viernes, 30 de septiembre de 2011

¿Cuántos sirios tienes que morir?

Ayer el diario Al-Quds al-`Arabi publica este artículo de la escritora siria Jawla Duniya bajo el título: "¿Acaso tienen que morir los sirios para mostrar la justicia de su causa?". La versión española ha sido recogida del blog Traduciones de la revolución siria:

"Los viernes se suceden, cada uno con un nuevo nombre, recogiendo, en la simpleza de esos nombres que apenas cuentan con tres palabras y a veces solo una, la intensificación de las esperanzas de los sirios, como si los sueños, las esperanzas y el sufrimiento crecieran con ese nombre, con el fin de convertirse en un mensaje claro para el interior y el exterior.

A la par, los medios de comunicación repiten ese nombre antes y después del viernes para ver qué ha decidido el pueblo revolucionario sirio para ese día de la semana. A veces el mensaje necesita semanas o incluso meses para que su significado se comprenda o para que se realicen sus objetivos. En otras ocasiones, se trata de un simple nombre para reprochar, expresar la preocupación o quejarse a Dios…

Este viernes, por ejemplo, el mensaje iba dirigido a la oposición: "Basta ya de intrigas, estamos hartos de vosotros, queremos que os unáis en pro de nuestro futuro que es violado a diario". Sin embargo, es como si a la oposición “le entrara por un oído y le saliera por el otro”, como si trabajaran en un contexto distinto. Parece que la revolución de la que hablan sucede en un universo paralelo, a años luz del dolor de los sirios y sus esperanzas. Estudian, tratan y se ponen de acuerdo en unas cosas para discrepar en otras, organizando conferencias y recayendo en ellas varias veces en un mismo país mientras evitan otros…
Pero sus ojos penetrantes no se apartan de las movilizaciones, como supervisando si aún les queda a los sirios aliento suficiente para seguir manifestándose y sacrificándose. Para saberlo se basan en dos indicadores que son algo tan simple como el número total de manifestaciones en Siria y el número de víctimas que han caído en un viernes determinado.

El primer indicador, el número de manifestaciones, les dice que aún pueden seguir hablando en nombre de los sirios y  que estos siguen comprometidos con la revolución con la que pretender seguir adelante. Se trata de un indicador de extrema importancia porque, sin revolución, la oposición no tendría ningún valor y nadie les escucharía. Así, les apasiona saber el gran número de manifestaciones que tienen lugar, lo celebran y hablan en su nombre.

En cuanto al segundo indicador, el número de víctimas, es importante porque les de la posibilidad de hablar del grado de represión con que el régimen se enfrenta a su pueblo. Cuantos más muertos, mayor es el grado de represión y, por tanto, las posibilidades de hacer saltar las lágrimas de los delegados de Naciones Unidas aumentan, como también aumenta el sentimiento de empatía de estos delegados con la justa causa siria que busca la libertad y la construcción del país con el que sueñan. Parece que los sirios tuvieran que morir en grandes números para que los que hablan en su nombre se sientan satisfechos y para que aquellos cuyo apoyo desean obtener muestren su empatía con la causa.

Me sorprende la contrariedad que provoca en algunos el hecho de que algunos los viernes “solo” haya habido 10 víctimas, 15 o incluso 20, como si consideraran que esa cantidad no basta, como si el portavoz dijera: “¿solamente?” Necesitan que haya muertes, destrucción, violencia e imágenes de salvajes asesinatos, brutales torturas, pieles arrancadas y desmembración de los cadáveres, cadáveres que son después lanzados a la cara de sus familiares a quienes se obliga a firmar que quienes mataron a sus hijos fueron las bandas armadas.

Es normal que el asesino demuestre su sadismo de esta brutal manera, mientras sonríe alegre a la cámara demostrando lo fuerte y poderoso que es ante la debilidad del ser humano que debe ser subyugado. No solo eso, sino que tambien ha de prohibírsele la capacidad de hablar u obrar y ha de ser obligado a hacer cosas que solo pueden hacer quienes se enfrentan a una muerte segura. Sí, podemos comprender que el asesino sea un sádico, pero, ¿qué hacer con el masoquismo de quienes hablan en nombre de la víctima? Algunos parecen avergonzarse en los medios por el hecho de reconocer que hoy ha caído un número insignificante de víctimas y tratan de agrandar el número aludiendo a otros tipos de violencia y represión, al corte de carretas, al cerco de ciudades, a la imposibilidad de acceder a los barrios, a la detención de jóvenes y niños. Solo así parece contento por haber cumplido su misión de forma satisfactoria a pesar de la "pobre" cosecha de víctimas del día.

¿Acaso necesitamos más empatía y lágrimas en la ecúneme para que se reconozca que nuestra causa es justa, que nos enfrentamos a algo a lo que no se ha enfrentado nadie y que estamos preparados para ser libres? ¿De veras lo necesitamos? ¿Necesitamos estas muertes diarias, estando alejados de nuestras familias y nuestros seres queridos, a manos de seres despiadados o por el disparo de un francotirador traidor que escoge a sus víctimas de forma aleatoria entre los centenares de manifestantes?

¿Es que las víctimas necesitan que sus rostros sean inocentes, sus vidas tiernas y que sus hijos aún no hayan nacido para que el mundo reconozca el tamaño de su desgracia? ¿Y nosotros, acaso necesitamos que nuestras jóvenes sean violadas y desmembradas para que alguno de ellos se atreva a decir al gobierno lo vil y bajo que es y que ha de ser derrocado?

¿Qué masoquismo los domina y domina al mundo para que se alegren al ver nuestros cuerpos, almas y dolores ser violados de esta brutal manera sin ser capaces de decir “Esto es inaceptable” y sin terminar de decidirse a ponerse de nuestro lado o exigir el derrocamiento del régimen para con ello poder atraer el apoyo internacional a nuestra causa?

¿Es que no basta que seamos seres humanos, seres humanos sirios llenos de vida y deseos de vivir y de lograr un futuro mejor en libertad en el marco de un Estado libre y democrático? ¿No sirve que estemos hastiados de este horrible régimen tras 50 años y que ya no lo queremos? ¿No basta el hecho de que “el pueblo quiere derrocar al régimen” porque, sencillamente, no lo quiere aguantar más y porque quiere otro régimen y otras caras que dirijan el país con una nueva constitución y nuevas leyes? ¿De verdad no basta? ¿O es que tenemos que morir para contentar a los masoquistas y alegrarles por el hecho de que,  ahora sí, nuestra causa es justa y puede ser defendida?".

jueves, 29 de septiembre de 2011

¿Existe la yihad civil?

Hace unos meses, la revista Awraq me pidió que reseñara el recomendable libro Civilian Jihad: Nonviolent Struggle, Democratization and Governance in the Middle East editado por Maria J. Stephan. Acaba de salir el número 3 de la nueva etapa de Awraq, que incuye dicha reseña. Incluyo algunos de sus fragmentos, porque creo que están de plena actualidad:

"Hasta el momento los movimientos que preconizan la no violencia en el mundo árabe-islámico no han suscitado excesiva atención en el mundo académico anglosajón. Al considerar a los países árabes e islámicos como un terreno en el que nunca podría germinar la semilla de la democracia, los académicos occidentales han tendido a infravalorar a quienes, en el curso de las últimas décadas, vienen abogando por la resistencia civil como un instrumento adecuado para combatir a los regímenes autocráticos. Probablemente la situación cambie a partir de ahora, debido a que las revoluciones populares árabes han mostrado su capacidad para derribar a gobiernos autoritarios como el tunecino o el egipcio cuestionando el paradigma de la ‘excepción árabe’.


Al contrario de lo que podría pensarse, el hecho de que las movilizaciones árabes hayan puesto fin a las dictaduras de Ben Ali o Mubarak no implica que las tesis defendidas por Maria J. Stephan en su libro Civilian Jihad. Nonviolent Struggle, Democratization and Governance in the Middle East hayan quedado desfasadas. Más bien todo lo contrario, puesto que si algo demuestran los participantes en esta obra coral es precisamente su capacidad para anticipar las profundas transformaciones que, en el curso de los últimos meses, ha experimentado el mundo árabe. Pese a que la mayor parte de los diecinueve capítulos que componen el libro se centran en acontecimientos registrados en el último medio siglo, a lo largo de la obra subyace la idea de que la resistencia civil y el activismo no violento podrían contribuir a asentar la democracia y el buen gobierno en el caso de darse las condiciones adecuadas, tal y como ahora parece ocurrir.
La editora de este sugerente y oportuno libro es Maria J. Stephan, profesora de la School of Foreign Service de la American University de Washington D.C. En la introducción, la profesora Stephan afirma que, a lo largo de la historia, “grupos en todo el mundo han adoptado la resistencia civil con un multitud de propósitos: resistir al colonialismo; enfrentarse a una invasión u ocupación extranjeras; contestar elecciones amañadas, dictaduras o gobiernos militares; lograr derechos para las minorías o erradicar la discriminación institucional”. Precisamente porque el mundo árabo-islámico se suele percibir como uno presidido por  el conflicto y la violencia es pertinente subrayar que sus poblaciones “han luchado durante décadas por los derechos, las libertades, la autodeterminación y la democracia sin emplear la violencia”. El libro pretende, por lo tanto, poner el foco sobre aquellas fuerzas que intentan impulsar la democratización y el buen gobierno, cuya labor es escasamente conocida en Occidente.


