viernes, 26 de octubre de 2012

El retorno egipcio a Oriente Medio

La nueva política exterior egipcia no está guiada por cuestiones ideológicas, sino por el pragmatismo. Además es más continuista que rupturista. En estos primeros meses de presidencia, la mayor parte de los viajes oficiales de Mohamed Morsi en sus cien primeros días de presidencia han estado orientados a atraer inversiones. De ahí que su primer viaje oficial lo realizase a Arabia Saudí, país del que que ha obtenido un préstamo de 1.500 millones de dólares. Esta ayuda puede convertirse, sin embargo, en un arma de doble filo ya que puede condicionarse a que el islam tenga un mayor peso en el Egipto post-Mubarak y que las demandas de los sectores salafistas sean adecuadamente satisfechas.

Posteriormente Morsi marchó a China. Los intercambios comerciales entre ambos países fueron de 8.800 millones de dólares en 2011 (frente a los 8.300 millones del comercio norteamericano-egipcio). Después se dirigió a EEUU, país que otorga 1.300 millones en ayuda militar anuales y otros 250 destinados al desarrollo de infraestructuras, proyectos sanitarios, educativos y desarrollo. Esta ayuda es altamente impopular entre la población egipcia (según una reciente encuesta de Gallup, un 71% de los encuestados la rechaza). Allí solicitó al FMI un préstamo de 4.800 millones.
Para tratar de recuperar el peso específico de Egipto en Oriente Medio, Morsi tomó parte en la Cumbre de los Países No Alineados celebrada en Teherán. Esta visita puede catalogarse como histórica, ya que era la primera de un presidente egipcio al territorio iraní desde la Revolución Islámica de 1979. Morsi reclamó la salida de Bashar al-Asad y el fin de su “régimen represivo”, lo que provocó el malestar de Irán, aliado estratégico de Siria. El presidente egipcio mostró, asimismo, “su plena solidaridad con la lucha de aquellos que buscan la libertad y la justicia en Siria” y su respaldo “a una transición pacífica hacia un sistema democrático de gobierno que refleje las demandas de libertad del pueblo sirio”. Para evitar una guerra civil propuso la creación de un grupo de enlace integrado por las potencias regionales: Egipto, Irán, Turquía y Arabia Saudí.

En lo que se refiere a Israel, las relaciones comerciales entre ambos países se han deteriorado de manera notable después de que se cancelase el acuerdo por el cual Egipto vendía su gas a Israel a precios inferiores a los del mercado. Numerosas voces reclaman que el gobierno egipcio recupere la completa soberanía sobre el Sinaí, a pesar de que los Acuerdos de Camp David limitan el despliegue de armamento en algunas de sus zonas.

En lo que respecta a la cuestión palestina debe señalarse que el gobierno egipcio intenta nadar entre dos aguas. Por una parte ha mediado en un intento de reconciliación entre Fatah y Hamás, pero sin conseguir impulsar la creación de un gobierno de unidad nacional. La destrucción de parte de los túneles por las autoridades egipcias ha sido criticada por Hamás, que ve amenazada una de sus principales fuentes de financiación. A pesar de la sintonía entre los HHMM y Hamás, el gobierno egipcio tan sólo ha aliviado parcialmente el bloqueo de la Franja de Gaza mediante la apertura de la frontera para personas, pero no para mercancías. Hamás viene reclamando, con escaso éxito hasta el momento, la creación de una Zona de Libre Comercio en la localidad fronteriza de Rafah.

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