martes, 11 de octubre de 2011

¿Minoría religiosa o mayoría confesional?

El diario libanés al-Safir publicó hace unos días este interesante artículo del escritor sirio Yusuf Salama con el título "Una minoría religiosa y una mayoría confesional no significan nada". La traducción del árabe al español ha sido realizada por el blog Traducciones de la Revolución Siria, que realiza un excelente trabajo no sólo en la traducción de artículos periodísticos, sino también de fotografías, blogs, lemas y mensajes procedentes de Siria.
"Hablar de una mayoría religiosa y una minoría también religiosa no tiene ningún sentido puesto que, si una de las sectas islámicas como, por ejemplo, la suní, supone una mayoría poblacional en uno u otro país revolucionario, ello no implica nada en el plano político si nos apoyamos en las categorías democráticas. En este caso, la mayoría no hace referencia más que una mayoría neutral porque no tiene un fondo político concreto. Esta carencia de fondo político es consecuencia de la multiplicidad  de intereses, tendencias, ideologías y visiones culturales y otros factores que definen las posturas políticas que se observan en esta secta que se define como mayoritaria.

Del mismo modo, la minoría religiosa en uno u otro país, ya sea la secta alauí, cristiana o ismailí es un concepto ficticio porque tampoco, por las causas que acabamos de mencionar, tiene un fondo político determinado. En consecuencia, las posturas a las que estas personas se acogen no están delimitadas por la adscripción religiosa, sino por los intereses políticos, económicos y sociales y las distintas visiones culturales que adoptan los miembros de este grupo que se denomina minoría religiosa. Esto es así en el caso de que tales minorías religiosas quieran vivir bajo un régimen democrático y representativo en el que las urnas sean la única fuente de poder...

¿Puede considerarse que el partido único constituye una mayoría o una minoría política? La respuesta a esto la encontramos, tal vez, en las carácterísticas del grupo religioso. Tanto el grupo religioso como el partido religioso que se considera portavoz de Dios y ejecutor de los deseos divinos en la tierra no puede considerarse una agrupación política porque parte de presupuestos suprahumanos que toda razón puede rechazar por razones lógicas o incluso ilógicas. Lo mismo sucede con el partido único que impone su dominio sobre uno u otro país: solo puede entenderse como una agrupación religiosa que está en un conflicto eterno contra los infieles y los que se alejan del Santo Espíritu.

Tomemos como ejemplo la organización de los comités revolucionarios en el sistema libio u órganos similares en otros países árabes: tales organizaciones políticas consideran que tienen la verdad absoluta y todo el que no opina como ellos en un infiel y un jariyí[2] que merece ser castigado y torturado según dicten las leyes. 

Para salir del callejón en el que un grupo no político domina el sistema de gobierno en el mundo árabe solo hay una opción y es que estos grupos gobernantes no políticos reconozcan la necesidad de una transición pacífica hacia el gobierno de un grupo político en el que podamos distinguir mayoría y minoría sobre una base puramente humana. Si no aceptan la transición pacífica hacia una vida política, estos grupos no políticos tendrán que asumir los peligros que ello conlleve, a cuya cabeza está la posibilidad de una intervención exterior que no diferencia entre un grupo y otro y ni siquiera entre un individuo y otro. Su objetivo son todos sin discriminar entre el gobernante y el gobernado. 

A tenor de lo dicho, no vemos ninguna razón aparente que justifique los temores de su Excelencia el patriarca Beshara al-Rai (al que reiteramos nuestro respeto y más alta consideración) en lo referente a la minoría cristiana en el mundo árabe y especialmente en Siria. Todas las desgracias de las que han sido víctimas los cristianos iraquíes han sido resultado de la invasión estadounidense de Irak y el estallido de las salvajes luchas sectarias entre suníes y chiíes que han quemado en su infierno a todos los iraquíes y, entre ellos, a los cristianos. Por eso, consideramos que la garantía de la seguridad es algo compartido entre cristianos y musulmanes: un sistema de gobierno laico donde, bajo ningún concepto, una secta se apropie del poder. Da igual si se trata de un secta que representa a la mayoría como los suníes en Siria o una de las sectas que se consideran minorías religiosas como los cristianos, los ismailíes o los alauíes. Las garantías han de ser para toda la sociedad y no para esta o aquella secta. Quien quiere garantías para una única secta parece indicar que está dispuesto a sacrificar al resto a costa de esa secta escogida...".

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