El escenario que Stephan dibuja no nos es completamente ajeno, puesto que el estallido de ira popular que se ha ido contagiando a buena parte de los países árabes tras la caída de los regímenes tunecino y egipcio ha servido para visualizar a los actores de la sociedad civil y para sacarlos del anonimato. En la misma introducción afirma que “la paciencia de la población ante la situación imperante se está agotando”: “los jóvenes sin trabajo y sin voz en la política están demandando con intensidad nuevas y radicalmente distintas formas de gobierno basadas en la voluntad popular”. Por eso, el papel de la juventud, la mujer y los movimientos nacionalistas e islamistas moderados constituyen el eje de reflexión del volumen.


Uno de los recelos de quien lee el libro es que la labor de la autora en la Oficina del Coordinador para la Reconstrucción y la Estabilización del Departamento de Estado norteamericano pudiera llevarle a asumir una actitud condescendiente y contemporizadora con la política exterior de EEUU. Las dudas iniciales se disipan rápidamente cuando Maria J. Stephan denuncia el doble rasero de la Casa Blanca en función de si se trata de regímenes amigos o enemigos. De hecho algunos de los capítulos, por ejemplo los dedicados a la resistencia civil en los Territorios Ocupados palestinos, a la Revolución Islámica iraní o a la política libanesa de Hezbollah rebasan claramente la línea de lo políticamente correcto para el establishment estadounidense".

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Entrevista sobre Siria

Hace unos días estuve departiendo sobre la situación siria con el periodista Gonzalo Canetti de la renovada página web de RTVE. El resultado lo podéis encontrar en el siguiente enlace: "La primavera árabe se atasca en los recovecos del laberinto sirio".

"La presión internacional contra Siria se endurece, y el régimen se queja. Prueba de ello ha sido el discurso del ministro sirio de Exteriores, Walid al Mualem, quien ha acusado este lunes en la ONU a Estados Unidos y a la Unión Europea (UE) de querer sembrar "el caos" en Siria para "desmembrar" el país mediante las sanciones económicas. Mualem se ha referido al paquete de sanciones aprobadas el pasado viernes por la UE contra el país árabe, que endurecen aún más las sanciones contra el régimen al prohibir nuevas inversiones en el sector petrolero, entre otras medidas.

En este escenario, tras la caída de Gadafi, y con el recuerdo de la del dictador egipcio Hosni Mubarak y el tunecino Ben Ali, una pregunta se plantea en la escena internacional: ¿Será Bachar Al Assad el siguiente en caer? "Podría ser una cuestión de tiempo, aunque sí que es cierto que más en el medio plazo que en el corto plazo", asegura a RTVE.es el profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Alicante, Ignacio Álvarez-Ossorio.

Siete meses de revueltas y más de 2.700 personas muertas, entre ellos cerca de 100 niños, según la ONU, han desgastado el respaldo interno al régimen. "A medida que estos apoyos se vayan reduciendo, el régimen irá perdiendo fuelle e incluso podrían surgir dentro personas partidarias de pasar página", añade el profesor Álvarez-Ossorio. Sin embargo, el laberinto de confesiones y alianzas estratégicas del país árabe hace que el modelo de Egipto o Libia no parezca aplicable al caso sirio.
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El Ejército: pieza clave
Como en Egipto, una de las claves se encuentra en la posición del Ejército. No obstante, la lealtad de buena parte de las fuerzas armadas está reforzada por la cuestión religiosa. En Siria en torno al 11% de la población pertenecen a la minoría alawí, la secta chií que domina el poder desde hace 40 años y que representa a otras minorías chiíes como los drusos y los ismaelíes frente a la mayoría suní (un 70%).

"Muchas minorías identifican el mantenimiento de su situación privilegiada al mantenimiento de los alawíes en el poder". Sin embargo, "la represión tan salvaje empieza a quebrar esa alianza tan estrecha" ya que la represión también ha alcanzado a alguna de estas poblaciones, asegura Álvarez-Ossorio.

Los aparatos de seguridad -especialmente los servicios de inteligencia- están dirigidos casi en exclusividad por miembros alawíes. De los 200.000 militares profesionales del ejército, alrededor de 140.000 son alawíes, apunta la cadena británica Sky News,  y la Jamestown Foundation añade que, además de las unidades de las Fuerzas Especiales, de unos 15.000 hombres, dos poderosas divisiones, la cuarta blindada y la Guardia Republicana, son leales al régimen.

Además, "al contrario que en Túnez o en Egipto, en el caso de Siria no existen vínculos en el Ejército con países occidentales lo cual es un inconveniente importante para que se tantee entre los mandos si habría elementos dispuestos a encabezar un golpe palaciego", apunta el profesor Álvarez-Ossorio.

A pesar de ello, y aunque la información es confusa, algunos medios han informado de la deserción de algunos miembros del ejército tras la represión, y podrían ser algunos miles, un indicio de que el régimen parece debilitarse.

La estabilidad en Oriente Medio
Una de las mayores preocupaciones de la comunidad internacional es la reacción de Irán, socio estratégico de Siria y con quien el país árabe firmó en 2008 un tratado de defensa mutuo. "Irán ve con verdadero pánico que haya una amplia movilización popular, que caiga un régimen que se considera un aliado estratégico y sobre todo teme la extensión de ese malestar a su territorio", apunta el experto.

Pero el régimen de los ayatolás no es el único interesado en el status quo. "Por paradójico que parezca, los dos grandes aliados hoy de Siria son Irán e Israel, que no quiere que haya un cambio de régimen porque el régimen que pueda sustituir al anterior pueda ser peor para sus intereses, como ha ocurrido en el caso egipcio", asegura el profesor.

La ambigüedad de Occidente
Quizá por este complejo entramado de alianzas estratégicas, la comunidad internacional ha reaccionado de manera ambigua con Siria. El régimen ha recibido una condena formal de la Asamblea de la ONU y el establecimiento de sanciones económicas por parte de la UE que ha endurecido en la última semana. Además, algunas voces en la Liga Árabe han pedido la suspensión de Siria de la organización. Ciertos actores de la oposición siria en el exilio han reclamado una actuación parecida a la de Libia pero su delicada situación estratégica lo hace poco viable.

"Es un país mucho más complicado desde el punto de vista geoestratégico. Mientras Libia estaba rodeado por dos países que ya habían emprendido sus propias revoluciones y tenían el visto bueno de los nuevos regímenes para emprender esa campaña, en Siria no existe ese escenario y podría tener repercusiones en los países vecinos ", concluye el profesor.

Por otra parte, una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que autorice algún tipo de intervención parecida a la de Libia parece casi imposible, ya que Rusia y China han advertido que vetarán cualquier iniciativa en este sentido. Un complejo laberinto que pone a prueba la capacidad de resistencia de la 'primavera árabe' en lo que empieza a mostrarse como una lucha de desgaste".

martes, 27 de septiembre de 2011

Escenarios tras la iniciativa palestina

Isaías  Barreñada acaba de publicar un recomendable análisis en el Real Instituto Elcano titulado "La iniciativa palestina en Naciones Unidas: expectativas, posibilidades y riesgos". A continuación reproduzco uno de sus extractos referido a los posibles escenarios que podrían plantearse  sobre el terreno:

