jueves, 18 de noviembre de 2010

¿Para qué una nueva moratoria?

Leo en El País un interesante artículo titulado 'Lo mío es mío y lo tuyo es negociable' de Lluís Bassets sobre la nueva moratoria de 60 días en la colonización de Cisjordania que negocian a contrarreloj EEUU e Israel.

Que el proceso de paz se ha convertido en algo surrealista es algo por todos conocido. Al parecer ya no se trata de pactar el establecimiento de un Estado palestino sobre los territorios que Israel ocupa ilegalmente desde 1967, sino de una interminable negociación de bazar en la que Israel siempre sale ganador y los palestinos no dejan de perder cada día algo más. En lugar de castigar a Israel por incumplir sistemáticamente el Derecho Internacional y por negarse a retirarse de los territorios palestinos de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este, la comunidad internacional, y de manera especial EEUU, siempre encuentran la manera de recompensarle de manera generosa.

Ahora EEUU ofrece a Israel 20 aviones invisibles F-35 a cambio de, nada más y nada menos, congelar unos días la construcción de colonias. No sólo eso: además la Administración de Obama habría garantizado que utilizarán su derecho a veto para impedir que el Consejo de Seguridad reconozca una declaración unilateral de independencia palestina, tal y como pretendía hacer el primer ministro Salam Fayad el próximo verano. Este cheque blanco parece indicar que el dúo Obama-Clinton parece haber abandonado cualquier esperanza de alcanzar un acuerdo durante esta legislatura. O lo que es lo mismo: la estrategia obstruccionista de Benjamin Netanyahu ha logrado imponerse una vez más.


A continuación, algunos de los extractos del articulo de Lluís Bassets:

"Netanyahu no quiere la paz, sino el proceso. Es decir, mantener a los palestinos sentados en una mesa de negociación en la que nada quiere ceder. Eso le permite seguir gobernando con una ultraderecha reacia a todo acuerdo y sin disposición alguna a renunciar a la entera Cisjordania. Parte de un principio de asimetría habitual en esta negociación desequilibrada: lo mío es mío y no es objeto de negociación alguna, mientras que lo que vamos a negociar es cómo nos repartimos lo que es tuyo. Israel trabaja con la premisa de que una parte de los territorios palestinos ocupados le pertenecen y jamás serán devueltos: este es el caso de Jerusalén Este y de las mayores colonias construidas en Cisjordania".

"La derecha israelí se halla crecida. Por la victoria republicana en las elecciones de mitad de mandato y por la capacidad de Netanyahu de enredar y sacar petróleo de Washington. La ultraderecha y los colonos también: la moratoria anterior de 10 meses ha sido vulnerada en decenas si no centenares de ocasiones, sin contar que tampoco alcanzaba a Jerusalén, donde se han seguido construyendo viviendas para israelíes y expulsando a población nativa árabe".

"Una de las diferencias entre la fuerza de Israel y de Palestina estriba en el papel de sus respectivos radicales. Mientras que el extremismo israelí suma, el palestino resta. Los israelíes que se oponen a los dos Estados, a la moratoria en la construcción de asentamientos e incluso a la negociación hacen valer su voz y su fuerza para arrancar más concesiones de Estados Unidos, mientras que quienes se resisten a las concesiones por el lado palestino lo que consiguen es debilitar a su presidente, Mahmud Abbas".

"El acuerdo esbozado entre Hillary Clinton y Netanyahu deja a los palestinos sin bazas negociadoras. Hay congelación, pero no es total: se siguen construyendo 3.000 viviendas ya proyectadas y Jerusalén no entra en el acuerdo. El arma disuasoria palestina del reconocimiento en Naciones Unidas queda desactivada por el compromiso de Washington para utilizar su veto en el Consejo de Seguridad".

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