viernes, 25 de enero de 2013

Tahrir: dos años después

Hoy se celebra el segundo aniversario de las movilizaciones que pusieron fin a las tres décadas de presidencia de Hosni Mubarak en Egipto. Las principales fuerzas opositoras han convocado una gran manifestación en la plaza de Tahrir, que se prevé que sea multitudinaria. Nuevamente, el lema más repetido será "paz, libertad y justicia social".

En estos dos años, los avances registrados en los ámbitos económico, político y social han sido extraordinariamente limitados, por lo que la decepción es el sentimiento predominante entre la población egipcia. Las tasas de pobreza siguen siendo elevadas, con un 45% de la población viviendo bajo el umbral de la pobreza. Desde enero de 2011, la economía ha registrado un fuerte retroceso como consecuencia de la falta de inversiones extranjeras y del colapso del turismo. El déficit fiscal de 2012 superó el 8% del PIB. Con las divisas prácticamente agotadas, Egipto depende más que nunca de los préstamos externos.

Por ahora, Qatar ha sido el país más generoso con un préstamo de 5.000 millones de dólares, mientras que el FMI ha prometido otros 4.800 pero a cambio de reformas estructurales (entre ellas, la retirada de subvenciones a los productos de primera necesidad, algo que podría incendiar de nuevo las calles). Además se ha planteado un ambicioso programa, el Proyecto Renacimiento, que pretende captar 200.000 millones de dólares en inversiones y alcanzar, en un plazo de cinco años, un crecimiento del 7% anual, suficiente para garantizar trabajo a buena parte de las 700.000 personas que cada año intentan incorporarse al mercado laboral.
Es cierto que el fin de la dictadura ha permitido una apertura política, pero los Hermanos Musulmanes han sido los principales beneficiados puesto que controlan la Asamblea Popular y también la Presidencia, concentrando amplios poderes. Esta circunstancia explica el creciente malestar de los sectores liberales y revolucionarios, que consideran que se ha reforzado el presidencialismo y que el Partido de la Justicia y la Libertad disfruta de una situación cuasi monopolística en la escena política, muy parecida a la que en su día tuvo el oficialista Partido Nacional Democrático.

Para combatir esta situación, la oposición ha decidido formar un Frente de Salvación Nacional que pretende intentar contrarrestar esta situación. Las próximas elecciones legislativas, que tendrán lugar en la próxima primavera, demostrarán si tienen la capacidad de atraer a los descontentos con la gestión de los HHMM y son capaces de convertirse en alternativa de gobierno. Lo que está claro, es que la erosión del presidente Mursi como resultado de su labor de gobierno es notable y que le pasará factura en el caso de que no dé un giro de 180º grados a su gestión.

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