"En función de la capacidad palestina de mantener su iniciativa original o de atenuarla, del éxito de las actuaciones israelíes, de las presiones de EEUU y del Cuarteto, de la capacidad de consenso de la UE y de las posiciones de otros actores, se plantean varios escenarios posibles:
  1. Escenario palestino: la admisión como Estado miembro. Supondría que la solicitud palestina es aprobada por el Consejo de Seguridad y por la Asamblea General, todo ello en un período corto de tiempo. La incorporación como Estado miembro pleno significaría una clara victoria palestina y una derrota política para Israel, así como la demostración palpable de que la comunidad internacional asume un papel más activo en la resolución del conflicto. Presupondría un acuerdo previo entre EEUU e Israel o un distanciamiento. Es el escenario óptimo para los palestinos, pero sus posibilidades son escasas por el probable veto de EEUU.
  2. Escenario europeo: la concesión del estatuto de Estado no miembro observador. Sea porque el Consejo de Seguridad rechaza la solicitud o porque no se llega a plantear para evitar el veto, la Asamblea General podría acordar elevar el estatuto de Palestina de entidad observadora a Estado observador. La resolución podría hacer referencia y reafirmar el Plan de partición de 1947, definir las fronteras o llamar a un futuro reconocimiento del Estado palestino. Aquí caben al menos dos posibilidades: (a) que este paso se dé con un acuerdo previo con algunos actores (UE y Cuarteto) que conlleve condiciones a una o a las dos partes (reactivación de las negociaciones bilaterales, condiciones del Cuarteto planteadas en 2006, garantías de seguridad, etc.), pero en el que cabrían incluso demandas israelíes (reconocimiento del carácter judío del Estado de Israel, Jerusalén capital de Israel, etc.); la UE opta claramente por esta fórmula light, de reconocimiento parcial condicionado; y (b) que la resolución demandada por Palestina se apruebe sin acuerdos previos ni condiciones. La aritmética de la Asamblea puede permitir a Palestina eludir la aceptación de condiciones previas, con lo que infligiría una modesta derrota política a Israel, pero también acarrearía el riesgo de deteriorar relaciones bilaterales, perder apoyos (donantes) y sufrir las represalias. En ambos casos se trataría de una victoria muy limitada que los palestinos deberían completar por más acción diplomática bilateral.
                         
  3. Escenario estadounidense: la aprobación de una nueva resolución de Naciones Unidas. En el caso de no obtener nada en materia de admisión o mejora de estatuto, cabría la aprobación de una nueva resolución que reafirmara las resoluciones previas, el apoyo al establecimiento del Estado palestino en el futuro, y que incluyera incluso una ampliación de privilegios de la Misión de Palestina en Naciones Unidas. Tal fórmula podría ser apoyada por EEUU y algunos socios occidentales, a modo de premio de consolación, dado que valoran el posible debilitamiento de una OLP-ANP marginada en la escena internacional. Este escenario supondría una derrota política para los palestinos.
  4. Escenario israelí: el fracaso de las iniciativas palestinas. Sea por la renuncia anticipada al prever resultados no satisfactorios o por una inesperada derrota, los palestinos pueden fracasar en su iniciativa y no obtener nada. Esta derrota diplomática puede alienar profundamente a los palestinos de sus donantes, pondría en peligro a la ANP y tendría consecuencias aún más nefastas para la OLP y el propio proyecto estratégico de dos Estados. Podríamos asistir a una implosión de la ANP y a un retorno de la iniciativa de la calle, una tercera Intifada, fruto de la frustración ante el abandono internacional y el bloqueo, implicando a palestinos bajo ocupación, refugiados y palestinos israelíes, con el apoyo de las sociedades árabes vecinas. En suma, se abriría la puerta a una nueva fase, totalmente impredecible, del conflicto. Asimismo, Israel puede intentar evitar la iniciativa palestina recurriendo a medidas de fuerza y provocando un incidente grave en Cisjordania y Gaza que altere totalmente las coordenadas y haga inviable la iniciativa en Naciones Unidas.
En los dos primeros escenarios, tras un éxito pleno o limitado, y a pesar de la ocupación, es previsible que se desencadenen reconocimientos bilaterales inmediatos por parte de muchos países dubitativos. En caso de éxito, el gobierno palestino reforzará sus iniciativas respecto a Jerusalén-este y las colonias y será previsible un incremento de las tensiones. Israel hará uso de palancas económicas (retención de transferencias financieras y condicionamiento de la ayuda) y diplomáticas (presionando sobre terceros países). Tampoco cabe descartar el recurso a la fuerza: una reocupación de zonas bajo control palestino tiene elevados costes pero pueden llevarse a cabo acciones puntuales contra Gaza, en los puestos fronterizos o en zonas que Israel quiere anexar. Y es previsible una aceleración de las obras en el muro de separación y en los asentamientos. En cualquier escenario es previsible un repunte de la violencia, a manos de Israel y de los colonos, o por parte de la población palestina frustrada.

En todo caso, la cuestión probablemente no se zanje en Nueva York en estos días. La carta de Abbas al secretario general y su discurso ante la Asamblea precisarán la posición palestina, descartando quizá algún supuesto barajado inicialmente. Por su parte, Ban Ki Moon ya ha anunciado que será difícil debatir esta cuestión en septiembre, por lo que es probable que dure varias semanas o meses".

lunes, 26 de septiembre de 2011

Abbas en la ONU: la hora de la verdad

Política Exterior me pidió una breve reflexión sobre el discurso del presidente de la Autoridad Palestina ante la ONU que ha sido publicada en su web con el título "Abbas en la ONU: la hora de la verdad". En el siguiente enlace se puede accede a su dicurso completo traducido al espaol.

"Tal y como estaba previsto, Abbas solicitó ante la Asamblea General de la ONU el reconocimiento del Estado de Palestina como miembro de pleno derecho en las fronteras vigentes en 1967. Con este movimiento, el presidente palestino no sólo pretende recuperar la iniciativa diplomática, sino también sentar unos nuevos cimientos para el proceso de paz de Oriente Medio. Uno de sus principales argumentos fue que el marco de Oslo ha quedado obsoleto como resultado de la estrategia obstruccionista israelí: “En los pasados años hemos llamado a todas las puertas y recorrido todos los caminos. Hemos considerado todas las ideas y propuestas. Todos esos esfuerzos fueron frustrados por el Gobierno de Israel, que rompió las negociaciones de paz”.

Abbas dejó claro que las negociaciones bilaterales no pueden prolongarse de manera indefinida. El proceso de paz arrancó en la Conferencia de Madrid en 1991 y los Acuerdos de Oslo fijaron como fecha tope para alcanzar un acuerdo definitivo el año 1999. Es evidente que a Israel le conviene prolongar indefinidamente las negociaciones, ya que mientras tanto puede modificar la situación sobre el terreno expropiando nuevas tierras, construyendo asentamientos para sus colonos y, en definitiva, haciendo inviable el surgimiento de un Estado palestino viable con continuidad territorial.

Ante este peligroso escenario, la dirigencia palestina parece haber llegado a la conclusión de que ha llegado la hora de la verdad. En uno de los momentos más emotivos de su discurso, Abbas señaló: “Tras 63 años de sufrimiento: basta, basta, basta. Es hora de que el pueblo palestino consiga su libertad y sus derechos. Ha llegado la hora de la primavera palestina, de la independencia”. Al reclamar la admisión del Estado de Palestina en la ONU, Abbas lanza la pelota al tejado de la comunidad internacional: “Es el momento de la verdad. Mi pueblo está esperando escuchar la respuesta del mundo. Somos el último pueblo en estar ocupado. ¿Permitirá el mundo a Israel estar por encima de la ley?”.

El presidente palestino también hizo guiños a Israel: “Extendemos nuestras manos al pueblo y al Gobierno de Israel para conseguir la paz. Construyamos juntos de forma urgente un futuro para nuestros hijos, construyamos los puentes del diálogo en lugar de controles y muros de separación”. En varias ocasiones rechazó el recurso al terrorismo y se mostró partidario de emplear únicamente la resistencia pacífica contra la ocupación. También puso énfasis en que “nuestros esfuerzos no van destinados a aislar ni a deslegitimar a Israel, sino a ganar legitimidad para el pueblo de Palestina”.

Otro de los asuntos centrales para Abbas es la imposibilidad de negociar mientras se coloniza el territorio palestino: “El Gobierno de Israel sigue confiscando la tierra de los palestinos a través de los asentamientos y acelerando la construcción del muro... Esta política destruirá la solución de los dos Estados”. La única condición que puso para retomar las negociaciones fue precisamente esa: “La OLP está lista para volver a la mesa negociación con un cese completo de las actividades de los colonos”.

Pese al anunciado veto de EEUU, la iniciativa palestina no es un brindis al sol sino el intento de establecer unas nuevas reglas del juego en la negociación con Israel. El discurso de Abbas, coherente y bien articulado, establece la nueva hoja de ruta para la independencia palestina".

viernes, 23 de septiembre de 2011

El órdago palestino

Hoy publico en El Diario Vasco mi reflexión sobre la iniciativa palestina en la ONU. A pesar de las intensas presiones sufridas, Abbas demandará la admisión del Estado de Palestina como miembro pleno de la ONU esta tarde.

