jueves, 1 de marzo de 2012

Hama-Homs: vasos comunicantes

Aministía Internacional recupera, coincidiendo con el treinta aniversario de la masacre de Hama, algunos testimonios de los supervivientes del asedio y destrucción de la ciudad en 1982. Ahora, el régimen sirio perpetra a diario matanzas en Homs sin que la comunidad internacional se dé por aludida.

"El asedio militar sirio sobre Homs, que ha entrado en su cuarta semana sin dar señales de remitir, despierta el recuerdo de la masacre perpetrada hace 30 años en la vecina ciudad de Hama.

Hace tres decenios, soldados sirios enviados por el gobierno de Hafez el Asad, padre del presidente actual, Bachar el Asad, pusieron en marcha un sangriento asedio sobre Hama que duró 27 días. La operación sucedió a una emboscada tendida a los soldados por miembros de la prohibida Hermandad Musulmana y a varios ataques contra autoridades y presuntos “colaboradores”. Es posible que el número final de víctimas se elevara a 25.000 en ambos bandos.

Entre 6.000 y 8.000 soldados fueron enviados a Hama en febrero de 1982, según informes de prensa e información recibida por Amnistía Internacional. Se bombardearon desde el aire zonas antiguas de la ciudad para permitir la entrada de tropas y tanques por las estrechas calles de la ciudad.
Al parecer, el antiguo barrio de Hadra fue arrasado por tanques en los cuatro primeros días de enfrentamiento armado.
El 15 de febrero de 1982, tras varios días de intensos bombardeos, el ministro de Defensa sirio anunció que se había sofocado el levantamiento en Hama. Pero no cesó el asedio a la ciudad, que continuó aislada. Tras dos semanas de registros casa por casa y de detenciones generalizadas, con informes contradictorios sobre atrocidades y masacres de habitantes inocentes por las fuerzas de seguridad que dificultaron la tarea de establecer con certeza lo ocurrido. Algunos de estos informes tenían relación con abusos, incluidos homicidios cometidos por grupos de oposición.

Sobrevivientes del asedio de Hama en 1982 han relatado recientemente su experiencia de aquel horror a Amnistía Internacional, incluidas masacres y torturas.

Aun después de los hechos, los sobrevivientes siguieron viviendo rodeados de temor. Tras el ataque de 1982, el tío de Maha Mousa fue acusado de pertenecer a la Hermandad Musulmana y detenido. Aunque negó las acusaciones, sufrió tortura y muerte bajo custodia. Según Mousa, cuando devolvieron su cuerpo a la familia le faltaban los ojos y las uñas. También recordó que, en un ataque contra el templo de la ciudad, la mezquita de Masud, se dio muerte a unos 60 hombres y posteriormente las fuerzas de seguridad les cortaron los dedos y los colocaron a lo largo de los muros de la mezquita. “Nadie se atrevió a retirarlos de allí durante los dos años siguientes a la masacre. Tal era el miedo” aseguró.

El asalto militar a Hama en 1982 no fue un episodio aislado, sino más bien la culminación de las tensiones que venían acumulándose desde hacía años entre el gobierno de Hafez el Asad y sus opositores políticos. Según contaron sobrevivientes a Amnistía Internacional, en los años anteriores al asalto el ejército sirio había ido extendiendo gradualmente los puestos de control por la ciudad y llevado a cabo ataques aislados contra la oposición.

Pero los residentes de Hama no estaban preparados para la escalada de la violencia y la brutalidad de los acontecimientos de febrero de 1982. La noche del 2 de febrero de ese año, tras la emboscada tendida por la Hermandad Musulmana a los soldados, los habitantes de la ciudad se despertaron con el ruido de intensos tiroteos. A lo largo de las semanas siguientes estuvo interrumpido el suministro de energía y alimentos, y los habitantes asediados vivieron en permanente estado de temor debido a los disparos incesantes.

“Sólo cinco días después me marché de casa; ayudé a enterrar a una mujer embarazada y luego volví [a casa]” afirmó Abd al Hadi al Rawani, antiguo habitante de Hama que ahora reside en Londres.“Al décimo día volví a marcharme, pero [...] fue tal el trauma de ver tantos cadáveres que regresé.”

A las tres semanas del asedio de Hama, el ejército convocó una concentración progubernamental. Según Abd al Hadi al Rawani, las fuerzas de seguridad mataron a un gran número de personas que se habían quedado en sus casas en lugar de asistir a la manifestación. “Lo que está pasando en Siria en estos momentos es idéntico a lo ocurrido en Hama en 1982: la gente quiere libertad y el régimen la reprime”.

Ya no están aisladosAunque las tácticas militares descritas por los sobrevivientes de Hama se asemejan a las empleadas en Homs y otras ciudades en la actualidad, la sensación de aislamiento que tuvieron sus habitantes en 1982 ha disminuido. “Ahora la gente conoce las mentiras y los crímenes del régimen; ya sabemos cómo funciona la seguridad política” afirmó Ayad Khatab, originario de Hama y que ahora vive en el extranjero. “Hama ya no está aislada, hay solidaridad entre distintas ciudades. Es algo que sube la moral no sólo en Hama, sino en todo Siria [...] ya no tienen miedo”.

Pero eso ha cambiado, ya que ahora salen más imágenes de vídeo y relatos de testigos presenciales de las ciudades sirias a través de Internet, la telefonía móvil y las comunicaciones vía satélite. “La diferencia fundamental está en que, en 1982, Hama quedó totalmente destruida y en los pueblos de alrededor no lo supieron hasta una semana después” contó Mohamed a Amnistía Internacional. “Los medios de comunicación representan la mayor amenaza para el régimen; por eso, el peor delito que se puede cometer hoy en Siria, en opinión del gobierno, es facilitar información a los medios de comunicación extranjeros”.
Maha Mousa, que en la actualidad tiene 49 años y reside en Londres, ha recordado su experiencia del asedio. El ejército ocupó la casa de su familia y colocó francotiradores en el tejado. Ella recuerda su sensación de repugnancia ante la visión de los cadáveres en el exterior. Al morir su abuela por causas naturales durante el asedio, la familia no supo adónde llevar el cuerpo: “Preguntamos a los militares que estaban en nuestra casa qué debíamos hacer con el cadáver. Uno nos dijo que lo sacáramos a la calle sin más. Pero recuerdo haber mirado por la ventana y haber visto unos perros devorando los cadáveres que ya inundaban nuestra calle, y haber pensado que no podía sacar allí a mi abuela para que se la comieran los perros.

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