lunes, 7 de enero de 2013

Pax americana en Palestina

Barack H. Obama pronto asumirá su segundo mandato presidencial. Como viene siendo habitual, proliferan los pronósticos sobre lo que nos deparará la segunda Administración Obama, si habrá cambios de calado en la política exterior y, en particular, en lo que se refiere a Palestina. El último día del 2012, el europarlamentario socialista Emilio Menéndez del Valle publicaba en el diario El País el artículo: "Pax americana en Palestina", en el que venía a advertir, una vez más, que el tiempo se acaba y que la solución de los dos Estados podría estar a punto de desvanecerse de manera definitiva por el ímpetu colonizador del gobierno nacionalista israelí. A continuación reproduzco algunos de sus extractos:

"En 2010, en un ejercicio de cinismo y con ocasión del enésimo intento (nueva farsa) de “relanzar el proceso de paz”, Netanyahu dijo a Obama en la Casa Blanca que le “sería muy difícil detener la construcción de asentamientos”. Historia repetida hasta nuestros días. En concreto, el pasado 6 de diciembre, Netanyahu recordó a Angela Merkel en Berlín que la construcción de 3.000 nuevas viviendas en territorio palestino “forma parte de una política consistente” que Israel continuará bajo cualquier versión de un eventual acuerdo de paz. Pero ya el propio Sharon se encargó en su día de garantizar que tal eventual acuerdo de paz no tendrá lugar. Lo hizo a través de su consejero especial para las relaciones con Estados Unidos, Dov Weisglass, quien en 2004 dejó atónitos a propios y extraños al declarar al diario Haaretz: “El significado de lo que hemos acordado con los americanos es la congelación del proceso político. Con ello se impide el establecimiento de un Estado palestino, que ha sido eliminado de nuestra agenda indefinidamente. Los palestinos tendrán su Estado cuando se conviertan en finlandeses”.
¿Qué hacer para que los palestinos logren su Estado, pasando por alto el cruel, despiadado, sarcasmo de Weisglass? Un Estado, recuérdese, que no es el reivindicado por Meshal al llegar a Gaza, sino el aceptado por la representación palestina en Oslo en 1993, esto es, tan solo el 20% del territorio de la Palestina histórica (¿acaso no es ello suficiente concesión, sacrificio y renuncia?). Lamentablemente, no lo lograrán gracias a la Unión Europea, desunida en este como en otros temas, a pesar de las buenas intenciones de la Declaración de Venecia de 1980. La UE ha votado dispersa en la ONU y toda su reacción ante la nueva agresión colonizadora israelí ha consistido en que cinco o seis Gobiernos han llamado a los embajadores judíos para expresar su “disgusto”. En alguna capital ese “malestar” ha sido transmitido por un mero subdirector general. Eso sí, el ministro británico de Exteriores ha declarado que la expansión de viviendas “socavará la reputación internacional de Israel”. ¿Cómo es posible que todavía se sostenga que Israel tiene reputación internacional?

Naturalmente, tan enérgicas acciones de protesta de la UE han sido acogidas con la habitual displicencia por el Estado judío, cuyo Ministerio de Exteriores se ha limitado a manifestar que “desde luego, las reacciones europeas eran previsibles”.

La única esperanza —si se desea evitar que el “virus Jaled Meshal” contagie a la totalidad de los palestinos, a Israel, a la región y a la propia Europa— es que Obama imponga un genuino e inmediato proceso de paz que transforme el ya casi inexistente Estado virtual palestino en un Estado viable independiente. Habrá que emprender unas rápidas negociaciones, no como las que propugnaba Hillary Clinton en 2010, quien mantenía que debían ser “sin condiciones previas”. Deben ser con condiciones previas, todas ellas ya aceptadas por la Autoridad Nacional Palestina (Abbas), pero no por Israel, quien debe detener de inmediato toda expansión colonial y aceptar la revisión de algunas decisiones en este campo. Personalmente habría preferido una pax europea, pero a falta de la misma, aún con tristeza, bienvenida sea la pax americana".

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