"Por primera vez en las últimas dos décadas, los palestinos han recuperado la iniciativa diplomática y tomado la delantera a Israel. Tras veinte años de negociaciones infructuosas, la Autoridad Palestina ha dicho «basta ya». La solicitud de admisión del Estado de Palestina en las Naciones Unidas es un órdago en toda regla a la comunidad internacional, que deberá pronunciarse al respecto y decidir si reconoce o no dicho Estado en las fronteras vigentes en 1967.
El destinatario de este órdago no es solo Israel, sino también Estados Unidos y la UE. Obviamente, a Israel le conviene prolongar indefinidamente las negociaciones, porque mientras tanto puede modificar la situación sobre el terreno expropiando nuevas tierras, construyendo miles de asentamientos para sus colonos y, en definitiva, haciendo inviable el surgimiento de un Estado palestino con continuidad territorial. La estrategia israelí consiste en ganar tiempo y poner cuantas más trabas mejor en el camino de la paz. Si en el pasado se decía que Arafat no era un interlocutor válido, ahora se subraya la debilidad de Abás. Cuando Hamas ganó las elecciones se dijo que nunca se negociaría con terroristas, pero cuando aceptaron la vía diplomática y se integraron en un gobierno de coalición entonces se dijo que no tenían ninguna credibilidad. También son críticos con el primer ministro Salam Fayyad, un tecnócrata que ha emprendido numerosas reformas y erigido una administración transparente, al que le reprochan su falta de respaldo popular. El objetivo no es otro que dilatar el proceso hasta el final de los tiempos.
Lo curioso es que la comunidad internacional ha terminado por asumir este argumento como válido. Tanto Estados Unidos como la UE consideran que la solución del conflicto palestino-israelí debe llegar a través de un acuerdo bilateral, aun a sabiendas de que Israel nunca dará la luz verde a un Estado palestino sobre Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este porque eso implicaría traicionar el proyecto sionista. El discurso de Barack Obama ante la Asamblea General no solo fue un jarro de agua fría para los palestinos, sino también una muestra de la manifiesta debilidad de quien hasta ahora ejercía la labor de mediador entre las partes. Al subrayar que no hay atajos para la paz y declarar inválidas todas las resoluciones de la ONU, Obama no hace más que posicionarse, una vez más, del lado israelí aceptando sus reivindicaciones como las legítimas y exigiendo a los palestinos que se resignen a vivir bajo la ocupación mientras no sean capaces de doblegarse a las exigencias de Netanyahu. La UE, por su parte, está completamente dividida ante la iniciativa palestina, lo que evidencia que no tiene una sino 27 políticas exteriores diferentes.
Lo que ni unos ni otros parecen comprender es que el reconocimiento internacional de Palestina en las fronteras de 1967 es el mejor medio para garantizar la estabilidad en la región. Unos y otros pasan por alto que los palestinos están abogando por el canal multilateral y por la vía pacífica para defender sus legítimas aspiraciones. Debe recordarse que la autodeterminación es un derecho inalienable recogido en la Carta de las Naciones Unidas y que, por lo tanto, no está sujeto a la aprobación de Israel, la potencia ocupante. Por eso es incompresible que toda la presión de la comunidad internacional se dirija a los palestinos para que cejen en su empeño y que Israel, que ocupa los territorios árabes desde hace más de cuatro décadas, no asuma ningún coste por su constante desafío a la legalidad internacional.
Además, la iniciativa palestina está planteada en términos positivos, ya que en todo momento se ha subrayado la voluntad de la Autoridad Palestina de retomar las negociaciones del estatuto final siempre que Israel congele la colonización. Lo que no tendría ningún sentido es permitir que Israel siga con su estrategia obstruccionista y prolongue la negociación durante otros veinte años, tiempo en el cual podría desplazar a otros 300.000 colonos a los territorios palestinos (como ha hecho desde la Conferencia de Madrid). Contrariamente a lo que pudiera parecer, el principal damnificado por esta política cortoplacista sería Israel, que se vería obligado a renunciar a la fórmula de los dos Estados de manera definitiva. Sin espacio físico para un Estado palestino, Israel tendría que elegir entre dos opciones: otorgar plenos derechos a su población (lo que significaría el fin de Israel como Estado sionista) o confinarlos en bantustanes (con lo que se crearía un régimen de 'apartheid').
Al reclamar la admisión del Estado de Palestina en las Naciones Unidas, Abás está lanzando de nuevo la pelota al tejado de la comunidad internacional que debe asumir, de una vez por todas, su responsabilidad en la creación del problema e involucrarse de manera activa en su resolución. Israel no puede seguir retrasando por más tiempo el momento de la verdad, porque los palestinos llevan esperando el Estado que les prometió el Plan de Partición desde hace sesenta y cuatro años. Solo una activa presión internacional llevará a Israel a replantearse su actitud desafiante. En el caso de que siga ignorando sistemáticamente el Derecho Internacional y violando los derechos humanos más elementales de la población ocupada, entonces deberían imponerse sanciones internacionales que lo lleven a reconsiderar su política. Por ello es tan importante que el Estado palestino sea un miembro pleno del sistema de las Naciones Unidas, lo que le permitiría firmar tratados internacionales y acudir al Tribunal Penal Internacional para exigir que Israel ponga fin a la ocupación".

jueves, 22 de septiembre de 2011

Palestina: acceso denegado

Rafael Escudero, profesor de la Universidad Carlos III, publicó ayer en el diario Público el artículo "Palestina: acceso denegado", que se suma a las reflexiones sobre las implicaciones de la entrada del Estado de Palestina en la ONU. Mañana es el gran día!

"La pretensión palestina de convertirse en miembro de pleno derecho de Naciones Unidas va camino de frustrarse por el anuncio adelantado del presidente Obama de vetar su solicitud. La Carta de las Naciones Unidas establece que la admisión de nuevos miembros compete a la Asamblea General por mayoría de dos tercios, previa recomendación del Consejo de Seguridad. Para ello, la solicitud debe contar con el voto favorable de nueve de sus 15 miembros, siempre que ninguno de los permanentes ejerza su derecho de veto, como es el caso.

Ante tal tesitura, la Autoridad Nacional Palestina puede optar por una segunda vía: acudir a la Asamblea General para que apruebe una declaración de reconocimiento internacional del Estado palestino y eleve su estatus en Naciones Unidas. Pasaría así de su actual condición de observador permanente, de la que goza desde 1988, a la de Estado observador permanente, como es el caso del Vaticano. Aún insuficiente, esta declaración tendría efectos políticos: situaría a Palestina en las Naciones Unidas como un Estado no miembro, a las puertas de su entrada como miembro de pleno derecho; supondría el reconocimiento del Estado palestino por quienes votasen a favor y colocaría en una difícil situación a quien vetara en el Consejo de Seguridad la plena admisión. Incluso, le permitiría ratificar el Estatuto de la Corte Penal Internacional, algo que aterroriza al Gobierno israelí.
                        
La existencia del Estado palestino no depende del resultado de esa votación, sea cual fuere. Su origen se remonta al Plan de Partición de Naciones Unidas de 1947, donde se propugnaba la creación de dos estados, israelí y palestino. Pero, mientras que el primero se consolidó rápidamente en el escenario internacional, la ocupación israelí impidió que sucediera lo mismo con el segundo. Ello llevó a Naciones Unidas a reconocer en 1974 el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación política, a la independencia y soberanía nacional y a fundar su propio Estado. En ejercicio del mismo, el Consejo Nacional Palestino declaró en 1988 el establecimiento del Estado palestino en las fronteras de 1967 y con capital en Jerusalén Este, aceptando así la solución de los dos estados.

Desde entonces, Palestina mantiene relaciones diplomáticas y comerciales con muchos estados, otros tantos la reconocen como tal, y participa con voz propia en organismos internacionales. Además, en los últimos años, las
autoridades palestinas han afianzado infraestructuras e instituciones políticas y económicas propias de los estados, reforzando su gobernabilidad. Organismos poco sospechosos de fomentar aventuras revolucionarias como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional acaban de refrendar la viabilidad de sus instituciones. A pesar de la ilegal ocupación de sus territorios y de la usurpación de su soberanía por parte de Israel, Palestina hoy es un Estado. Ocupado, sí, pero un Estado.


Poco tardó el Gobierno israelí en descalificar la solicitud palestina (de intento de “destrucción del Estado judío” la tildó su ministro de Asuntos Exteriores), amenazando con graves consecuencias y afirmando que la paz y el reconocimiento del Estado palestino sólo podrán llegar de la mano de las negociaciones directas entre las dos partes. Es un sarcasmo la invocación a la negociación en boca de un Gobierno que se afana en la construcción de asentamientos; traspasa las fronteras internacionalmente reconocidas de 1967; niega una posible capitalidad compartida en Jerusalén; rechaza el derecho al retorno de los refugiados; y añade, como nueva condición, el reconocimiento del carácter judío del Estado de Israel. Que se burla, en suma, de todas y cada una de las resoluciones de organismos internacionales y normas del Derecho internacional aplicables al conflicto y su resolución.

