viernes, 11 de enero de 2013

La conflictiva vecindad turco-siria

En el nuevo número de la revista Política Exterior puede leerse mi artículo "La conflictiva vecindad deTurquía y Siria". Hace tan sólo, publiqué en la misma revista otro artículo donde daba cuenta de la notable mejoría registrada en la primera década de nuestro siglo, que se saldó con la puesta en práctica de numerosos proyectos conjuntos. La Primavera Árabe y la brutal represión de las manifestaciones prodemocráticas por parte del régimen sirio cambió radicalmente la situación.

El 15 de marzo de 2011 tuvieron lugar las primeras manifestaciones prodemocráticas en Siria. Los dirigentes turcos reaccionaron con rapidez aconsejando al presidente Bashar el Asad que apostara por el diálogo y democratizase el país. Estas demandas cayeron en saco roto. No sólo eso: Damasco inició una escalada dialéctica en el curso de la cual acusó a Ankara de tratar de recuperar la influencia sobre sus antiguos dominios mediante una política exterior neo-otomana.

La posibilidad de que la crisis siria degenerase en una guerra civil abierta inquietaba a Ankara. En una entrevista con el diario Al-Sharq el 13 de septiembre de 2011, el primer ministro Erdogan manifestó abiertamente sus temores: “Para Turquía, Siria no es un país más, sino que es un vecino con el que compartimos 910 kilómetros de fronteras y con el que tenemos intereses compartidos que no pueden ignorarse… Sabemos muy bien que la estabilidad allí es una parte de nuestra seguridad nacional y tememos que la situación conduzca al estallido de una guerra civil entre alauíes y suníes” [...].
El 1 de abril de 2012 Estambul acogió la segunda reunión del Grupo de Amigos de Siria, que pretendía movilizar a los países partidarios de la revuelta y sortear la parálisis del Consejo de Seguridad. Erdogan demandó “poner fin al baño de sangre”, reivindicó “el derecho de la población a defenderse” y recordó a la comunidad internacional su “obligación moral de actuar”. La Cumbre de Estambul pidió a la oposición siria que redoblara sus esfuerzos para unificarse.

Esta activa implicación del gobierno turco evidenciaba que todos los puentes entre Ankara y Damasco habían quedado rotos. El incidente más grave entre ambos países llegó poco después, cuando un avión de combate turco que se había adentrado en territorio sirio fue derribado por un misil el 22 de junio [...]. Desde entonces, los intercambios de fuego no han dejado de repetirse en la zona fronteriza. El 3 de octubre un disparo de mortero provocó la muerte de cinco civiles turcos en la aldea fronteriza de Akçakale.

En los últimos veintidós meses, el flujo de refugiados sirios no ha dejado de crecer. Estos refugiados, a los que Turquía considera ‘invitados’, ya superan las 135.000 personas y son atendidos por la Media Luna Turca y la Agencia Estatal AFAD. La mayor parte de ellos se encuentra en los campamentos de Hatay, Gaziantep, Kilis y Urfa. Las crecientes tensiones entre los refugiados y las poblaciones locales, especialmente en el caso de Hatay, han llevado al gobierno turco a evaluar el establecimiento de una zona colchón en el interior de Siria que no pueda ser sobrevolada por la aviación siria. De hecho, el gobierno turco ha advertido en varias ocasiones que su capacidad de absorción habría tocado fondo, poniendo trabas a la entrada de nuevos refugiados [...].

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