viernes, 21 de septiembre de 2012

¡No incriminemos a la primavera árabe!

Hoy es viernes y en muchos de los países del mundo islámico hay convocadas manifestaciones para protestar contra la película "La inocencia de los musulmanes" y las caricaturas del Charlie-Hebdo. Probablemente vuelvan a ser instrumentalizadas por ciertos actores políticos radicales para tratar hacer una democstración de fuerza. El politólogo Olivier Roy  reflexionaba ayer en las páginas de Le Monde sobre el asunto en el artículo "N´incriminons pas le 'printemps arabe'!". A continuación traduzco algunos de sus clarificadores explicaciones.

"De hecho, las protestas y la forma que han adoptado no pueden comprenderse sin disociar precisamente los dos niveles: el religioso y el político. El reto que representa la blasfemia no es exclusivo del Islam, pero la violencia es una consencuencia del proceso de transformación que atraviesa Oriente Medio [...].

No han sido los autores de la 'primavera árabe' los que han atacado las embajadas americanas, ni tampoco los principales beneficiados de las elecciones (los Hermanos Musulmanes y Ennahda). Al contrario han sido aquellos para quienes la 'primavera árabe' ha desviado a los países árabes de su verdadero combate. Haría falta que la opinión pública oocidental comprendiese que las sociedades árabes están divididas y son tan complejas como sus vecinas del Norte.
Los salafistas tunecinos rechazan la democracia, rechazan toda visión nacional (de hecho arrancan la bandera tunecina incluso con más frecuencia que la bandera americana) y quieren incorporar a Túnez en el marco de la umma imaginaria y militante que promueven. Es normal que hagan todo lo posible para imponer el terror y la guerra civil. En Libia son los yihadistas locales, incapaces de influir en las elecciones, los que atacaron, y la mano de Al-Qaeda no está muy lejos, ya que tiene muchos muertos que vengar.

El caso de Egipto es más complejo porque algunos de los salafistas tomaron parte en el juego electoral, lo que explica la menor violencia de las manifestaciones. Los islamistas en el poder se encuentran en una coyuntura prooccidental (hostilidad a Irán, voluntad de forjar vínculos económicos con Occidente), pero tienen dificultades a la hora de definir su posición respecto a los salafistas (en Túnez el ministro del Interior está a favor de la represión, pero el líder histórico de Ennahda, Rached Ghannouchi, se opone todavía) [...]".

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