lunes, 1 de octubre de 2012

Netanyahu Vs. Ahmadineyad

La última entrada del blog de Ángeles Espinosa, titulado "A vueltas con el Golfo" (¿a cuál de todos se referirá?),se dedica a las intervenciones de Ahmadineyad y Netanyahu ante la Asamblea General de la ONU. Interesante reflexión: "El régimen iraní se ha movido más por intereses nacionales que ideológicos".

"Netanyahu no pudo contenerse y empezó su discurso hablando de los 3.000 años de presencia del pueblo judío en Oriente Próximo. Está bien que los políticos conozcan la historia de sus países (miren sino el apuro que pasó David Cameron en el show de Letterman). Otra cosa es cuando se utiliza la historia como arma arrojadiza. La pulla entre ambos sería casi cómica sino estuviera de por medio el riesgo de una guerra.

Nadie pone en duda que la incontenible verborrea de Ahmadineyad ha dado motivos a Israel para recelar de las intenciones de la República Islámica. Pero cualquiera que conozca Irán sabe que ni su negación del Holocausto, ni sus pronósticos sobre la pronta desaparición de Israel, son compartidos no ya por la mayoría de los iraníes, sino siquiera por las élites gobernantes. Aún así, pocos se han atrevido a levantar la voz para desautorizarle, lo que ha permitido que los halcones israelíes saquen partido a sus exabruptos...

El primer ministro israelí también rechazó que la posibilidad de disuadir a Irán al estilo de lo que se hizo con la Unión Soviética porque dijo “los militantes yihadistas se comportan de forma muy diferente a los marxistas laicos. No había terroristas suicidas soviéticos. Sin embargo Irán produce hordas de ellos”. Tampoco es cierto. Los militantes yihadistas son los de Al Qaeda y organizaciones afines. A la espera de que se aclare el obscuro atentado contra turistas israelíes en Bulgaria, nunca se ha identificado a un iraní entre los autores de atentados suicidas, pero sí a paquistaníes, saudíes, yemeníes, jordanos, libios e incluso occidentales...
  
El régimen iraní no es un modelo de democracia ni está libre de amistades peligrosas. Ya lo sabemos. Sin embargo, demonizarlo y arrinconarlo, exagerando sus intenciones agresivas, o dando por hecho algo que hoy por hoy sólo es una sospecha (que su programa nuclear tenga intenciones militares), sólo agrava el desencuentro y dificulta la posibilidad de encontrar una salida diplomática.

Netanyahu no cree que eso sea posible. Comparte, como dejó claro durante su discurso, el análisis de Bernard Lewis sobre el carácter milenarista de la ideología de los dirigentes iraníes. Un repaso a su política exterior desde el triunfo de la revolución de 1979 hasta hoy contradice esa lectura. El régimen iraní se ha movido más por intereses nacionales que ideológicos. Hace mucho que abandonó el sueño de exportar la revolución y no tiene empacho en aliarse con la cristiana armenia, el heterodoxo Chávez o el ateo Castro. En realidad ha dado múltiples bandazos en busca de aliados con el objetivo último (aunque mal encauzado) de lograr el reconocimiento de EEUU, con el que desea hablarse de igual a igual.

Más allá de rivalidades históricas y regionales, Israel, o más bien sus halcones, lleva advirtiendo de la inminencia de que Irán se haga con la bomba desde 2003, cuando su entonces ministro de Defensa, Shaul Mofaz, anunció que su programa cruzaría el “punto de no retorno” en el plazo de un año. Ni lo cruzó entonces ni parece que esté a punto de hacerlo ahora, según se infiere de la gestión de la crisis que está haciendo Washington (donde existen dudas de que el líder supremo haya tomado siquiera esa decisión). El ilustrativo gráfico que Netanyahu llevó a la ONU para marcar su nueva línea roja, no cambia eso...".

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