miércoles, 28 de marzo de 2012

La sociedad civil en la Intifada siria

La revista Middle East Quarterly me publica en su nuevo número de primavera de 2012 mi artículo "Syria´s Struggling Civil Society" dentro de un monográfico que dedican a la Intifada Siria. A continuación algunos pasajes traducidos al español:

"El artículo 8 de la Constitución establece que el Baaz es “el partido líder en el Estado y la sociedad”, lo que impidió la aparición de partidos independientes tras el golpe militar de 1963. Debido a esta circunstancia, la labor que desempeñan las personalidades e intelectuales que conforman la sociedad civil siria más politizada ha sido y es central para comprender las reivindicaciones de una parte significativa de la sociedad siria. Conocidos por su implicación en el Manifiesto de los 99, el Manifiesto de los Mil, la Declaración de Damasco o la Declaración Beirut-Damasco sus opiniones son, a pesar de la sistemática represión de la que son objeto, valoradas y respetadas por quienes defienden el fin del régimen, el respeto de las libertades civiles y la instauración de una verdadera democracia.
Si bien es cierto que son los Comités de Coordinación Locales quienes llevan el peso a la hora de movilizar a la población, también lo es que las proclamas, manifiestos, artículos y declaraciones de estas personalidades independientes, difundidos a través de los principales medios de comunicación árabes e internacionales, son seguidos por un segmento importante de los manifestantes teniendo incluso más peso que el de los propios partidos políticos tradicionales radicados en el exilio, todo ello a pesar de que ninguna de estas figuras cuenta con una amplia base social. No en vano tanto el Comité de Salvación Nacional como el Consejo Nacional de Transición, creados en sendas conferencias celebradas en Estambul con el patrocinio turco, tienen una nutrida representación de este grupo de personalidades.

Un largo compromiso con las libertades
Los regímenes autoritarios siempre han sido poco proclives a aceptar la consolidación de una oposición política o social y hostiles al desarrollo de una sociedad civil independiente que, al constituir una esfera de actividad ciudadana al margen de su control directo, podría convertirse en un contrapeso al poder estatal. Medio siglo de control absoluto del país por parte del Baaz ha impedido el surgimiento de una alternativa política al actual sistema de partido único y extendido entre la población un complejo atávico a cualquier tipo de activismo político antigubernamental. Como resultado de la represión, la oposición ha sido diezmada y la población se ha despolitizado.
Esta circunstancia explica que fuera un reducido grupo de personalidades críticas e intelectuales disidentes (entre los que se encuentran Hayzam al-Malih, Anwar al-Bunni, Michel Kilo, Suhayr al-Atasi, Arif Dalila, Riad Sayf y Riad al-Turk) quien reclamase la apertura y el cambio tras la llegada a la presidencia de Bashar al-Asad en septiembre de 2000. Durante la Primavera de Damasco se crearon decenas de foros de debate y asociaciones de defensa de los derechos humanos que reclamaron la liberalización política y la apertura democrática.
La carta de presentación de este sector de la sociedad civil siria fue el Manifiesto de los 99 (27 de septiembre de 2000), firmado por numerosos intelectuales entre ellos Burhan Ghalyun, Sadiq al-Azm, Michel Kilo, Abd al-Rahman Munif, Adonis o Haydar Haydar, quienes coincidían en que “el establecimiento de un régimen nacional democrático es la aproximación elemental para un plan de cambio y reforma". El manifiesto también pedía la derogación de las leyes de emergencia, la liberación de los presos políticos y el fin de todas las formas de persecución política.
El 1 de enero de 2001 un grupo de abogados sirios pidió una reforma constitucional completa, la anulación de las leyes de excepción y la concesión de plenas libertades civiles. El día 10 de ese mismo mes se publicó la carta fundacional de los Comités de la Sociedad Civil más conocida como Manifiesto de los Mil, firmado entre otros por Michel Kilo, Sadiq al-Azm o Arif Dalila. El 7 de marzo de ese mismo año se autorizó la creación de organizaciones independientes de defensa de los derechos humanos (que, como el Comité de Defensa de los Derechos Humanos, defendían la liberación de los presos políticos y el fin de las detenciones arbitrarias y de las torturas) y de asociaciones culturales y sociales integradas por islamistas moderados (entre ellos, el Centro de Estudios Islámicos dirigido por Muhammad Habash, un ulema aperturista opuesto a los Hermanos Musulmanes que disfrutaba de un escaño en el Parlamento). El 3 de julio se estableció la Asociación de Derechos Humanos de Siria con el abogado Hayzam al-Malih como presidente.
Pero la Primavera de Damasco también evidenció la incapacidad de esta intelligentsia para formar un frente único y, la escasa disposición del régimen a tolerar sus actividades. Como destaca Caroline Donati, pronto se puso en evidencia “la debilidad de una oposición laica, laminada por los años de represión y por la emigración, minada por las rivalidades personales instrumentalizadas por el poder”.
Ante la proliferación de espacios donde se debatía libremente sobre el futuro de Siria (en pocos meses se crearon dos centenares de foros y clubs de debate), el régimen decidió reaccionar invocando la necesidad de mantener la unidad nacional ante las amenazas externas. En el curso de dicho movimiento reactivo, iniciado en septiembre de 2001, fueron detenidos los diputados Riad Sayf y Mamun al-Homsi, el economista Arif Dalila, el médico Anwar al-Bunni y el portavoz del Foro Atasi Habib Aysa. Con posterioridad también fueron encarcelados Kamal al-Labwani y Hayzam al-Malih. Todos ellos fueron condenados a penas de entre tres y doce años de prisión por debilitar el sentimiento nacional y sembrar la discordia religiosa y sectaria. A otras destacadas personalidades de la sociedad civil como Ridwan Ziyyade (director del Centro Damasco para Estudios sobre los Derechos Humanos) o Suhayr al-Atasi (directora del Foro Yamal al-Atasi para el Diálogo Democrático) se les impidió abandonar el país.
En un abierto desafío al régimen, estas personalidades incidieron en sus llamamientos reformistas el 16 de octubre de 2005 con la Declaración de Damasco que reclamaba el establecimiento de un gobierno plenamente democrático, la supresión de las leyes de emergencia y la plena igualdad de todos los ciudadanos independientemente de su etnia. La declaración era el resultado de los esfuerzos del opositor Michel Kilo para unificar a las principales fuerzas políticas, incluidos los ilegalizados Hermanos Musulmanes, con cuyo líder se reunió en Marruecos previamente y con quien acordó un programa basado en la no violencia, la democracia, la unidad de la oposición y el cambio político. Tras la Declaración Beirut-Damasco (6 de abril de 2006), que demandaba el reconocimiento sirio de la independencia libanesa, el establecimiento de plenas relaciones diplomáticas y el trazado de fronteras entre ambos países, se registró una segunda ola de detenciones en el curso de la cual fueron encarcelados el periodista Michel Kilo y el abogado Anwar al-Bunni. Con estas medidas ejemplazarizantes se pretendía evitar que estas personalidades siguieran desarrollando su labor y sus reivindicaciones despertasen a la sociedad siria de su letargo político".

1 comentario:

  1. Hola Ignacio, soy un alumno de Historia que fue al principio del cuatrimestre a preguntarte sobre la situación en Siria. Quería preguntarte unas dudas que tengo sobre el trabajo que estoy haciendo:
    ¿Qué ideología tienen los firmantes del pacto de Damasco?
    ¿Cuántos exiliados sirios hay en Turquía?

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