El Gobierno israelí ha vuelto a convencer a sus aliados comerciales, Estados Unidos y la Unión Europea. Embarcado ya en una larga campaña electoral, en el ánimo de Obama ha pesado más el intento de atraer para sí al influyente lobby proisraelí que el recuerdo de los momentos iniciales de su mandato, cuando presionó para que cesara la construcción de colonias en Palestina, o la coherencia con sus declaraciones en apoyo de los vientos democráticos que traen las revueltas árabes.

Por su parte, la Unión Europea pierde otra ocasión de oro. Sus gestiones se limitan a conseguir que Palestina desista de sus intenciones y, a lo sumo, se conforme con la mejora en su estatus dentro de Naciones Unidas. Esta es también la línea del Gobierno español, que apoyaría la incorporación de Palestina, pero sólo como Estado observador y con la condición de que renuncie al derecho de acudir a la Corte Penal Internacional. Una propuesta de mínimos, poco comprometida con la cultura del respeto a los derechos humanos y la lucha contra la impunidad, pero que le permite salvar los muebles con su homólogo de Tel Aviv.

Tanto el veto de Obama como la indefinición europea refuerzan la exitosa política de hechos consumados del Gobierno israelí. Puede ganar todavía más tiempo mientras consolida a marchas forzadas la ocupación. De ahí la importancia de la iniciativa palestina: abrir un nuevo y plural escenario político que termine con el bilateralismo en el que el conflicto estaba enclaustrado. En definitiva, una apuesta por devolver su resolución al lugar y marco del que nunca debió salir: Naciones Unidas y el Derecho internacional".

miércoles, 21 de septiembre de 2011

La larga noche siria

Vuelvo a tomar prestado de la excelente página Traducciones de la revolución siria un artículo publicado por el libanés Elías Khoury en el diario Al-Quds al-Arabi con el título: "La larga noche siria".

"Seis meses después del estallido de la revuelta siria y seis meses después de que se iniciara el flujo constante de sacrificios que han ofrecido los hijos e hijas del pueblo sirio, debemos hacer a las fuerzas políticas de  la oposición siria la una petición que hemos estado postergando. 

Mi pregunta surge de una realidad que todos conocemos, a saber, que la revuelta siria, como el resto de revueltas árabes no ha sido resultado de la acumulación del trabajo de los grupos de la oposición, pues a ellos, como al régimen dictatorial, les ha sorprendido la revuelta. La revolución vino de una conciencia que se conformó en un lugar profundo de la razón y la esencia del pueblo. Este lugar ya no puede soportar o comprender las razones para que la terrible dictadura se haya mantenido durante más de cuatro décadas. 

Este lugar no está ligado de ninguna manera al género de las discusiones políticas en las que los regímenes son diestros y a las que han logrado arrastrar a la oposición. Estas discusiones parecen haber olvidado que la dignidad del ser humano ha sido destruida y sostienen que la dictadura debe mantenerse para evitar el colapso de la “resistencia”, para que las corrientes fundamentalistas takfiríes no se hagan con el poder, o bien para evitar una guerra civil sectaria.

Los jóvenes de las revoluciones árabes optaron por las peticiones básicas e hicieron de las obviedades de la vida lemas para sus revoluciones: comenzaron con la libertad y la dignidad y anunciaron que los sistemas dictatoriales que habían asfixiado a las sociedades hasta destruirlas debían desmoronarse, como primera condición para comenzar a discutir sobre el futuro. Sin embargo, las revoluciones árabes no han venido de la nada, sino que los sacrificios de varias generaciones de intelectuales y opositores y la valentía de los que se opusieron a la tiranía y la injusticia, enfrentándose a la muerte, la cárcel y el exilio y conformando los antecedentes sobre los que se erigió una nueva generación de luchadores, son el horizonte de la libertad que se construyó con sangre. Esto nos lleva a una realidad que no puede obviarse: la existencia de un gran vacío político que las conferencias que se celebran dentro y fuera de Siria y los comités que se forman de manera urgente no pueden llenar. La realidad del movimiento político indica que los partidos de la oposición y sus fuerzas, dentro y fuera, no pueden hacerse cargo de la dirección del movimiento popular, una explosión social sin precedentes.

Estos partidos y fuerzas, como resultado de la represión salvaje de la que han sido víctima durante décadas, no están preparadas para dirigir este tipo de movimientos, además de que carecen de los instrumentos mentales y organizativos necesarios para dirigir una revolución popular que ha estado expuesta a los más terribles y salvajes métodos de represión.


Por otro lado, la revolución siria ha elegido su propia manera de organizarse, lo que los luchadores y luchadoras han llamado “coordinadoras”. Y a pesar de que este sistema de organización no parece claro para los que siguen los hechos o empatizan con la causa desde lejos, este sistema popular ha probado su capacidad de dirigir el movimiento y organizar manifestaciones en las más difíciles condiciones por las que puede pasar una revolución.

Lo que está viviendo Siria no es represión, es una serie de terror sin precedentes, donde se reúnen el asesinato, la tortura y los castigos colectivos, mientras se camufla el crimen utilizando un compuesto desorientador que ha decidido que los manifestantes y los que protestan son bandas armadas.

En esta terrorífica atmósfera, la perseverancia del pueblo y la insistencia en enfrentarse al aparato de la muerte con gritos en pro de la libertad deben maravillarnos a todos. El pueblo sirio ha demostrado en su revuelta que es el más valiente y que merece su papel en la vanguardia del mundo árabe con creces.

Ahora bien, las proezas no deben ocultar una realidad que ha comenzado a suponer una carga para la revolución, y no me refiero a los activistas sirios que se mueven por el mundo para apoyar a la revolución, pues ello constituye un derecho y un deber. No obstante, me permito llamar la atención sobre el hecho de que ha de existir una separación clara entre el apoyo a la revolución y su liderazgo. El liderazgo de la revolución no puede caer en paracaídas, sino que es resultado de una acumulación llevada a cabo por el pueblo a través de las formas de organización que ha hecho emerger. Nadie tiene derecho a imponer su liderazgo desde fuera en nombre del apoyo a la revolución.

En otras palabras, lo que sucede en el plano organizativo fuera de Siria no está del todo madurado y, por tanto, es incapaz de crear una formación que conduzca la revolución y la represente. Es necesario volver a la base de la revolución y trabajar desde ella para definir una referencia política y moral.

El primer paso debe ser la creación de esa referencia, para que se convierta en un marco en el que interaccionen las coordinadoras como paso previo a la creación de una formación política cuya función ha de ser conducir a Siria de la dictadura a la democracia.

Nuestros amigos dentro y fuera de Siria saben que la referencia de esta revuelta está en Siria y que lo que se pide es que se dejen a un lado las viejas diferencias para establecer un programa con pasos claros, que comience con el punto de consenso nacional, que es  la caída del régimen dictatorial, y defina las características de la etapa de transición hacia la democracia.

Esta etapa es totalmente nueva y la incapacidad de los símbolos de la oposición de comprender la realidad de que las peticiones del pasado pertenecen a una etapa anterior que no volverá significa una única cosa: dejar a la revolución siria en la oscuridad de lo desconocido.

La conformación de esta referencia, entendida como parte integrante de las coordinadoras de la revolución siria, permite forjar una interrelación saludable con los distintos liderazgos del exterior. Ello con el fin de construir un marco en el que insertar un Comité Nacional Sirio, cuyo papel será la obtención de apoyos y la creación de fuentes que garanticen la continuidad de la revuelta hasta que caiga el régimen.

Los jóvenes de la revuelta siria saben que esta larga noche siria no se aclarará con rapidez y que ante ellos hay arduas tareas y grandes sacrificios, pero saben también que no hay vuelta atrás y que no hay otra opción que enfrentarse a la oscuridad con perseverancia, desafiantes y optimistas. La revolución no espera a nadie, los líderes democráticos sirios deben comprender que la historia no espera y que hoy deben conformar una referencia moral y política que colabore en la construcción del horizonte del cambio".

martes, 20 de septiembre de 2011

Estadistas por el Estado palestino

Un grupo de ex mandatarios europeos entre los que se encuentran Hubert Vedrine, Felipe González, Giuliano Amato, Jean François.-Poncet, Lionel Jospin y Romano Prodi ha hecho público un manifiesto a favor del reconocimiento internacional del Estado palestino y de su aceptación  como miembro pleno de las Naciones Unidas, en la próxima sesión de su asamblea que se reúne en Nueva York a partir del día 20 de septiembre. La declaración es loable, pero hecho de menos que estos ex estadistas hubieran tenido la suficiente valentía política para dar ese paso cuando todavía detentaban sus cargos.

