viernes, 19 de octubre de 2012

Siria Vs. Turquía

Siria y Turquía comparten 700 kilómetros de frontera. Tras el inicio de la revuelta popular siria contra Bashar al-Asad, el primer ministro Erdogan advirtió que la crisis siria se había convertido era "una cuestión de seguridad nacional para Turquía". Lo ocurrido en este último año y medio parece darle la razón.  Turquía acoge a 100.000 refugiados, cobija al Congreso Nacional Sirio y apoya al Ejército Sirio Libre. En represalia, Siria ha bombardeado la zona fronteriza, respalda al PKK y ha otorgado una amplia autonomía al Kurdistán sirio. El Informe Semanal nº 814 de la revista Política Exterior repasa el estado actual de las relaciones entre ambos países.

"La coreografía bélica que el gobierno turco y el sirio están escenificando, con un intercambio de fuego de artillería y el cierre del espacio aéreo turco a aviones sirios, no indica que las partes tengan algún interés en que se produzca una escalada; pero una “frontera caliente” crea situaciones explosivas que pueden irse rápidamente de las manos. Vistos desde Damasco, los ataques artilleros que han provocado la muerte de al menos cinco civiles turcos, son solo un indeseado “efecto colateral” de su intento por eliminar bolsas de resistencia localizadas cerca de la frontera.

A lo largo de sus 700 kilómetros –y sobre todo en la provincia de Hatay–, se mueven grupos de rebeldes sirios que tratan de aprovechar el suelo turco como santuario y base de lanzamiento de sus incursiones en Siria. En los 12 campos de refugiados controlados por Ankara –y no por Acnur–, se agolpan unas 100.000 personas que nutren a los rebeldes de reclutas. Desde ellos se han planificado y lanzado las ofensivas contra las ciudades de Idlib y Alepo, que si caen en sus manos, permitirán a los rebeldes disponer finalmente de una zona liberada desde la que estrechar el cerco de Damasco.

Como ya ocurrió en junio con el derribo del caza F-4 turco, las acciones punitivas turcas permiten al régimen de Bachar el Asad tantear hasta dónde llegan las líneas rojas de la comunidad internacional. Ankara, aunque por razones diferentes, comparte esa renuencia a implicarse en una guerra en la que podría perder mucho más de lo que ganaría.
Ankara ya ha comprobado que su pertenencia a la OTAN no le ha evitado ser objeto de ataques sirios. Washington se opone a los planes turcos de establecer una zona de exclusión aérea sobre el espacio sirio, aunque está preparándose a enviar fuerzas de operaciones especiales para proteger los arsenales químicos sirios en el caso de que corran peligro. Pese a tener las segundas fuerzas armadas de la OTAN, Turquía sabe que estaría sola en un hipotético choque frontal con Damasco. El mandato parlamentario –por 320 votos contra 129– que ha recibido el gobierno de Recep Tayyip Erdogan para usar la fuerza contra Siria obedece a factores internos.

Erdogan sabe que más de la mitad de la población, el principal partido de la oposición, el Partido Popular Republicano, y la abrumadora mayoría de la población kurda rechazan una intervención militar unilateral contra Siria. En sus cálculos pesa el riesgo que para la economía turca tendría un esfuerzo bélico de esa magnitud. Pero también cuenta el peso de la historia. El ministro de Información sirio, Omran al-Zubi, ha recordado a Turquía que ya no es el “imperio otomano y que el sultán de Estambul ya no nombra a los custodios de Damasco, La Meca, El Cairo y Jerusalén”.

Por otra parte, Ankara no quiere dar ninguna excusa a Damasco para que apoye a los grupos armados kurdos que buscan la secesión de Turquía y la creación de un “gran Kurdistán” con los enclaves kurdos dispersos entre Turquía, Siria, Irak e Irán. Turquía tampoco está en condiciones de establecer en solitario una zona liberada en territorio sirio. Pero los 100.000 refugiados ya han superado lo que Erdogan identificaba como un “límite psicológico”.

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