miércoles, 10 de octubre de 2012

¿Qué ocurre en Egipto?

¿Qué está ocurriendo en Egipto? Últimamente he leído varios artículos sobre la nueva política exterior egipcia que intenta recuperar el protagonismo del país en Oriente Medio, pero hay pocos análisis de la situación doméstica. Muhammad Hassan Jalil reflexiona en las páginas de Al-Ahram Weekly sobre la política adoptada por los Hermanos Musulmanes en estos últimos meses y advierte del crecimiento del malestar popular hacia sus políticas neoliberales. El artículo, titulado "Retumba el descontento", lo publica Rebelión.

"[...] Solo en julio y agosto, se han llevado a cabo cerca de 900 huelgas en todo el país organizadas por militantes que entienden que el cambio en la estructura de poder del país no ha logrado generar beneficios tangibles para la población en general.

Hasta que ese cambio se produzca las protestas no cesarán pues ha caído la barrera del miedo y la población ya no tolera más la explotación y la opresión. Las protestas son sólo una forma de acción. En todo el país se están formando grupos independientes para defender la democracia de manera básica y directa. La necesidad de estos canales de acción no puede ser subestimada dado que el ámbito de las libertades no ha crecido en el país después de la revolución.

De hecho, desde la revolución se han aprobado más leyes restrictivas de la libertad. Algunas de estas leyes permiten procesar a los organizadores de huelgas ante tribunales militares y otras criminalizan diversas formas de protestas populares. El hecho de que tales leyes permanezcan inactivas da cuenta del cambio de poder que ha tenido lugar en la calle egipcia. Por lo tanto, en ausencia del marco legal adecuado, ha surgido en el país una forma de democracia de facto lograda a través de continuas protestas e iniciativas dirigidas por los ciudadanos. Para dar un ejemplo, antes de la revolución teníamos tres sindicatos independientes. Ahora tenemos casi 850.
El potencial para la acción política eficaz también está creciendo debido a la fusión de varios partidos para formar cuatro corrientes principales: religiosa, liberal, de izquierda, y naserista. Es probable que las tres últimas formen una coalición para retar a los islamistas dominantes, cuya oposición a las libertades y a que se nutra el laicismo se evidencia en cada paso que dan, incluido en su enfoque de la constitución.

En los cinco meses del Parlamento que hemos tenido entre enero y junio de este año, dominado por los islamistas, y en los tres meses de la presidencia de Muhammad Mursi, no hemos visto ninguna señal de que los islamistas estén dispuestos a promover libertades. Más bien al contrario; lo que están intentando es excluir a otros y monopolizar el poder sin tener en cuenta las aspiraciones populares. Los islamistas, que son mayoría en la Asamblea Constituyente, están decididos a redactar una Constitución que legalizaría el sectarismo, la anulación de las libertades, y que situaría al país bajo un régimen teocrático.

La reciente formación ministerial sugiere asimismo que la corriente religiosa, tras haber desterrado al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA) de la vida política, está decidida a dominar la rama ejecutiva del gobierno. Tampoco los recientes nombramientos de gobernadores auguran nada bueno. La mayoría de los nuevos gobernadores pertenecen a la corriente islamista. Los Hermanos Musulmanes han castigado, incluso, a las gobernaciones que votaron en su contra en las pasadas elecciones nombrando gobernadores ultra-religiosos para administrarlas. Esto ha pasado en Alejandría y Kafr Al-Sheij, que votaron a favor Hamdin Sabahi y Sharqiya, que votó a favor de Ahmed Shafik.

Un vistazo al presupuesto actual para 2012-2013 refuerza esta impresión. Dicho presupuesto es un presupuesto de austeridad diseñado para satisfacer las exigencias del FMI, no para promover el igualitarismo, como era de esperar. Desde el año pasado, el gobierno egipcio ha intentado asegurarse un préstamo del FMI. El préstamo fue rechazado inicialmente por el CSFA. Las negociaciones se reanudaron a principios de 2012 tras el nombramiento del gobierno de Al-Ganzuri.

El FMI ya dejó claro desde abril de 2012 que no sólo estaba negociando con el gobierno sino con responsables del Partido de la Libertad y la Justicia y del Partido Salafista Nur. Ahora ya sabemos cual es el resultado de esas negociaciones, pues lo que tenemos es un presupuesto de austeridad que congela los salarios, la salud y la educación (los salarios universitarios son la única excepción), de acuerdo con las condiciones del FMI [...]". 

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