"En el año 2009, la Autoridad Palestina se embarcó en un proceso para terminar de erigir las instituciones de un futuro Estado palestino. La Unión Europea ha alentado y apoyado esta iniciativa, dando asistencia financiera y técnica y respetando el objetivo político.

Hoy en día se ha puesto sobre la mesa la cuestión del reconocimiento de este Estado. La Autoridad Palestina ha fijado el mes de septiembre de 2011 como la fecha en que dicha propuesta debería plantearse. Si esta petición se hace, la UE debe apoyarla con la expectativa de que una Palestina independiente entablará negociaciones con Israel sobre la base de los parámetros internacionalmente reconocidos. La mayoría de los Estados Miembros de las Naciones Unidas ya han reconocido al Estado palestino, pero un reconocimiento de la UE marcará la diferencia.

Los firmantes de este texto creemos que Europa no tiene ningún argumento para oponerse a esta legítima demanda de los palestinos. Negarles el reconocimiento a la independencia estatal tras haber apoyado y reconocido que han trabajado éxitosamente para alcanzar este objetivo mediante la construcción de un sistema coherente de gobernanza y también cooperado con Israel en materia de seguridad, sería contradecir nuestras propias posiciones políticas de una manera directa e inaceptable Un retroceso en este compromiso demostraría la inconsistencia, la debilidad y la falta de voluntad política de la UE. También otorgaría una gran victoria a las fuerzas defensoras del mantenimiento del status quo.

Un creciente número de israelíes, tanto ex responsables de seguridad como prestigiosas figuras de la sociedad civil, han sumado recientemente sus voces al coro de los que apoyan el reconocimiento de un Estado palestino llamando al fin de la ocupación.

Los términos del acuerdo de reconciliación palestino firmado el 3 de mayo 2011 entre Al Fatah y Hamas sugieren que podría formarse un gobierno de unidad nacional. Esto no debe ser considerada como un obstáculo, sino que podría ser  incluso un instrumento eficaz para fomentar la evolución del movimiento Hamas en la dirección correcta.

Los parámetros internacionalmente acordados para alcanzar un acuerdo de paz -que conducirían a un Israel seguro y una Palestina viable- fueron reiterados por el Presidente Obama en su discurso del 19 de mayo. Sin embargo, no se ofreció ninguna otra indicación por parte de EE UU de cómo puede lograrse este resultado, ya que el proceso de negociación bilateral está estancado.

El reconocimiento europeo de la soberanía y la independencia palestina, acompañado por el apoyo financiero necesario, consolidará la política palestina dentro del campo de la paz y la cooperación en un momento en el que el liderazgo palestino puede solicitar el reconocimiento formal por parte de las Naciones Unidas y sus Estados miembros Estados de la soberanía palestina en los territorios ocupados. En una etapa en que la Unión Europea está trabajando para redefinir sus relaciones con las sociedades de la región, los Estados miembros no deben desaprovechar esta oportunidad de jugar un papel positivo y significativo.

Teniendo en cuenta estas consideraciones políticas y éticas, los firmantes piden a los gobiernos europeos ampliar el reconocimiento de Palestina en septiembre de este año".

lunes, 19 de septiembre de 2011

La agonía de Bashar

El País publica, en su edición de hoy, mi artículo "La agonía de Bashar" sobre la situación en Siria tras seis meses de movilización popular. La situación ha cambiado, y mucho, desde aquel 15 de marzo:

"El régimen sirio está cada vez más solo y su caída podría ser una mera cuestión de tiempo. Esta es la lectura más apremiante que puede hacerse de los primeros seis meses de revuelta popular. El malestar generalizado de la población hacia sus dirigentes, las crecientes dificultades de la economía siria y el aislamiento internacional del país parecen indicar que ya no hay vuelta atrás y que la posibilidad de que Bachar el Asad pilote una transición hacia la democracia debe descartarse de manera definitiva.

En este medio año, la repartición de fuerzas ha experimentado un cambio radical. En sus primeros compases, las manifestaciones apenas movilizaron a unos pocos miles de personas en regiones periféricas alejadas de los principales núcleos urbanos. Hoy en día, las protestas se han extendido por buena parte del territorio siendo especialmente relevantes en el triángulo suní formado por Homs, Hama y Alepo, pero también en otras zonas de mayoría kurda. En todos los casos se observa un patrón similar: las marchas pacíficas son brutalmente reprimidas por unidades militares y milicias progubernamentales, lo que acentúa el malestar de la población que, a su vez, intensifica sus movilizaciones.

Hasta el momento han muerto, según diferentes recuentos, entre 2.500 y 3.000 personas. Al contrario de lo esperado, esta política del puño de hierro no ha conseguido ahogar la revuelta, sino más bien todo lo contrario, ya que decenas de miles de personas siguen saliendo a la calle cada viernes tras la oración de las mezquitas. Las principales organizaciones internacionales de derechos humanos -Amnistía Internacional y Human Rights Watch- han acusado al régimen de perpetrar crímenes de lesa humanidad. El Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas ha condenado, por su parte, "las sistemáticas y graves violaciones de los derechos humanos cometidas de forma continuada por las autoridades sirias como ejecuciones arbitrarias, uso excesivo de la fuerza y la muerte y persecución de manifestantes y defensores de los derechos humanos" y ha abierto una investigación para "identificar, cuando sea posible, a sus responsables con el objeto de asegurar que rindan cuentas por sus acciones".
Ante el agravamiento de la situación, la oposición empieza a barajar diferentes opciones para acelerar el final de la dictadura. Algunos son partidarios de seguir el ejemplo de Libia, donde el alzamiento de los rebeldes y la intervención militar de la OTAN provocaron el colapso del régimen. Ashraf Miqdad, presidente de la Declaración de Damasco que engloba a varias personalidades de la sociedad civil, ha manifestado recientemente al diario árabe Al Sharq al Awsat que "el régimen sirio nunca detendrá la represión y los asesinatos por lo que solo hay dos opciones: una intervención extranjera o armar a los revolucionarios". Aunque estas voces son todavía minoritarias reflejan la desesperación de la oposición siria, que considera que la revuelta podría perder músculo si no alcanza pronto ninguno de sus objetivos.

Una eventual militarización de la revuelta tendría efectos devastadores, puesto que sería instrumentalizada por el régimen para presentarse como el garante de la estabilidad interna y tratar de recuperar, de esta forma, parte del terreno perdido entre sus aliados tradicionales. La mera posibilidad del estallido de una guerra civil desmovilizaría a la calle siria, del todo contraria a una confrontación étnico-confesional que sería capitalizada por los extremistas de ambos bandos. También tendría efectos imprevisibles en una zona tan sensible como Oriente Próximo, ya que Siria comparte fronteras con Israel, Líbano, Turquía, Irak y Jordania. Como ha advertido recientemente Nabil al Arabi, secretario general de la Liga Árabe, "Siria no es Libia... Siria juega un papel central en la región y lo que allí ocurre tiene un impacto directo en Líbano e Irak".

Los Comités de Coordinación Local, que dirigen la revuelta, han tratado de cortar de raíz este debate. Si bien es cierto que reconocen, en su comunicado del 29 de agosto, que "la mayor parte de los sirios se sienten desprotegidos en su propia patria frente a los crímenes del régimen", también lo es que afirman categóricamente: "Rechazamos los llamamientos a tomar las armas o a una intervención extranjera, que consideramos inaceptables desde el punto de vista político, nacional y ético". De esta manera parecería descartarse, al menos por el momento, una evolución a la libia: "El método por el cual sea derrocado el régimen será una indicación de lo que será la Siria pos-Asad. Si conseguimos que nuestras manifestaciones sigan siendo pacíficas, las posibilidades para la democracia serán mucho mayores. Si se da una confrontación armada o una intervención militar internacional será prácticamente imposible establecer una base legítima para la futura Siria".

Las malas noticias nunca vienen solas, ya que a la presión de la calle se suma la delicada coyuntura económica que ha incrementado la vulnerabilidad del régimen. La sequía que sufre el país desde hace cuatro años ha colocado al sector agrícola en una dramática situación: en apenas 10 años ha pasado de representar el 28,5% del PIB a tan solo el 18%. El turismo, que supone el 12% de la economía siria, también ha entrado en barrena. A la masiva retirada de divisas y la huida de capitales se añade ahora la debilidad de la lira siria. En los últimos meses cada vez son más frecuentes los rumores sobre la falta de liquidez del Gobierno y sus dificultades para hacer frente al pago de las nóminas de los funcionarios. La suma de todos estos factores podría acabar convenciendo a las élites económicas y comerciales de Damasco y Alepo, tradicionales aliadas de los Asad, que ha llegado el momento de replantearse este apoyo.

