miércoles, 19 de octubre de 2011

Levy sobre Shalit

Veo en el portal argentino El Puercoespín la traducción de un artículo del periodista Gideon Levy, publicado originalmente en Haaretz, sobre el tema del día en Israel: la liberación del soldado israelí (y de cientos de presos palestinos, muchos de ellos encarcelados durante años sin ningún juicio).

"Este fin de semana, hasta la loción para después de afeitar de Gilad Shalit fue un tema de discusión. Un comentador de alto nivel informó a la galvanizada nación, con infinita seriedad, que los expertos en psicología de las Fuerzas de Defensa Israelíes recomendaban a su familia que le llevaran su loción de afeitar favorita para hacer más fácil su regreso. Un cartel electrónico en la entrada de un bar de Tel Aviv emitía un mensaje no menos grotesco: “Precios especiales para tragos de Absolut y Finlandia.. Bienvenido a casa, Gilad Shalit”.
Shalit regresará a su casa el martes, como se ha esperado. Regresará no a un país sino a una telenovela en la que las emociones son siempre y para siempre el único idioma. Debemos desear que regrese con buena salud mental, pero ciertamente no estará regresando a una sociedad saludable. Regresará a una sociedad en psicosis. La psicosis nacional alrededor de su suerte comenzó el día en que fue capturado y ahora está alcanzando su climax. Las FDI prepararon varios uniformes para él, se informó, para el caso de que el muchacho nacional haya perdido mucho peso –lo más importante es exhibirlo en uniforme, como corresponde a un héroe de guerra...

En el fin de semana, un brigadier retirado escribió: “Esa es exactamente la diferencia entre nosotros y ellos”. (¿Cuál es la diferencia exactamente? Eso no quedó claro). Y un general reservista declaró: “Hamas tiene un corazón de piedra” (como si alguien que detiene decenas de miles de prisioneros palestinos, algunos de ellos prisioneros políticos, algunos sin juicio, algunos detenidos durante años sin visitas familiares, tuviera un corazón de oro).

En los últimos cinco años, ni un solo israelí ha permanecido apático frente a la suerte de Shalit. Así debe ser, y es motivo de orgullo. Que se haya humanizado a un solo soldado, con una cara (pálida), con padres (nobles) y un abuelo (preocupado), y aún que haya sido convertido en un “chico”, es señal de una sociedad humanitaria. Uno puede incluso aceptar la naturaleza frenética de la sociedad israelí, que va de una situación extrema a otra en un pestañear. Los dos soldados que fueron muertos durante el secuestro de Shalit son soldados desconocidos, Shalit se conviritió en un héroe icónico; Isaac Rabin se convirtió de la noche a la mañana de primer ministro despreciado en santo. Soldados perdidos en acción han sido olvidados, otros soldados cautivos nunca se volvieron símbolos nacionales y sólo Shalit se convirtió en lo que se convirtió. Cinco años en los que sólo raramente un boletín noticioso no mencionara su existencia..

¿Quién no está en contra del terror y a favor de la liberación de Shalit? Pero la misma sociedad sollozante no se preguntó ni por un momento, con honestidad y coraje, por qué Shalit fue capturado. Ni por un momento se dijo a sí misma, con coraje y honestidad, que si continuaba por el mismo camino habría muchos más Gilad Shalits, muertos o capturados. En sucesivas elecciones votó, una y otra vez, por gobiernos de centro y de derecha, de los que garantizan que Shalit no será el último. Ató lazos amarillos y apoyó todas las banderas negras. Y ninguno lo dijo, con honestidad y coraje: Shalit es el precio inevitable de un estado que elige vivir por la espada para siempre.

Nadie lo preguntó nunca: ¿Por qué es permisible negociar con Hamas sobre la suerte de un solo soldado pero está prohibido hacerlo sobre la suerte de dos pueblos que se desangran? En cambio, la sociedad israelí se envuelve ahora en una capa de superioridad moral y de autoelogio: qué preocupados estamos por la suerte de un solo soldado. ¿Y qué hay de la suerte de muchos soldados, de un ejército entero, de un pueblo entero?".

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