viernes, 23 de septiembre de 2011

El órdago palestino

Hoy publico en El Diario Vasco mi reflexión sobre la iniciativa palestina en la ONU. A pesar de las intensas presiones sufridas, Abbas demandará la admisión del Estado de Palestina como miembro pleno de la ONU esta tarde.

"Por primera vez en las últimas dos décadas, los palestinos han recuperado la iniciativa diplomática y tomado la delantera a Israel. Tras veinte años de negociaciones infructuosas, la Autoridad Palestina ha dicho «basta ya». La solicitud de admisión del Estado de Palestina en las Naciones Unidas es un órdago en toda regla a la comunidad internacional, que deberá pronunciarse al respecto y decidir si reconoce o no dicho Estado en las fronteras vigentes en 1967.
El destinatario de este órdago no es solo Israel, sino también Estados Unidos y la UE. Obviamente, a Israel le conviene prolongar indefinidamente las negociaciones, porque mientras tanto puede modificar la situación sobre el terreno expropiando nuevas tierras, construyendo miles de asentamientos para sus colonos y, en definitiva, haciendo inviable el surgimiento de un Estado palestino con continuidad territorial. La estrategia israelí consiste en ganar tiempo y poner cuantas más trabas mejor en el camino de la paz. Si en el pasado se decía que Arafat no era un interlocutor válido, ahora se subraya la debilidad de Abás. Cuando Hamas ganó las elecciones se dijo que nunca se negociaría con terroristas, pero cuando aceptaron la vía diplomática y se integraron en un gobierno de coalición entonces se dijo que no tenían ninguna credibilidad. También son críticos con el primer ministro Salam Fayyad, un tecnócrata que ha emprendido numerosas reformas y erigido una administración transparente, al que le reprochan su falta de respaldo popular. El objetivo no es otro que dilatar el proceso hasta el final de los tiempos.
Lo curioso es que la comunidad internacional ha terminado por asumir este argumento como válido. Tanto Estados Unidos como la UE consideran que la solución del conflicto palestino-israelí debe llegar a través de un acuerdo bilateral, aun a sabiendas de que Israel nunca dará la luz verde a un Estado palestino sobre Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este porque eso implicaría traicionar el proyecto sionista. El discurso de Barack Obama ante la Asamblea General no solo fue un jarro de agua fría para los palestinos, sino también una muestra de la manifiesta debilidad de quien hasta ahora ejercía la labor de mediador entre las partes. Al subrayar que no hay atajos para la paz y declarar inválidas todas las resoluciones de la ONU, Obama no hace más que posicionarse, una vez más, del lado israelí aceptando sus reivindicaciones como las legítimas y exigiendo a los palestinos que se resignen a vivir bajo la ocupación mientras no sean capaces de doblegarse a las exigencias de Netanyahu. La UE, por su parte, está completamente dividida ante la iniciativa palestina, lo que evidencia que no tiene una sino 27 políticas exteriores diferentes.
Lo que ni unos ni otros parecen comprender es que el reconocimiento internacional de Palestina en las fronteras de 1967 es el mejor medio para garantizar la estabilidad en la región. Unos y otros pasan por alto que los palestinos están abogando por el canal multilateral y por la vía pacífica para defender sus legítimas aspiraciones. Debe recordarse que la autodeterminación es un derecho inalienable recogido en la Carta de las Naciones Unidas y que, por lo tanto, no está sujeto a la aprobación de Israel, la potencia ocupante. Por eso es incompresible que toda la presión de la comunidad internacional se dirija a los palestinos para que cejen en su empeño y que Israel, que ocupa los territorios árabes desde hace más de cuatro décadas, no asuma ningún coste por su constante desafío a la legalidad internacional.
Además, la iniciativa palestina está planteada en términos positivos, ya que en todo momento se ha subrayado la voluntad de la Autoridad Palestina de retomar las negociaciones del estatuto final siempre que Israel congele la colonización. Lo que no tendría ningún sentido es permitir que Israel siga con su estrategia obstruccionista y prolongue la negociación durante otros veinte años, tiempo en el cual podría desplazar a otros 300.000 colonos a los territorios palestinos (como ha hecho desde la Conferencia de Madrid). Contrariamente a lo que pudiera parecer, el principal damnificado por esta política cortoplacista sería Israel, que se vería obligado a renunciar a la fórmula de los dos Estados de manera definitiva. Sin espacio físico para un Estado palestino, Israel tendría que elegir entre dos opciones: otorgar plenos derechos a su población (lo que significaría el fin de Israel como Estado sionista) o confinarlos en bantustanes (con lo que se crearía un régimen de 'apartheid').
Al reclamar la admisión del Estado de Palestina en las Naciones Unidas, Abás está lanzando de nuevo la pelota al tejado de la comunidad internacional que debe asumir, de una vez por todas, su responsabilidad en la creación del problema e involucrarse de manera activa en su resolución. Israel no puede seguir retrasando por más tiempo el momento de la verdad, porque los palestinos llevan esperando el Estado que les prometió el Plan de Partición desde hace sesenta y cuatro años. Solo una activa presión internacional llevará a Israel a replantearse su actitud desafiante. En el caso de que siga ignorando sistemáticamente el Derecho Internacional y violando los derechos humanos más elementales de la población ocupada, entonces deberían imponerse sanciones internacionales que lo lleven a reconsiderar su política. Por ello es tan importante que el Estado palestino sea un miembro pleno del sistema de las Naciones Unidas, lo que le permitiría firmar tratados internacionales y acudir al Tribunal Penal Internacional para exigir que Israel ponga fin a la ocupación".

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