La creciente inestabilidad ha motivado también un repliegue de los inversores internacionales, lo que siembra las dudas sobre la realización de varios proyectos vitales para el futuro del país. Hace unos años, Bachar el Asad planteó, a bombo y platillo, la denominada Estrategia de los Cuatro Mares que buscaba convertir a Siria en un punto neurálgico del transporte de hidrocarburos entre los mares Mediterráneo, Negro y Caspio y el golfo Pérsico. Con este proyecto, ahora en tela de juicio, Siria intentaba rentabilizar su privilegiada posición como puente de comunicación entre Europa, Oriente Próximo y Asia Central. Además del gasoducto que comunica Egipto con Turquía a través de Jordania y Siria, también se pretende construir un oleoducto desde Irán e Irak, que permitiría transportar el petróleo de ambos países hasta la costa mediterránea siria. El acometimiento de dichos proyectos requiere estabilidad, algo que parece complicado garantizar a día de hoy.

Ante la imposibilidad de aprobar sanciones contra Siria en el Consejo de Seguridad debido al veto de China y Rusia, EE UU y los miembros de la Unión Europea han congelado los fondos de los hombres fuertes del régimen y prohibido las importaciones de petróleo sirio. Aunque estas medidas no provocarán por sí solas el fin del régimen, sí que acrecentarán sus problemas. Siria exportaba el 95% de su crudo a Europa y ahora se verá obligado a buscar nuevos clientes que, probablemente, encontrará en el sureste asiático. También el creciente distanciamiento entre Siria y Turquía podría tener desastrosas consecuencias en el plano económico, puesto que los intercambios comerciales entre ambos países alcanzan los 2.500 millones de dólares anuales. Por último, la retirada del embajador de Arabia Saudí en Damasco demuestra que las relaciones bilaterales no atraviesan su mejor momento.

El hecho de que ninguna de las reformas adoptadas hasta el momento por Bachar el Asad se haya traducido en una mejora de la situación sobre el terreno demuestra su absoluta falta de credibilidad y el agotamiento de su crédito político. Todo parece indicar que, tarde o temprano, la amplia movilización popular, el agravamiento de la crisis económica y la intensa presión internacional surtirán el efecto deseado y pondrán fin a la agonía del régimen sirio".

viernes, 16 de septiembre de 2011

Egipto según al-Aswany

El nuevo número de Política Exterior incluye mi reseña sobre el libro de "Egipto: las claves de la revolución inevitable" del escritor egipcio Alaa al-Aswany. Libro muy recomendable para todos que quieran conocer de cerca la realidad egipcia.

"Además de exitoso autor de best-sellers como El edificio Yacobián y Chicago, Alaa al Aswany es un conocido defensor de la democracia y las libertades en Egipto. Así se constata en Egipto: las claves de una revolución inevitable, donde se recogen las columnas publicadas por el escritor en los diarios cairotas Al-Shorouk y Al-Doustour en los últimos cinco años. En ellas destripa los principales problemas del país, denunciando al régimen autoritario de Hosni Mubarak y anticipando la revolución popular que provocó su caída.

A lo largo de sus páginas, Al Aswany se muestra como un escritor extraordinariamente comprometido que pretende movilizar a la población y asentar los valores democráticos. El libro ha sido prologado y traducido directamente del árabe por Haizam Amirah Fernández, investigador principal del área Mediterráneo y Mundo Árabe del Real Instituto Elcano.

Concebida inicialmente como una mera recopilación de artículos, la caída del dictador el 11 de febrero le llevó a modificar el título de la obra y a realizar un prólogo de urgencia que lleva como título “Desde la plaza de Tahrir”, epicentro de la revuelta popular. El libro ofrece una radiografía de la situación socio-política egipcia: la falta de libertades, las elecciones amañadas, la corrupción siste­má­tica y el desprecio por la población aparecen, una y otra vez, en cada uno de los artículos, que siempre terminan de la misma manera: “la democracia es la solución”, lo que es tanto una denuncia del autoritarismo imperante como un torpedo en la línea de flotación del movimiento de los Hermanos Musulmanes, cuyo lema es precisamente “el islam es la solución”.

No solo las columnas de Al Aswany ejercen una importante labor pedagógica, sino que además el autor se esfuerza por hacer comprender al pueblo egipcio todo su potencial. En un artículo publicado un año antes de las manifestaciones del 25 de febrero, el autor señalaba premonitoriamente: “Si un millón de ciudadanos egipcios se manifestara en las calles o declarara una huelga general, si eso ocurriera aunque solo fuera una vez, el régimen se plegaría de inmediato a las peticiones del pueblo. El cambio es posible e inminente, pero tiene un precio que debemos pagar”. En otra ocasión, el intelectual egipcio va más allá: “La situación en Egipto ha tocado fondo y ya no es posible permanecer callado. Millones de egipcios viven en condiciones infrahumanas, en medio de una pobreza, desempleo, enfermedades, represión y corrupción sin precedentes. Esas víctimas de la injusticia tienen derecho a una vida humana  digna”.
 
A lo largo de sus 256 páginas, describe la naturaleza despótica del régimen egipcio. En uno de sus artículos se pregunta “por qué nos quedamos atrás mientras el mundo progresa”, y llega a la conclusión de que una de las principales razones es la falta de democracia y el carácter represivo del régimen: “Egipto tiene una anomalía: el Estado se gasta cerca de 9.000 millones de libras egipcias en el ministerio del Interior, una cantidad que duplica el presupuesto del ministerio de Sanidad. Es decir: el régimen egipcio se gasta el doble en someter, detener y reprimir a los egipcios que en procurarles atención médica”. El retrato que dibuja es, por momentos, asfixiante, con detenciones sin acusación, juicios sin mínimas garantías, así como torturas sistemáticas y crímenes impunes en nombre de la defensa de la seguridad nacional.

Al Aswany arremete también contra el estamento religioso, al que acusa de complicidad con el régimen. Recuerda que desde la irrupción del islam, “la mayoría de los jurisconsultos se aliaron con los gobernantes despóticos distorsionando la realidad e interpretando la religión de una forma destinada a apoyar al gobernante déspota y eximirlo de supervisión”. Una de sus críticas recurrentes es que los telepredicadores no hablen “jamás de la libertad, la justicia y la igualdad, que son los valores humanos para cuya realización el islam fue orginalmente revelado”, por lo que les acusa de estar compinchados con el régimen en su misión de apaciguar a la sociedad y mantenerla anestesiada rezando y ayunando, pero no reclamando sus derechos.

Arabia Saudí tampoco sale bien parada. El escritor considera que el reino saudí ha aprovechado su riqueza petrolífera para propagar el rigorista rito wahabí, responsable de la radicalización registrada en buena parte del mundo islámico. En un pasaje señala que “Egipto fue invadido por una poderosa ola de fundamentalismo wahabí”, lo que creó “una costra, contraída como por contagio, de unas sociedades beduinas cerradas, retrógradas e hipócritas”. Esta costra saudí-wahabí ha tenido especial influencia, por ejemplo, en la extensión del niqab entre las mujeres: “La visión retrógrada de la mujer, tan extendida ahora en Egipto, ha sido, por desgracia, importada de sociedades beduinas desérticas que están muy por detrás de Egipto en todos los aspectos de la actividad humana”.

Como no podía ser de otra manera, el autor egipcio también llama la atención sobre el respaldo sin fisuras que Mubarak siempre ha recibido de los países occidentales. De los gobiernos norteamericanos dice que son “los menos indicados para hablar de democracia y de derechos humanos (…) por haber prestado apoyo a los peores y más autoritarios gobernantes árabes”, lo que le lleva a afirmar que “la política exterior de Estados Unidos es contradictoria e hipócrita” porque “hace la vista gorda ante los crímenes que se cometen contra sus pueblos”.

Durante las tres décadas de mandato de Mubarak, el peso específico de Egipto en Oriente Próximo no ha dejado de reducirse como consecuencia de su pérdida de autonomía y de sus políticas seguidistas. Como afirma en más de una ocasión Al Aswany, “el objetivo más importante de la política exterior de Egipto se resume, con todo mi pesar, en conseguir el apoyo de los países occidentales para el señor Gamal Mubarak. El precio de esta aprobación se paga con los intereses, el dinero y la dignidad de los egipcios. El régimen ha comprendido que la llave que abre la aprobación de Occidente está en manos de Israel”. De ahí las ventajosas condiciones con las que Israel ha accedido al gas, al petróleo y al cemento, muy por debajo del precio de mercado, y la complicidad egipcia con el bloqueo de la Franja de Gaza, duramente criticado por el autor.

