árabe). El 14M por su parte condena abiertamente la represión del gobierno sirio sobre los opositores (no apoyó las revueltas en Egipto o en Túnez por ejemplo), y también ha criticado la política de neutralidad del gobierno. De hecho hay rumores, no confirmados, que apuntan a que algunos integrantes del bloque podrían estar financiando y proveyendo armas a los opositores sirios. No obstante, el pasado 27 de febrero, Amin Gemayel, uno de los principales líderes maronitas del 14M, se distanciaba del discurso oficial del bloque, apoyado la política de disociación del ejecutivo por temor a una extensión del conflicto al Líbano [...]".

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