Egipto: las claves de una revolución inevitable no es ni un ensayo político ni un libro de historia, pero analiza la realidad socio-política egipcia con la precisión de un cirujano. Describe un régimen decadente en estado de descomposición y a un presidente acorralado y a la defensiva cuyo principal error fue tratar de crear una república hereditaria en manos de su hijo Gamal Mubarak. Pese a ello, el libro está cargado de esperanza, ya que constata que cada vez más egipcios se movilizan para reclamar libertad, justicia, igualdad y democracia. En definitiva: una lectura extraordinariamente útil y recomendable para comprender no solo los cambios registrados en Egipto, sino también los que han tenido y tendrán lugar en el resto del mundo árabe".

jueves, 15 de septiembre de 2011

Dolor en Siria

De nuevo recurro al recomendable blog Traducciones de la Revolución Siria para recuperar este artículo recientemente publicado por el libanés Elías Khoury en el diario londinense Al-Quds al-Arabi con el título "El intenso dolor sirio".

-1-
¿Acaso el objetivo de esta horrible masacre en Siria es que nos acostumbremos a la muerte abstrayendo la imagen de la víctima del dolor que padece?

No quiero escribir sobre política porque lo que hoy sucede está por delante de la política y sobrepasa toda discusión sobre el futuro del régimen o la historia del rechazo a la injerencia y las reformas. Lo que está sucediendo supone un desprecio de la dignidad de la víctima, un desprecio de su dolor y una destrucción de la imagen del ser humano que hay en nosotros.

La política ha tocado fondo y desde el fondo, la autoridad se comporta como una bestia depredadora. Una bestia que atemoriza y teme a aquellos a los que ha atemorizado, que mata y se suicida sacrificando consigo al país y destruyendo a su paso todos los valores que hacen posible vivir la vida.

Hoy no veo más que terror y destrucción: la sangre cubre la visión y la muerte se extiende por cada rincón mientras el aparato represivo lo deja todo hecho añicos. Es el momento de reflexionar sobre este estado de decadencia al que ha llegado el poder. Un poder que acaba con todo, un poder al que le dan náuseas las víctimas y él mismo, un poder que se crece en su insignificancia y se sube a la ola de sangre derramada mientras el crimen sale a borbotones de su interior.

Y aquí llega la gran pregunta que han lanzado las revueltas árabes. Es la pregunta del polvo, la pregunta de lo primero y lo último de la creación, la pregunta de las víctimas a la muerte y la pregunta de los muertos a los vivos. La pregunta del significado del que los regímenes de la dictadura durante su largo mandato han abusado antes de oscilar los significados bajo los zapatos de los asesinos.

-2-
Cuando uno ve lo que está sucediendo, siente que está expuesto ante el flujo de las imágenes de los muertos. Lo que está sucediendo, sin lugar a dudas, es una verdadera masacre. Los cuerpos de los niños los deforman antes o después de asesinarlos, a los jóvenes los humillan antes o después de asesinarlos, las balas explotan en los cuerpos y los asesinos ocupan el tiempo para matar el tiempo.

Tanques sin ojos, ojos cegados ante la muerte, un cielo pesado como el plomo, casas que agonizan en el vacío del saqueo y un grito… Cerramos los ojos para dormir, oímos un aullido que sale de lejos de nuestros corazones, una tristeza que brota desde lo más profundo de nuestro interior nos golpea y terminamos sintiendo algo parecido al aturdimiento de los muertos en el momento de su muerte. 

-3-
 ¿Cómo puede el régimen seguir con el juego del derramamiento de sangre sin que nada lo pare? ¿Dónde, por qué y cómo se domestican los sentimientos humanos para que el estímulo de la sangre, el rey de los instintos, acabe por convertirse en el único motor que mueve al poder a actuar?

El dictador no solo está ciego, también está sordo. Se convierte en todos para comportarse como si no fuera nadie, no ve más que su imagen. A su alrededor, el vacío se llena de él y una sensación de que él es el único señor, un señor que no necesita ni derecho ni legitimidad, porque él es la verdad absoluta, se apodera de él. Su absolutismo viene de su fuerza y su fuerza la saca del miedo de los demás. Es un temeroso que atemoriza y un señor al que domina la sensación de que está sentado sobre el resto del mundo porque él es el único ser humano. Los que están a su alrededor y bajo él son esclavos de su voluntad y su existencia se la deben solo a él.

El dictador es un poderoso que no escucha, un ser que se las da de Dios y no ve, una bestia insaciable cuya sed es infinita. Por eso, todo dictador está dominado por la histeria del poder, la locura de la grandeza y el miedo de todo. Estos mismo sentimientos y deseos los adoptan todos los miembros del aparato represivo, desde los más altos cargos hasta los más bajos.

El shabbih también da miedo y lo tiene. Se vale de su miedo para atemorizar, se apodera de los cuerpos y las almas, mata a la gente con el espíritu del cazador que se excita con la sangre de la presa y se embriaga con el espasmo de la muerte. Es un pequeño dictador que pisotea los rostros y los cuellos y siente el cansancio del vencedor y el placer del violador. Y por encima de él viene “el señor” que le pisotea a él con su zapato, mientras vemos otro zapato de que es “más señor que él” sobre su cabeza. Y asÍ se van amontonando los zapatos sobre las cabezas formando una pirámide de represión, humillación y violación.

-4-
El exterminio no llegó con la revuelta siria que ya ha cumplido su sexto mes. La revuelta fue una reacción tardía al régimen del exterminio que comenzó hace cuatro décadas y del que los sirios y las sirias han sido continuas víctimas. El exterminio es un sistema que ha tomado de los mamelucos y de los jenízaros la mentalidad de separarse de la sociedad como un medio para aplastarla, que ha aprendido de los regímenes totalitarios su pretensión de que la dictadura es un medio para el progreso social, y que ha copiado de la ideología nacionalista la declamación sobre el enfrentamiento con el enemigo israelí.

El resultado de estas cuatro décadas ha sido horrible: la república acabó convertida en una república hereditaria, el lema del progreso se convirtió en un mero eslogan para extender el retraso y el discurso sobre el enemigo se tornó un método para apoyar la ocupación.

La nación terminó cuando el ciudadano fue asesinado, la sociedad se desintegró cuando la simple represión se convirtió en el único medio de control social y las ciudades y pueblos se convirtieron en cárceles cercadas por el miedo, el terror y el sentimiento de insignificancia.

El exterminio se convirtió en la regla y el régimen se convirtió en una fiesta de enmascaramiento de la muerte, donde la mafia económico-militar ocupó todos y cada uno de los lugares, quedando el gobierno convertido en un asunto interno de familia. Con esto, la familia gobernante se erigió como sustituta de la nación.

-5-
La gran revolución siria ha echado abajo el umbral del dolor, esa es la gran virtud del flujo de manifestaciones teñidas de la sangre de las víctimas y los caídos. Los sirios y las sirias, con sus manos desnudas, han golpeado los muros de la gran cárcel y su grito se ha elevado desafiante. Nada les frena, ni las balas ni la cárcel. Es como si estuviéramos ante una de esas maravillas que los pueblos producen cuando deciden cambiar el rumbo de la historia.

Seis meses lleva el pueblo golpeando mientras la sangre inunda las calles y la voz de las víctimas llena el cielo del Oriente árabe. Seis meses durante los que los sirios y las sirias han dibujado un horizonte humano cuyo único título es la dignidad del individuo y el derecho del pueblo a la libertad.

Seis meses llevan los sirios marchando hacia la muerte con pasos firmes y rostros iluminados, como si fueran las víctimas de un sacrificio en aras de libertad,  víctimas que bendicen el suelo de la nación con su sangre y pintan el horizonte de los árabes con su voluntad, con su dolor y con el sufrimiento de su espíritu, que sale de las uñas que la muerte ha petrificado.

Seis meses llevan los muros de la cárcel resquebrajando con sus gritos. Sin embargo, el instrumento ciego de la muerte se ha vuelto aún más ciego y salvaje, adentrándose más y más en la dinámica de la sangre, la muerte y el exterminio.

Es este intenso dolor que brota de la voluntad de un pueblo que crea vida ante el que los árabes se arrodillan, redescubriendo que Damasco es su corazón, un corazón que late con libertad. Y con eso, comprenden que tanta sangre siria se sacrifica por la nuestra dignidad humana y recupera las naciones del fondo del estómago de la ballena del despotismo.